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Departamento
de Construcción Arquitectónica | Escuela de Arquitectura |
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Aunque hacia finales del siglo IV y durante el siglo V debieron construirse las primeras iglesias cristianas en la Tarraconense, éstas debieron ser pequeñas, poco significativas y levantadas fuera de las áreas urbanas; de forma que la no numerosa comunidad cristiana debió permanecer en pequeños focos diseminados al amparo de la sociedad hispanorromana y resolviendo sus problemas de congregación en villas tardorromanas, cedidas o abandonadas. Así debió ocurrir con Santa Eulalia de Bóveda, en Lugo. De origen pagano, se compone de un amplio atrium abovedado, que debió servir de pequeña basílica con impluvium o piscina bautismal y cámara sepulcral. Esta, de menor anchura que el atrio, se localiza detrás del santuario o altar. Aún cuando pueda aparecer como basílica de tres naves por la presencia de dos filas de columnas, debe tenerse como basílica de una sola nave, pues, las columnas constituidas por tambores, debieron ser introducidas en los bordes del impluvium con el fin de apear la gran bóveda, cuyos restos originales hasta sus riñones aún podemos contemplar. Los restos de esta bóveda están decorados con pinturas de clara traza romana, probablemente originales, con cuarteles o rombos, con diminutos pajarillos y flores en su interior. En los últimos años, estas pinturas parecen estar acusando un considerable deterioro.
Los muros se constituyen por una sillería ordenada, de sillares
perfectamente labrados y trabajados a la forma romana, lo cual hace
difícil admitir que este monumento sea de origen suevo o posterior. Los
relieves de danzantes, labrados en la fachada, podrían ser posteriores. 1.- TIPOS DE PLANTAS QUE ADOPTO LA IGLESIA VISIGODA. No puede hablarse de una evolución de la planta de la iglesia visigoda, sino de unos tipos adoptados, vinculados, con reservas, a un área geográfica y desde luego ajenos al tiempo. Así podríamos hablar de "pequeñas basílicas de una sola nave con crucero", al referirnos a las tempranas iglesias de finales del siglo IV o principio del siglo V, de la Tarraconense, como ocurre con la iglesia de Sant Pere (San Pedro), en Terrassa (Egara romana), actual Tarrasa en la provincia de Barcelona. Esta iglesia conserva de su construcción original, su transepto y el ábside trilobulado. De esta misma época se tiene a la iglesia de Miralba, en León y a la Capilla de La Alberca, en Murcia; ambas "de una sola nave, pero sin transepto"; con ábside de herradura la primera y semicircular la segunda. El arco de herradura es una forma oriental introducida desde muy temprano en las iglesias hispanorromanas y visigodas, no sólo en el arco triunfal, sino también en la planta del ábside, donde fue frecuente encontrarlo encajado dentro de un cuadrado. Entre las iglesias que conocemos como "basílica de tres naves con transepto", hemos de destacar la iglesia de Santa María de Tarrasa, cuyo ábside original, de herradura inmerso en el cuadrado, así como parte de los muros del transepto, definen la planta de cruz de la actual Santa María, la pequeña iglesia románica que fue levantada más tarde en la cabecera de la basílica visigoda. También de este tipo de basílica de tres naves con transepto y ábside de herradura hemos de reseñar la que fuera la Catedral de Segóbriga, sede episcopal, también conocida como iglesia de Cabeza del Griego, que tomó este nombre por emplazarse en un predio así llamado, no lejos de la actual Sselice, en la provincia de Cuenca. Se trata de una gran basílica, probablemente de la primera mitad del siglo V y cuyos restos permanecen enterrados, después de que fueran excavados durante el siglo XVIII y vueltos a cubrir después de que se levantaran los planos que hoy nos sirven para describirla. Dispone de una nave central de casi 11,50 m. de anchura que se separaba de sus naves laterales por diez pares de columnas.
Estas naves laterales disponen de un ancho de casi 7,00 metros,
distanciándose las columnas unos 4,20 m. entre sí. Un largo transepto
definido por gruesos muros, y conformando cámaras sepulcrales, se antepone
al pequeño ábside de herradura que sobresale, con esta misma forma, por el
exterior de la cabecera de la iglesia. Esta basílica debió servir de
cementerio o martyria, en el sentido más propio de las primitivas
grandes basílicas paleocristianas.
