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El capítulo de Elementos y Sistemas constructivos se desglosa en: EL MURO EN LA CONSTRUCCIÓN ROMANA, EL ARCO DE MEDIO PUNTO, LA BÓVEDA DE CAÑÓN CIRCULAR, LA BÓVEDA, EL HORMIGÓN Y LA ARQUITECTURA ORGÁNICA, LA  BÓVEDA  DE  ARISTAS, LA BÓVEDA EN RINCÓN DE CLAUSTRO.

LOS ELEMENTOS Y LOS SISTEMAS CONSTRUCTIVOS DE LA CONSTRUCCIÓN ROMANA. 

Sin que pueda interpretarse como de simple a la construcción romana, pues por el contrario, debe ser calificada de rica en las formas y medios de construir, y constituye la mejor escuela, tanto en materia estructural como en la combinación de los elementos y sistemas constructivos que utiliza, podemos afirmar que estudiando la construcción del Panteón y la de Los Baños de Caracalla, podríamos encontrar y comprender todos los problemas constructivos planteados por la arquitectura de Roma.


Opus Musivum o Vermiculatum.

En el Panteón (año 128 d.C.), los empujes que introduce la gran cúpula hemisférica del gran espacio central son contrarrestados, no por el gran muro circular, sino por los arcos rampantes que transversalmente unen las dos hojas del muro y que actúan como contrafuertes ocultos en el interior del mismo.

En Las Termas de Carracalla, los empujes que introducen las bóvedas de aristas que cubren el hall central (tepidarium), son contrarrestadas, por un lado, por los machones o contrafuertes que constituyen las exedras del frigidarium, ayudados por los cañones que cubren estas exedras. Por el otro costado, los citados empujes son contrarrestados por las bóvedas que cubren el complejo espacio que comunica el hall citado con el caldarium.

En la construcción romana, el sistema estructural y el constructivo se funden en una única manera de producir el hecho arquitectónico. Ante las magníficas cascadas y fontanas de Tívoli, de igual forma se siente complacido el arquitecto ante el análisis de las formas, la apreciación del ruido del agua y del color de la espuma que salpica y baña el denso jardín, que el ingeniero apreciando el caudal de agua que brota de la fuente, la altura de caída o valor del salto de agua en la cascada y la energía cinética y potencial que allí tiene lugar. 

La construcción romana, en sus inicios, es consecuente con la lógica evolución de la construcción latina superada por las formas de construir etruscas. Los etruscos habían reclamado para Roma la preponderancia de la ciudad del Lacio. De esta forma se convirtió en el lugar de concentración de latinos y etruscos, y pronto en una gran ciudad donde habrían de resolverse los problemas planteado por la vida en comunidad. Es decir, la ordenación del territorio y el tipo y la magnitud del edificio público.

Roma asumió, de la construcción etrusca, la sólida y potente estructura mural y, con toda coherencia, el arco de medio punto y la bóveda de cañón. En la arquitectura romana, ya evolucionada, podemos distinguir un sistema básico mural donde se da la simbiosis entre el muro, que se sirve del arco para perforarse y donde éste, se sirve del muro para anular sus empujes. También podemos reconocer un segundo sistema de orden espacial, donde la bóveda se solidifica con la estructura mural en la generación de nuevos espacios. Este último se vio fuertemente potenciado después del gran incendio de Roma, cuando se entendió al hormigón como el nuevo material resistente al fuego.

El arco de medio punto se introduce, en el muro, no sólo para derivar las cargas hacia los estribos o telares del hueco sino que, en la construcción romana, el arco circular se aloja en el muro creando una estructura mecánica de refuerzo de orden superior, sin otra intención que la redistribución de cargas y la de evitar concentraciones de las mismas en determinadas áreas.                                    

EL MURO EN LA CONSTRUCCIÓN ROMANA.

