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El capítulo de Construcciones para los Espectáculos se desglosa en: EL TEATRO, EL ANFITEATRO,  EL CIRCO.

CONSTRUCCIONES  PARA  LOS ESPECTÁCULOS.

Es evidente que durante el Imperio, en la sociedad romana se había producido la casi total relajación de la tradición religiosa y el acceso a la política era patrimonio de muy pocos. El ocio alcanzó un alto grado en la vida romana, e invitados por sus emperadores que manifestaron, como hiciera Caracalla en su decreto del año 212 d.C., su predilección por los espectáculos, hizo que los programas que se desarrollaban en el circo y en el anfiteatro fuesen seguidos con total interés por el pueblo.


Con todo, no sólo en Roma sino en todas las Provincias, se inició la construcción de un gran número de edificios, teatros (odea), anfiteatros (ludi) y circos (stadi), para las competiciones y representaciones.

EL TEATRO.

El teatro romano tenía su origen en lo religioso, hasta el punto de que la grada del Teatro de Pompeyo estaba presidida por un templo que se enfrentaba a la escena. Este sentido religioso se fue perdiendo poco a poco en pro de lo profano, danzas, mimos y pantomimas vinieron a llenar los programas del teatro. Inicialmente, los espectáculos, en Roma, se reducían a juegos de circo, carreras de carros y batallas navales. La tragedia y la comedia se introducen hacia el año 240 a.C..

Diferencia estructural entre el teatro griego y el teatro romano.Los romanos hicieron su teatro a imagen del teatro griego, con ligeras modificaciones para adaptarlo a sus usos. Expondremos las diferencias más notables, algunas de las cuales, derivaban de la propia concepción del emplazamiento. El teatro griego se emplazaba fuera de las ciudades y se buscaba, para su localización, una depresión topográfica de forma que, con ligeras modificaciones, la cavea se asentara sobre el terreno. El teatro romano, a diferencia del griego, se localizaba en la ciudad o por lo menos, el estar fuera de ellas, no era elemento imperativo. Por ello se debía concebir como un edificio con fachada y estructura portante propia.

En el aspecto morfológico, las diferencias más significativas radicaban en la forma en que se ordenaba la "orchestra". En el teatro griego, ésta era circular y constituía el territorio de los actores. En el teatro romano, la orchestra era semicircular y servia para colocar los asientos que ocupaban a los miembros del Senado, como espectadores. Lo más característico del teatro romano era la fachada que constituía la escena que debía alcanzar la misma altura que tomara el pórtico que coronaba la grada.

Sin duda Vitruvio debía sentir una gran admiración por la música y quizás más, por el canto. La forma en que los griegos habían rendido culto a este arte, tuvo que ser algo que sorprendió favorablemente al arquitecto romano, que debió  estudiarse ampliamente el problema antes de lanzarse a la escritura de los capítulos dedicados al trazado y construcción del teatro, en su "Libro V". En este texto, dedica el Capítulo III a estudiar el lugar donde debía emplazarse; en el Capítulo IV estudia los géneros músicos, los sones y los tonos y el Capítulo V, lo dedica a recomendar las formas que debían tener los elementos dedicado a difundir la voz. En los Capítulos VI y VII  estudia las proporciones y las partes del teatro. Estos dos últimos capítulos, junto con los Capítulos VIII y IX, son los que nos interesan, al menos desde los objetivos de esta Historia de la Construcción. En base a algunas de las recomendaciones y descripciones de Marco Vitruvio Polión, elaboraremos este apartado, pues aunque algunos teatros romanos no se ajustaron a las propuestas de este autor, sí lo hicieron los mas significativos.