Otra basílica de proporciones más acorde a la construcción visigoda es la introducida en el Anfiteatro de Tarragona. Esta, es posible que dispusiera de una sola nave, dada la corta distancia entre sus muros laterales. Estos muros romanos, adornados de columnas clásicas embebidas en él, apenas se separan 6,00 metros. Es posible que la única obra visigoda sea la introducción del ábside, en arco de herradura. La iglesia de Vega del Mar cuyos restos, lamentablemente descuidados, se emplazan en el centro de un pequeño bosque de eucaliptos, junto a la playa, en la parte Sureste de San Pedro de Alcántara, en la provincia de Málaga, se tiene como "iglesia visigoda de doble simetría" o de doble ábside, y por ello, calificada de las de origen africano. Se trata de una basílica paleocristiana de tres naves, que ha sido datada, a partir de lápidas encontradas en sus abundantes enterramientos, como de principio del siglo VI, aunque es posible que se construyera bastante tiempo antes. Aparte de la lógica relación existente entre la sociedad norteafricana bizantina de Cartago y el Sur de Hispania, poco puede tener de africana y probablemente menos de visigoda. Aunque mantenga la doble simetría que se dice de las iglesias africanas, no puede argumentarse que iglesias de este tipo se hayan encontrado en aquellas tierras, donde el doble ábside, en todo caso, sería de forma cuadrada. Los ábsides circulares, ligeramente prolongados, son formas claramente bizantinas. Hoy puede aceptarse que el doble ábside es de herencia hispanorromana y que se mantuvo hasta la etapa mozárabe como puede verse en Santiago de Peñalba, en León y en San Cebrián de Mazote, en Valladolid. Aunque en estas últimas iglesias mozárabes, la clara presencia del transepto no da pie a la flexibilidad que imponían los cambios de liturgia.
El sentido del doble ábside o de la doble simetría en la iglesia cristiana
responde a los diferentes cambios litúrgicos que, en este tiempo, proponía
la Iglesia para la posición de la pila bautismal, en relación con el
altar. Por ello, cuando la liturgia ordenaba que la pila bautismal debía
estar en la parte opuesta al Santuario, un ábside alojaba al altar y, en
el caso contrario, el otro era lugar de privilegio para enterramiento de
mártires, obispos, peregrinos y nobles. En el Norte de Africa los
bizantinos cambiaron el lugar del santuario de Oeste al Este, copiándolo
de Hispania. Pero volviendo a la malagueña y, para nosotros, bizantina iglesia de Vega del Mar, la falta de espesor de los muros no deja duda acerca de que esta construcción debió cubrirse con armazones de madera y de que nunca fue pensada para cubrirse, en ningunos de sus locales ni naves adyacentes, con bóveda. La construcción abovedada, y por tanto de gruesos muros pétreos, es una de las constantes más propia de la construcción visigoda. Sólo la cimentación y el arranque de sus muros se conservan. Estos últimos se conforman por medio de una fuerte argamasa, constituida por gruesos bolos o grandes cantos rodados aglomerados por un mortero de cal, casi un hormigón de tipo romano. Para definir y estabilizar las esquinas y huecos de la construcción, se refuerzan estos puntos con ladrillos, un material casi nunca usado por la construcción visigoda. Junto al ábside sur se emplazaba una pila bautismal marmórea de grandes dimensiones, con escalera, ya que el bautismo era aún por inmersión del neófito. La pila, que aún se conserva en muy buen estado, es de clara traza bizantina o romana. Más de doscientas tumbas de ladrillo están reseñadas en esta necrópolis, que invaden el interior y el exterior de esta primitiva basílica, que puede tenerse como la primera iglesia de doble ábside, construida en la Península Ibérica. Más tarde, debió construirse también de tres naves y doble simetría la