La construcción del muro concrecionado.Colocación de los sillares en un muro romano.Dada la escala adoptada para el edificio público, así como la forma de construir que mediante la cubrición con bóveda adoptaría la arquitectura romana, el muro mantuvo un gran espesor, salvo edificios notables que alcanzaron espesores mayores, era frecuente que tomara entre cuatro y seis pies de ancho. En general la obra mural se trataba como obra mixta, en la que fueron verdaderos maestros los romanos y, como hemos repetido, estaba presidida por un núcleo de mortero concrecionado. En adelante le llamaremos simplemente hormigón, aunque nos estaremos refiriendo al  mortero de arena de puzolana, al cual se le agregaban los áridos en la puesta en obra para batirse in situ.

El muro de sillares se ejecutaba, de manera idéntica a la que hemos estudiado para la construcción griega, es decir, con sillares perfectamente escuadrados y arrimados en seco (a hueso). Con independencia de lo expuesto en el punto en el que hemos estudiado las dimensiones y proporciones de los sillares, fue muy frecuente y en un alarde de obra bien labrada, trabajar con sillares cúbicos, paralelepípedos de dobles cubos y medios cubos. Así se montaba un aparejo en el que se mostraba una hilada de cuadrados y la anterior de rectángulos que tenían el largo igual a dos alturas de hilada.

El muro de corazón de hormigón y caras de mampuestos o ladrillos se elaboraba por tongadas acabadas. La altura de la tongada era la adecuada al operario y al material del paramento, de forma que los empujes del mortero no hicieran necesario la presencia de encofrado. Dentro de la tongada se avanzaba en la forma del talud natural del mortero.      

EL ARCO DE MEDIO PUNTO. 

Arco etrusco y arcos romanos.Los etruscos, que transmitieron este elemento a la arquitectura romana, lo construyeron superponiendo roscas sucesivas de dovelas radiales e introduciendo la arquivolta, para disimular las irregularidades del encuentro de las dovelas de la rosca superior, con los sillares de la hiladas del muro en el cual se alojaba el arco. Los romanos, en virtud de la perfección a que habían llegado en la labra de la piedra, a partir de la calidad que se propusieron después conocer las ejecuciones griegas, vieron en la arquivolta un elemento que acompañaba al arco con fines puramente estético y no como pieza independiente que resolvía el encuentro entre la dovela y el sillar. Así, los romanos, lejos de superponer roscas, labraron el arco de una única rosca de dovelas más amplias, e incluso la labraron en punta por su parte superior para escalonarla en el extradós, de manera que la parte superior se fundía, escalonadamente, en el aparejo del muro. La arquivolta dejó de ser una pieza independiente y se labraba formando parte de las dovelas correspondiente. En otras ocasiones de la arquitectura romana, la dovela superaba, en amplitud, la situación de la arquivolta y aparecía labrada hacia el centro de su cara frontal. Desde este momento, la arquivolta que ha estado permanentemente presente en la arquitectura, quedó definida como un elemento decorativo y saledizo que acompaña al arco en una curva,  generalmente  paralela al intradós del mismo, para mejor definir la amplitud de sus dovelas.

Otras diferencias establecieron los romanos entre el arco etrusco y el que ellos divulgaron, se eliminaron las decoraciones en las caras de los salmeres y en el frente de la clave,  en cambio se resaltó la clave mediante prolongación por descuelgue, hacia el intradós de su amplitud y, las más de las veces, se resaltó prolongando su dimensión por encima del extradós del arco.

LA BÓVEDA DE CAÑÓN CIRCULAR.

Construcción, con arcos directores de ladrillo, de la bóveda de cañón.Construcción, en piedra, de la bóveda de cañón.Los romanos hicieron un uso frecuente y acertado de la bóveda de cañón circular, no obstante, su construcción fue planteada como un conjunto de arcos independientes arrimados o adosados uno al costado del otro. Esto se hacía al menos en sus primeras realizaciones, cuando se construía en piedra manteniendo un espesor constante. Con la llegada del hormigón y con el fin de economizar en cimbras, el cañón se construyó mediante arcos fajones o directores de sillares o dovelas radiales sobre los  cuales  se  colocaban  losas  de  piedras apoyadas sobre dos arcos contiguos. Por encima de dichas losas se trasdosaba, el cañón por capas o tongadas de hormigón cuyo espesor crecía en escalones en el sentido descendente. Estos arcos directores se colocaban a la distancia adecuada para que la flexión no arruinara a las losas, en tanto que endurecía el hormigón. En cualquier caso, la distancia entre estos arcos formeros era poco mayor que el ancho que tomaban sus sillares.

