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El capítulo de Arcos de Triunfo se desglosa en el apartado: ARCOS DE TRIUNFO.

ARCOS DE TRIUNFO.

Un pueblo que desde su origen había divinizado a sus gobernantes, esperaba con verdadera inquietud la llegada de la noticia de una gran hazaña protagonizada por algunos de los generales que podrían gobernarlos y en última instancia que asumieran la protección del Imperio. Los romanos eran tremendamente respetuosos con los protagonistas que entregaban su quehacer y empeño por mantener la grandeza del estado. Por ello, asumían gustosos los gastos en obras y monumentos, dedicados a conmemorar los grandes acontecimientos.

 


Arco de Constantino.El Arco de Triunfo era, sin duda, la mayor condecoración que se le podía ofrecer al triunfador, representaba la entrada triunfal y la acogida de la ciudad al General victorioso, aunque este General fuese el propio Senado. Su origen, puede estar en los pílonos egipcios o, simplemente en las puertas a la ciudades etruscas, pero su emblemática, sobriedad y orgullo se inspiraban en la fachada del Tabularium. 

Los romanos percibieron que el arco de medio punto constituía una forma geométrica que portaba la firmeza, reposo y elegancia suficiente,  como para asumir y subordinar a una estructura rectangular externa, cargada de helenismo, sin debilitar la fuerza de su expresión. La forma en que logran esta conjunción, constituye la mayor aportación de la arquitectura romana a la composición de la fachada.

El Arco de Tito puede tenerse como el resultado más feliz de este ensayo. En un matrimonio de perfección y maestría, la estructura adintelada y el arco de medio punto que, mecánicamente, pertenecen más al divorcio que a la conjunción, son  aceptados y cada uno juega el papel que le corresponde. Intercambian fuerza y belleza sin que ninguno trate de ocultar al otro.

El arco etrusco dispuso una altura equivalente a una vez y media la de su anchura, en tanto que en el arco romano la altura era el doble del diámetro del arco. El Arco de Triunfo, por su belleza, nobleza arquitectónica y por sus proporciones  puede tenerse como una concepción maestra de la arquitectura romana, no hay más que pararse delante del Arco de Tito, levantado en Roma hacia el año 80 d.C. para percibir esta  apreciación y majestuosidad. Por ello, aunque mecánicamente o constructivamente no introduzca grandes aportaciones a este trabajo, no podíamos pasar por ésta construcción sin caer en la tentación de dedicarle estas cortas líneas.

El Arco de Tito fue restaurado, a principio del siglo pasado, por Stern y Valadier. El trabajo de estos dos arquitectos italianos fue tan cuidadoso y respetuoso, que es considerado como ejemplo en todos los tratados modernos de restauración arquitectónica.

El Arco de Tito.Todo el carácter y todos los supuestos que se han atribuido a la arquitectura romana, pueden encontrarse en un somero análisis del Arco de Triunfo. El arco aprendido de los etrusco y la forma de resolverse, inmerso en el gran muro donde han de solucionar el problema planteado por los empujes, se conjuga con el amor a los elementos arquitectónicos del helenismo, los cuales se adosan como pura ornamentación superpuesta, ajena a lo estructural. El muro concrecionado (opus caementicium) de una fábrica mixta a cuya piel aflora el perfecto aparejo de sillares calizos (opus quadratum) es otro de las características de la construcción romana. Los ordenes que se toman para el Arco de Triunfo son los más propios de la arquitectura romana, es decir, el compuesto y el corintio.

Los primeros Arcos de Triunfo (de Augusto en Susa, año 8 d.C. y de Tito en Roma, año 80 d.C.) se construyeron con un sólo arco de paso y eran menos profusos en ornamentación. Pronto, el arco se levantó con tres vanos (de Trajano en Benevento, año 114 d.C.; de Septimio Severo en Roma, 204 d.C. y de Constantino en Roma, año 312 d.C.) y se fue engalanando con mayor ornamentación. Siempre se mostró flanqueado de delgadas columnas colocadas sobre pedestal para acortar su altura, dotado de impostas para marcar el arranque de los arcos, de enjutas engalanadas y, en muchos casos, marcó su clave con ménsulas o saledizos, propios del arco etrusco. Igualmente, sobre su primer entablamento, siempre recibieron un ático donde se colocaba la inscripción y, a veces, se remató con una cuadriga de bronce, como signo de mayor conmemoración. Un caso temprano del arco triple lo constituye el Arco de Tiberio levantado el año 21 d.C. en Arausio, la actual Orange en Provenza (Francia).


Actualizado 22/01/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|