basílica de Torre de Palma, en la Lusitania sueva. La cruz latina, como forma de la planta de iglesia visigoda, la encontramos ya en el último cuarto del siglo VI, en Recóplis, la ciudad construida por Leovigildo hacia el año 578 en honor de su hijo Recaredo, cerca de Zorita de los Canes, en la actual provincia de Guadalajara. Con la llegada del siglo VII, momento en el que es más propio hablar de "Construcción Visigoda" la planta de la iglesia tomó una forma más controlada y abrigada, capaz de proporcionar una volumetría más propia, limpia y definida. Se adelantó el crucero haciéndose el espacio más centralizado, generando una "iglesia de planta de cruz latina envuelta por un rectángulo" donde la cruz resolvía las exigencias litúrgicas y los espacios externos a ella y cerrados por el rectángulo definían naves laterales, ábsides menores y locales auxiliares o de habitación. De este modo, el volumen religioso o de la cruz se elevaba hasta iluminarse por encima de las cubiertas de las naves o espacios laterales. De esta forma podemos ver resuelta la planta de la iglesia de Santa Comba de Bande, en Orense y la iglesia de San Pedro de la Nave, en Zamora, entre otras de las que estudiaremos seguidamente y que, por ello, no entramos aquí en mayor descripción. Aún encontramos otras plantas que no pueden ser tomadas como producto de los arquetipos que hasta aquí hemos enumerado. Así sucede con la planta de espacio centralizado de la "iglesia de San Miguel de Tarrasa" o con la planta de cruz griega de la "iglesia de San Fructuoso de Montelio" levantada al final del siglo VII, en Braga (Portugal). El ábside cuadrado e incluso la cabecera compuesta por distintos ábsides, como ocurre con la planta de la iglesia de San Juan Bautista en los Baños del Cerrato, tampoco fueron ajenos a este período histórico. Pero esta última iglesia, por ser pieza clave y relevante para el estudio de esta etapa, la trataremos con mayor detalle a continuación. 2.- LA IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS DE CERRATO.
Esta pequeña iglesia en la que la longitud mayor de su planta no supera los 20 metros y de la que la arqueología parece no haberle encontrado ningún precedente al alejarse de la doble simetría propia de las iglesias africanas de ábsides rectangulares, desarrolladas en el sur de la Península Ibérica, ha soportado muchas excavaciones y sufrido bastantes restauraciones.
Construida con piedra caliza blanca-grisácea de marcada porosidad,
probablemente, "piedra de Aguilar", de alguna cantera caliza
próxima a Aguilar de Campoo en la misma provincia, su planta primitiva se
tiene como de planta basilical de tres naves separadas por columnas,
dotada de cabecera de tres ábsides rectangulares independientes. Estos,
quedaban separados entre sí por espacios exteriores vacíos, dotándose la
iglesia de un dudoso transepto definido por la longitud requerida para
abarcar los citados ábsides. Mantiene de origen el cuerpo de acceso,
saliente respecto al espacio de las naves, así como los muros que
descargan sobre la arquería que define a la nave central, y el ábside
principal. El referido cuerpo de entrada es de proporciones similares a
las del ábside. Por último, es posible que, la planta de esta iglesia,
dispusiera de pórticos laterales.
En razón a la forma de su cabecera, de ábsides separados, y de su
transepto, esta planta pareció siempre extraña y única, hasta que en 1981
se descubrió la iglesia de Santa Lucía de Alcuéscar
Hasta la etapa gótica no se acabó de definir la planta de la actual
iglesia. Para entonces, se cerraron los espacios que, a modo de capillas,
vemos ahora a uno y otro lado del ábside central resueltas con bóvedas de
aristas, de forma que resultó una cabecera tripartita recta. En este punto
es donde la planta mantiene su mayor amplitud.