Pero la construcción más ingeniosa y elegante del cañón circular romano tiene lugar mediante arcos de ladrillos, enlazados entre sí por medio de ladrillos transversales, en el sentido de la generatriz de la bóveda, de manera que se constituían cajones cerámicos, que más tarde, con la capa de hormigón de trasdosado, quedarían rellenos de este último material. Fue muy frecuente que los arcos directores se constituyesen por dos arcos paralelos de ladrillos, separados por la distancia que le permitía un ladrillo mayor. Estos ladrillos transversales, según la generatriz,  se colocaban muy próximos  para enlazar o unir dichos arcos paralelos. Los huecos entre estos arcos y traviesas se llenaban, también, de hormigón.

La bóveda así concrecionada se mostraba como una unidad totalmente monolítica y permitía, por su cara inferior, la creación de casetones decorativos. Esta técnica posibilitaba la retirada inmediata de la cimbra de los arcos y cegar los casetones antes de hormigonar por el extradós.                         

La bóveda circular supuso una magnífica forma, capaz de actuar como contrafuerte de los empujes de otras bóvedas y cúpulas mayores. Para ello, aquellas se colocaban en dirección perpendicular o radial a estas mayores. Así la vemos en el Panteón y en el Palacio de Cosroes,  en la arquitectura Persa.

LA BÓVEDA, EL HORMIGÓN Y LA ARQUITECTURA ORGÁNICA.

La historia ya había experimentado las formas o maneras mediante las cuales podemos cubrir los edificios, el sistema adintelado y la bóveda de cañón (parabólico, cilíndrico, o de dos dovelas como se resolvieron las galerías de Tirinto o las de las pirámides). También se había ensayado la cúpula como respuesta a un espacio circular y aislado (en Atreo y en los tholos etruscos, entre otras construcciones rotondas).

Roma planteó, desde el siglo segundo, un conjunto de edificios entre los cuales el ejemplo mas evidente son los baños termales, donde la función cíclica y orgánica que en ellos se desarrolla, requería la relación disciplinar de unos espacios subordinados a uno principal. No hay más que observar los restos de los Baños de Caracalla o los de Diocleciano para entenderlos como propios de una arquitectura orgánica, desarrollada respecto a dos ejes ortogonales en cuya intersección se localizaba la función principal del programa de actividades. Baños, gimnasia, descanso, biblioteca, lugar conversacional de filósofos, poetas, militares y científicos, y otras actividades completaban dicho programa. La naturaleza de  estos espacios requería unas formas de cubrición que no escaparan al carácter orgánico del edificio.

No pudo encontrarse mejor solución a los problemas que hemos enunciado, que la asociación de la cúpula y la bóveda, ni mejor aliado que el hormigón para el desarrollo de ellas. Se requería romper la linealidad que establecía la bóveda de cañón y ello dio paso a la bóveda de arista, al rincón de claustro y la de cuarto de esfera.

La organización planteada en el tepidarium y que pudo tener su origen en oriente, se devuelve a Santa Sofía a través de la Minerva Médica y después de depurarse en la Arquitectura Bizantina propuesta por San Vital, en Rávena.

LA  BÓVEDA  DE  ARISTAS.

Trazado y construcción, en piedra, de la bóveda de aristas.Bóvedas de aristas, asociadas.Si dos cañones localizados sobre el mismo plano de arranque y de igual directriz se intersectan según generatrices ortogonales, resulta la forma de cubrición que conocemos como bóveda de aristas. Esta bóveda es, de apariencia, mucho más ligera que la bóveda de cañón. En realidad, dado que muchas de las tensiones se contrarrestan en la intersección o arista, son menores los empujes que llegan o se localizan sobre los soportes.