La planta actual no puede definirse como de una iglesia con transepto,
aunque exteriormente parezca manifestarse con una nave transversal delante
de la cabecera, señalada por la presencia de los contrafuertes exteriores
localizados en este punto y porque los muros laterales se quiebran en este
mismo lugar. Por otro lado, la corta e idéntica luz de los arcos de la
arquería, incluso los que entestan en la boca del ábside, permiten generar
dudas acerca de que el transepto, como tal, estuviera presente en la forma
primera. La cubierta que aunque muy restaurada se tiene como
ligeramente fiel a la primitiva, se resuelve
como artesa de la nave central, descar
Las columnas marmóreas son reutilizadas y proceden de otros edificios
romanos. Igualmente puede decirse de la mayor parte de los capiteles
corintios, en los que el corto desarrollo de sus acantos, manifiesta la
labra propia de un trabajo tardorromano, aunque también pueden verse
capiteles de clara labra visigoda.Los arcos de herradura de las arquerías
que separan las naves, presentan una labra y ejecución magnífica y, se
dice que responden a una forma de construcción propia de los arcos de
medio punto, por disponer los salmeres o dovelas de arranque, comunes; es
decir, de una sola pieza para dos arcos contiguos. En todo el arco las
dovelas presentan total simetría, y un perfecto trazado y ajuste. De esta
forma, en la clave de estos arcos de herradura, encontramos la práctica
visigoda de disponer "clave de dos dovelas", estand Si bien la fábrica de los muros, en el exterior, es muy irregular, dotada de grandes sillares en las esquinas y en la parte baja de los mismos y con áreas de mampostería ordinaria de pequeños mampuestos cargados de gran cantidad de argamasa, aunque en el interior, la sillería es enormemente regular. Los bloques pétreos, de una dimensión media de paramento de 64x30 cm2., están perfectamente aristados y ajustados, y podría tenerse como una sillería a hueso. En el encuentro de los muros que cerraron las capillas góticas con los muros de la construcción visigoda, puede verse cómo se mantiene una junta vertical continua, sin ninguna ligazón ni traba entre una y otra obra. Sobre el arco de entrada, se alza ahora una espadaña de perfecta sillería isodoma, introducida en el edificio en la restauración de la segunda mitad del siglo pasado. El único hueco que dispone la espadaña se resuelve con un arco de herradura bastante cerrado o sobrepasado, que se alza sobre una fuerte imposta.
La cubierta de doble vertiente, de faldones de tejas curvas y moderada
pendiente, fue la forma habitual de la cubrición de los edificios de este
período histórico. En el caso de San Juan de Baños de Cerrato, la
actual organización de los faldones de la cabecera y nave central es un
tanto extraño. Para lograr la forma actual debió demolerse el piñón
triangular del muro de la boca del ábside, que se refleja en el grabado
antiguo al que hemos hecho referencia anteriormente y recrecerse los de
los fondos de los ábsides. En toda pl Al margen de la belleza de la fábrica y del suave colorido que la tenue luz impone en ella, así como de la sobriedad del arco del ábside principal, que quizás sean los elementos más armoniosos del interior de la construcción, pocos elementos contribuyen a la decoración de la iglesia. De los bellos canceles y otros elementos pétreos decorativos que al parecer tuvo la iglesia, según se deduce de los restos arqueológicos hallados en ella, sólo discretas cenefas permanecen sobre su estructura muraria. Rodeando las dovelas del arco de entrada a la iglesia, una moldura de ruedas florales, flores de cuatro pétalos a modo de aspas, marca el intradós del arco conformando una suave arquivolta. Toda la coronación del muro de la nave central se ve recorrida por un delicado cordón de roleos vegetales, labrados sobre sillares propios y de la altura adecuada. Las impostas de arranque de los arcos se engalanan con roleos florales, de igual trazado y categoría a la descrita para la arquivolta del arco de entrada. Particular interés muestra la imposta localizada en la cabeza de las pilastras del arco del ábside central, por su belleza y profundidad de labra. 3.- SAN PEDRO DE LA NAVE EN ZAMORA.
Quedó emplazada a la orilla de un remanso del Río Esla, a unos 20 Km. de Zamora. El año 1932, con motivo de la construcción del embalse que hoy ocupa dicho lugar, se trasladó la construcción a una pequeña meseta en Campillo de Arenas, en la misma provincia. Las obras de dicho traslado fueron encargadas al arquitecto Alejandro Ferrant, que realizó un trabajo minucioso y modélico. Del esmerado traslado, la iglesia quedó limpia de las pobres construcciones domésticas que se habían pegado a ella y de la espadaña moderna que se le había incorporado como campanario. Asimismo nos quedó una buena documentación gráfica y otros datos nada conocidos hasta entonces, tales como que los visigodos habían utilizado, en ocasiones, llaves internas de madera para enjargar o unir dovelas y otras piedras de la fábrica, entre sí.