La bóveda de aristas libera la condición de apoyo continuo  en  dos  de  sus  lados,  como exige la de cañón. De esta forma, pueden abrirse huecos de iluminación por encima del plano de arranque de los apoyos y en consecuencia, la arquitectura se enriquece, a partir de su aparición, por el juego que ofrece la iluminación cenital. 

Resuelve la cubrición de los espacios centrales de planta cuadrada o ligeramente cuadrada y, asociadas a otras consecutivas y alineadas, ofrece una magnífica solución contrarrestada para cubrir naves longitudinales. Su uso, se hace de práctica frecuente en Roma hacia finales del siglo I de nuestra Era. Severo, el arquitecto que junto con Celer, construyó la Domus Aurea o palacio de Nerón (año 60 d.C.), fue un propulsor de la cúpula y de estas bóvedas de aristas.

De todas formas, fue demasiado frecuente que los romanos,  para construir la bóveda de arista, bajaran la altura de uno de los dos cañones o la línea de arranque de uno de ellos, con lo que el cañón superior aparece como principal y el transversal aparece sólo como grandes lunetos. De esta forma las aristas no se cruzan y el cañón principal no se interrumpe en la cúspide, lo cual divide la ejecución y la hace más fácil.

Esta bóveda se puede construir mediante cimbrado de sus cuatro arcos perimetrales y de los dos arcos diagonales o de aristas, obteniendo así el conjunto de nervaduras directoras. Más tarde, sobre estos arcos o nervios se establece una plementería que puede constituirse mediante tableros de ladrillos o losas pétreas apoyadas en los referidos arcos. Finalmente, estas estructuras se reforzaban por su extradós mediante un tendido de hormigón, encargándose éste último material de consolidarlas y hacerlas monolíticas. También pueden ser construidas sin los arcos directores, realizando un tablero continuo de ladrillos,  sobre  los  cañones de encofrado, e incluso sin encofrados. Para ello, se usan las cimbras de los arcos extremos para lanzar hilos horizontales de referencias. Sobre estos hilos se elabora un tablero de ladrillos en espigas tomados con yeso. Este tablero quedaba actuando como encofrado perdido o integrado en otro tablero superior y resistente. Sobre este último se tiende el hormigón que consolida a la bóveda y la hace monolítica.

LA BÓVEDA EN RINCÓN DE CLAUSTRO.

Bóvedas de aristas en las Termas de CaracallasTrazado de la bóveda de "Rincón de Clñaustro"El tabularium, lugar en el cual se guardaban "Las Tablas" que regían la vida política y social de Roma, fue construido en el año 78 a.C. bajo el mandato de Sila. El general, que había conquistado el Mundo Helénico, vino impregnado de los elementos de la arquitectura oriental. En el Tabularium encontramos los distintos tipos de bóvedas propias de la construcción romana. Así, podemos ver la bóveda de cañón, la de aristas y la esquifada o de rincón de claustro.

Esta última, se constituye por la intersección de dos cañones, generalmente circulares, que se cruzan perpendicularmente entre sí, cubriendo un espacio cuadrado o rectangular. Para establecer sus arranques requiere apoyarse, de manera continua, sobre la totalidad de la longitud de los muros que conforman la planta. Sobre la planta cuadrada(4), que fue la forma más frecuente, se compone de cuatro planos triangulares cilíndricos que se intersectan definiendo las aristas que componen la Solución romana de bóvedas de aristas.bóveda, las cuales confluyen en la cúspide de la misma. Puede ser considerada como una artesa curva o como una bóveda de aristas entrantes.

El equilibrio de esta bóveda radica en que cada triángulo, en gravedad, descansa y se aprieta en los dos que le son contiguos. Los empujes sobre los muros perimetrales son menores que en la bóveda de cañón y las tensiones internas se asemejan a las de una cúpula gallonada. La construcción requiere cimbra y tablero de trabajo, ya que los ladrillos hay que colocarlos acostados. Aunque también puede construirse con ladrillos colocados a sardinel o de canto, aunque esto no ha sido muy frecuente.


Actualizado 26/03/08

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