La planta de San Pedro de la Nave quedó perfectamente definida por
Lampérez en las páginas 186 y siguientes del tomo I de su "Historia de
la Arquitectura Cristiana en la España Medieval". Nosotros no la
transcribimos aquí por no alargarnos excesivamente en ello. Junto con
Santa Comba de Bande, su planta responde a la tipología que hemos definido
como de espacio central cruciforme, inscrito en un rectángulo. Sobre un
rectángulo que exteriormente dispone de unas dimensiones, muy próximas a
los 17,00x11,00 m2., se superpone la planta de cruz, de manera
que la nave transversal, que se orienta en la dirección Norte-Sur, divide
al rectángulo en dos zonas claramente diferenciadas. La parte occidental
se ordena con forma basilical de tres naves, en tanto que en la parte
oriental, bastante más compartimentada, se instalan, fuera de los brazos
de la cruz, celdas para los monjes residentes. Esta parte delantera de la
iglesia resolvió todos sus espacios mediante bóvedas de cañón corrido,
ligeramente peraltado sobre sus arranques. Los brazos de la cruz que conforman el transepto traspasan al rectángulo, adelantando sendos vestíbulos en sus extremos, ya que en cada uno de ellos se sitúan entradas a la iglesia. Igual ocurre con el brazo de la cruz que resuelve la cabecera del templo, en cuya prolongación se sitúa el santuario o capilla mayor, que se manifiesta limpiamente al exterior. La nave central, que dispone de 3,40 m. de ancho, se separa de las laterales por una arquería de tres vanos, resuelta por arcos de herradura sobre pilares cuadrados. El crucero, como resultado de la intersección de la nave central con la transversal que dispone de 3,20m. de ancho, presenta, en planta, una superficie de 3,40x3,20 m2., aunque a la altura del cimborrio, genera un espacio de planta cuadrada. Para ello, los arcos laterales de herradura o paralelos al eje principal de la iglesia, se adelantan sensiblemente respecto a los muros de su nave central, aprovechándose de los fuertes cimacios, o impostas, colocados sobre las columnas del crucero. Mucho se ha hablado y escrito desde que Vicente Lampérez describió esta diferencia de 20 cm. entre los lados del rectángulo, achacándolo a un error de replanteo, llegando a decirse, por otros historiadores, que ésta fue la causa de que la construcción se parase y se buscaran nuevos constructores que la continuasen. Esta y otras conjeturas se han hecho en relación con ese hipotético error de replanteo que nosotros no compartimos, o no concedemos tanta importancia, ya que no encontramos nada justificada la tinta gastada en la polémica, ni siquiera admitiendo que el crucero se cubriera con bóvedas de aristas. Admitiendo que lo fuere, un error dimensional de esa magnitud se puede encontrar en cualquier obra, y durante su ejecución, se asume y corrige, como aquí, sin mayores tribulaciones. La iglesia de los Santos Sergio y Baco de Constantinopla, que puede tenerse como la construcción peor replanteada de la Historia, resuelve su deambulatorio, lugar donde se acumulan todos los errores, mediante bóvedas de aristas, sin mayor respeto al cuadrado.
Por otro lado, que la anchura de la nave central sea mayor que la de la
nave transversal ha sido siempre, no sólo frecuente, sino lógico, y
siempre se ha articulado alguna solución constructiva para pasar al
cuadrado o al círculo de arranque de la bóveda o cúpula. En San Pedro
de la Nave, para cuadrar el espacio del cimborrio, si se quería
perfectamente cuadrado, hubiese bastado con mantener los arcos laterales
en el plano del muro y volar, por encima de la coronación de los arcos,
una cornisa, y sobre ella, adelantar el muro del cimborrio. Esta solución
se ha usado en múltiples ocasiones.
También, en relación con este mismo problema, se ha dicho que las cuatro
columnas del crucero y sus correspondientes cimacios decorativos, fueron
introducidos como consecuencia del citado error de replanteo. Con toda
seguridad, son estas cuatro columnas, con sus preciados capiteles de traza
bizantina y labra visigoda, y los cimacios que sobre ellas se colocan,
como impostas decorativas de los cuatro grandes arcos de herradura, los
elementos que han dado a la iglesia su reconocimiento y mayor belleza. Por
ello, entendemos que si el proyectista, o constructor, entendió el
rectángulo como problema, la solución que encontró para la transición de
la forma rectangular de la planta del crucero, al cuadrado del cimborrio,
fue genial y no cabe, en lo sucesivo, hablar de error. Al menos nosotros
no lo haremos, y la entenderemos como una de las soluciones que, tomadas
en la obra, completan al proyecto. Los muros se conforman por medio de una sillería bien escuadrada y aristada, colocada a hueso. Como hemos dicho, hiladas completas de sogas sobre hiladas completas de tizones, aunque frecuentemente encontramos un tizón entre las sogas, en razón de la corta dimensión del muro, por el compromiso de estabilidad en la esquina y por el lógico aprovechamiento de la piedra. El encaje de los sillares es tan perfecto que Lampérez llega a calificar a la sillería como "de obra romana". Toda la construcción parece responder a un módulo de 80 cm., coincidentecon el espesor de losmuros y con la longitud mayor del sillar. Como una constante de la arquitectura visigoda, encontramos, en esta construcción, la falta de traba o adarajas entre los muros perpendiculares y el muro perimetral en el cual entestan. Las columnas son monolíticas, de mármol y hechas para esta construcción. Se puede decir que en San Pedro de la Nave se encuentran los más bellos capiteles de la construcción visigoda. De traza bizantina, troncopiramidal invertido, aire oriental y labra visigoda, muestran figuras bien recortadas sobre un profundo plano neutro. Estos capiteles, reflejan motivos bíblicos, como el sacrificio de Isaac o Daniel en el foso de los leones. No menos potentes y ricamente labrados con roleos vegetales, son los cimacios de estos capiteles, que conformados por una gruesa losa cuadrada, se prolongan, adentrándose fuertemente en los muros, sirviendo, además, de impostas del arco triunfal y del crucero.
En general, los arcos son de herraduras, de claro trazado visigodo, con
salmeres compartidos y muestran una junta en clave. Es decir, sin dovela
de clave, o de doble clave, como ya los hemos descrito al estudiar la
iglesia de San Juan de Baños. En la mitad oriental, todos los compartimentos incluyendo el transepto, están abovedados por medio de cañones circulares peraltados. El crucero debió estar cubierto con bóveda de aristas. Como ocurre con algunos de los arcos de la nave central, buena parte de las bóvedas se completan, a partir de los riñones, con obra de ladrillo. Lampérez, en la descripción del monumento, que es anterior al traslado llevado a cabo por arquitecto el Ferrant, afirma que sólo la obra pétrea es visigoda, ya que fue este el único material que empleó esta construcción, y que todas las partes de ladrillo que, para entonces, completaban a los arcos y a las bóvedas, eran debido a restauraciones posteriores. Obviamente, nosotros así lo entendemos. También son de ladrillo, las obras que, con dicho material cerámico y buen criterio, introdujo y marcó claramente la restauración de Ferrant, y que como obra nueva realizó entre otros elementos, el cimborrio, toda la cubierta y la apertura de la puerta de entrada por la nave principal, la cual había estado cegada durante mucho tiempo.
La cubierta que como hemos comentado es nueva, debe mantener un total
acercamiento respecto a
la de la construcción inicial, y
La decoración de San Pedro de la Nave se reduce a la labra decorativa de los capiteles y de los potentes cimacios. También siguiendo las descripciones de Vicente Lampérez, en su obra ya citada, los trabajos de la talla de la piedra se han clasificado en dos grupos, o categorías. La primera, que el indudable maestro califica de "degenerada" o de la escuela bárbara, corresponde al trabajo más tosco, dentro del cual sitúa al capitel de Daniel en el foso de los leones. En la segunda, que dice de influencia claramente bizantina, cargada de motivos orientales y de talla más fina, encajarían los roleos de aves y el capitel del sacrificio de Isaac. Nosotros que no nos sentimos capaces de establecer diferencias tan claras, sólo queremos comentar que es posible que el trabajo se desarrollara por dos o más cuadrillas distintas, dado que fue normal, en este período, la existencia de cuadrillas especializadas itinerantes, no sólo en el trabajo de la talla, sino en muchas otras labores artísticas.
4.- SANTA COMBA DE BANDE, EN ORENSE Esta pequeña iglesia gallega, de clara construcción visigoda, levantada probablemente hacia mitad del siglo VII en honor de Santa Columba, presentaba en su planta original un trazado muy similar al de la planta de San Pedro de la Nave. Es decir, planta cruciforme inscrita en un rectángulo, en cuyos espacios externos a los brazos de la cruz, se disponían las celdas que debieron ocupar monjes ermitaños. La única diferencia, de la planta inicial, respecto a San Pedro de la Nave es que, en este caso, no dispone de planta basilical de tres naves.
La desaparición de las alcobas que rodearon a la cruz, dejó a la iglesia
con un aspecto menos monumental, probablemente más delicado y rural. Sus
muros se levantaron con grandes sillares de granito en una sillería bien
labrada y aparejada. Acorde con la práctica de la construcción visigoda,
los muros perpendiculares a los perimetrales se entestan sin trabas o con
ausencia total de enlace o sillares de enjarjes. Se trata de una construcción abovedada, con cañones de medio punto en el ábside y en los brazos de la cruz. En estos últimos, las bóvedas son ahora de ladrillo, probablemente producto de algunas de las reconstrucciones posteriores. Dispone de arco triunfal de herradura, de dovelas muy irregulares, descargando en pares de columnas, a la entrada del santuario. Estas columnas pareadas, marmóreas y monolíticas se adornan con capiteles corintios de toscos acantos, muy cortos o poco desarrollados. Sobre ellos se colocan los cimacios o impostas del arco del ábside, común a los pares de columnas y decorados en espiga o en zig-zag. El crucero se resuelve mediante bóveda de aristas sobre arcos circulares, de dovelas regulares. Hoy esta bóveda está construida en ladrillo, como las bóvedas de cañón de los brazos de la cruz. La iglesia ha tenido varias reconstrucciones y como consecuencia de ellas, su volumetría es muy distinta a la que debió presentar inicialmente, mostrando ahora un aspecto bastante rural y asimétrico. La decoración es muy escasa, pues aparte de los capiteles y de los cimacios ya descritos anteriormente, sólo una decoración de soga o de cordón trenzado recorre al crucero. La espadaña que se alza sobre el muro de fondo del pórtico de entrada, debe ser también un elemento extraño a la construcción primitiva.
5.- LA DECORACIÓN DE SANTA MARÍA DE QUINTANILLA DE LAS VIÑAS (BURGOS).
De esta importante basílica que pretendía aglutinar la gran población que se afincaba en el valle de la Peña de Lara, sólo queda parte de la cabecera. Es decir, la capilla mayor y parte de la nave transversal, y es, más que probable que, la iglesia no llegara a terminarse e incluso que buena parte de los muros del cuerpo basilical no alcanzaran su coronación.
La planta responde a una cruz latina con una nave transversal que se
prolongaba con dos capillas rectangulares en ambos extremos. El cuerpo
principal de la basílica de la que sólo queda su cimentación, parece
querer retomar la propuesta paleocristiana, en la que la nave central
tomaba un ancho doble del que tomaban las naves laterales. El trazado de
esta parte del templo puede apreciarse aún sobre el terreno, donde todavía
se mantiene el arranque de los muros. En la parte oriental del transepto
sobresale la capilla mayor, a modo de ábside cuadrado. Los gruesos muros de la capilla mayor y del transepto responden a una sillería muy ordenada y decorada. Esta fábrica de grandes sillares totalmente escuadrados y asentados a hueso, mantiene perfectamente sus hiladas y, su aparejo, alterna hiladas completas de sogas con hiladas de tizones de testas perfectamente cuadrada. La altura de las hiladas se mantiene muy regular y próxima a los 50 cm.. Entre estas hiladas de sogas y de tizones, se interponen hiladas decoradas con roleos de tallos, de forma que, sobre el frente exterior del ábside, se manifiestan, a distintas alturas, como tres frisos planos que rompen la sobria monotonía de la potente cantería. La iluminación de este cuerpo de cabecera de la iglesia se resuelve mediante un conjunto de altas ventanillas abocinadas por el interior, que se asoman al exterior como finísimas saeteras, mostrándose como graciosas y larguísimas rendijas verticales de la sillería.
En la cara occidental de la construcción actual puede verse como
entestando, sin ningún sillar de traba, se cerró el espacio del transepto
que comunicaba a éste con la nave central de la basílica, probablemente
con los mismos sillares que componían la fábrica de los muros inacabados
de las naves. La cubierta que dispone hoy la parte construida, supone un trazado un tanto extraño y no responde, en nada, a una forma ortodoxa en relación con la planta en "T" de la construcción. Lo artificioso de la construcción de esta cubierta, sin hoyas y pares leñosos, se hace más visible desde el interior del transepto. De un pabellón a cuatro agua, con cumbrera transversal al transepto, se descuelgan o prolongan los medios faldones delanteros para cubrir los cortos brazos de la nave transversal, de forma que los muros tuvieron que recortarse, en su coronación, en pendiente, lo cual genera una cierta desorganización de la fábrica en la parte alta de los muros. Otro tanto ocurre como consecuencia de esta forma de los faldones de las alas del transepto en el alero, resuelto con cortos canes en esviaje.
En la decoración interior, los meandros vegetales de la potente arquivolta que acabamos de describir, parecen contagiarse de la suavidad de las curvas de los ángeles que sostienen el medallón de Cristo, en los fuertes cimacios del arco triunfal. Estos cimacios descansan directamente sobre las monolíticas columnas, sin que medie capitel alguno. De igual categoría, han de considerarse las metopas labradas en bajo relieve que reflejan las figuras de los apóstoles que encontramos, en exposición, en el interior del monumento y que constituyen dos joyas de la iconografía figurativa del arte visigodo español.
6.- LA MARTYRIA DE SAN FRUCTUOSO DE MONTELIOS EN BRAGA (PORTUGAL). En Portugal, entre otras muchas iglesias de este período, son dignas de destacar San Giao de Nazaré, cerca de la actual Caldas de Rainha; San Pedro de Balsemao, al Sur de Vila Real y San Fructuoso de Montelios, al Oeste de Braga. Las dos primeras podrían tenerse, por su planta, como iglesias del tipo de San Pedro de la Nave o más exactamente como del de Santa Comba de Bande, que ya hemos estudiado. Nosotros, para no alargarnos más en este capítulo, sólo nos detendremos, dada su singularidad, en reseñar algunas peculiaridades de San Fructuoso de Montelios, que a pesar de construirse cuando ya se había superado la primera mitad del siglo VII, pues se tiene como del año 660, parece una construcción romana, o bizantina, más que visigoda. Esta construcción cuya planta puede responder al arquetipo del Mausoleo de Gala Placidia, e incluso al de los mausoleos de los emperadores romanos de Constantinopla, fue mandada a construir, próxima a la costa, por el propio obispo Fructuoso de Braga. Es muy posible que cuando decidió su construcción estuviera pensando en su propio martyrión. No obstante, antes de su muerte, que ocurriría cinco años más tarde, pidió no ser enterrado en el interior de la misma, sino junto a ella. El año 1932 sufrió una restauración, de la que según el arquitecto D. Manuel Gomez Moreno, y el profesor Helmut Schlunk, quedó muy alterada.
La planta es una cruz griega con espacio centralizado y capillas
circulares en tres de sus brazos, siendo en realidad, el edificio, una
sala cupulada con vestíbulo y tres exedras o alcobas. El espacio central
cuadrado puede tenerse como un crucero, que se cubre con cúpula esférica
sobre cimborrio y cortas pechinas, quedándo el sitema sostenido por cuatro
arcos de herradura. Estos arcos traspasados son apeados por la solución
bizantina, que ya se aplicó en Los Santos Sergio y Baco y en
Santa Sofía, del tímpano perforado por tres arquillos, aquí, también
de herradura, siendo el del centro ligeramente mayor que los colaterales.
Este juego de arcos se descarga mediante dos columnillas lisas y
monolíticas, dotadas de capiteles corintios. Dentro de las capillas circulares se disponía un espacio central rodeado de un deambulatorio, a modo de baldaquino, cubierto con pequeña cupulilla sobre columnas, cuatro en las capillas laterales, y seis en la capilla del fondo. El friso que recorre las impostas de las pilastras de los arcos de herradura, con apeo tripartito sobre columnillas de basa ática doble tórica del crucero de San Fructuoso de Montelios, no es sino un despliegue plano de la rica decoración de sus propios capiteles, con sus tres niveles de acantos cincelados. Esta bella talla puede tenerse como una joya de la labra en piedra. El hecho de que, exteriormente, el muro, se quiebre creando cortos nichos o rehundidos de arcos ciegos, así como que se dispongan serios frontis en sus fachadas frontales, pone a la construcción más cerca de dichos arquetipos. |
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Actualizado 26/03/08 |
© Contenido: Francisco Ortega Andrade| |