Tanto el teatro griego como el romano toman como punto de partida el círculo que va a definir a la orchestra. Como hemos dicho, este  círculo  ordenaba  todas  sus  partes y proporciones. La circunferencia se divide en doce partes iguales, confeccionando una estrella de una docena de puntas. En el caso griego, se realiza por medio de tres cuadrados, de forma que no hubiera ningún vértice sobre el eje  de simetría  del teatro. En el caso romano, el círculo quedaba  dividido por medio de cuatro triángulos equiláteros y de manera que dos vértices estuviesen colocados sobre dicho eje de simetría. De esta manera, sobre el diámetro perpendicular a dicho eje se encontraban otros dos vértices de la estrella. Este diámetro, marcaba el nacimiento de la "cavea" o grada y dividía al círculo en dos partes, la "orchestra" hacia el lado de la grada, y el "proscaenium" o púlpito hacia atrás, es decir, hacia la "escena". La escena era una fachada delante de la cual, en el púlpito o proscenio, se situaban o movían los actores. Dicha fachada se emplazaba en la línea que definía la base del triángulo, cuyo vértice opuesto se situaba en el eje de simetría, hacia el lado de la "orchestra".

Diferencia entre la planta del teatro griego y la del teatro romano.Estudio de la inclinación y proporciones de la grada del teatro romano.El muro que servía de fondo a la escena se mantenía tangente a la circunferencia y perpendicular al eje de simetría. En este muro se abrían tres puertas, la Puerta Real (Regia) localizada en el eje de simetría y las dos Puertas de los Huéspedes sobre las dos puntas de la estrella que flanqueaban al eje del edificio. Prolongando los radios, de la circunferencia, que pasan por las puntas de la estrella que pertenecen a la orchestra, obtenemos las siete líneas que definen los pasillos radiales o escaleras de la "ima cavea". Estas escaleras dividen a la cavea en seis cuñas de graderíos.

Detrás de la escena solía disponerse un amplio jardín, con pórticos cubiertos, por el que se podía pasear en los descansos de las representaciones y en los que, los asistentes, podían cobijarse en caso de lluvia. De este modo se disponía en muchos teatros romanos y así lo tuvo nuestro teatro magnífico Teatro de Mérida (Emérita Augusta).

El púlpito o "proscenio" representaba al vestíbulo de la casa o, quizás, la parte de la calle situada fuera del pórtico, es decir, el lugar en el que ocurrían los hechos cotidianos. En el teatro, éste era el lugar donde los actores desarrollaban la representación y se elevaba 5 pies (1,45 m.) sobre el patio u orchestra. Como ya hemos dicho, la escena, como fachada, estaba inspirada siempre en el Tabularium. No obstante, unas veces se resolvía mediante arquería, como en el caso del precioso Teatro de Herodes Ático levantado hacia el año 160 de nuestra Era, en la Acrópolis ateniense. En otras ocasiones se resolvía claramente adintelada, como ocurre en los espléndidos teatros de Emérita Augusta, en Mérida y Sabrata, en Trípoli. Ambos han sido restaurados y puestos en servicio.

El patio u orchestra es ahora semicircular y en algunas ocasiones era excavado y se situaba por debajo de la cota de entrada. En él, se emplazaban los asientos desmontables, para los miembros del Senado, detrás se elevaba la cavea. La grada, en relación a la distancia que la separa del proscenio, se dividía en: ima cavea, media cavea y suma cavea, quedando separadas por los pasillos (ánditos). La ima cavea es la más baja y llegaba hasta el primer pasillo (normalmente se componía por 14 gradas), en ella se acomodaban los Patricios y Señores. La media cavea se definía entre el primer  pasillo y el segundo y la suma cavea a partir del segundo pasillo. En estas dos últimas se situaban los asientos para la plebe. Después del último corredor, se alzaba, en algunos casos, un pórtico cubierto con bóvedas de cañón corrido, que aún admitía algunas gradas cubiertas. 

La grada mantenía, entre su elevación "h" y su avance "v", la relación de 22/33; y debía cumplirse que el frente del asiento no fuese menor que, un pie más un palmo de cuatro dedos (29+7)cm., porque ésto estorba a la visibilidad. Tampoco el asiento debía ser mayor a dos pies y medio; con todo ello, este plano  horizontal   debía  mantener  su  ancho entre los 54cm. y los 72,6cm. y en todos los casos, mantener la relación antes citada. De esta forma 38x57cm. son dimensiones que se usaron con frecuencia en el teatro vitruviano. La dimensión "A", ancho de los pasillos que, concéntiricamente, dividían a la grada y la altura del muro que le servía de respaldo "H" debían ser iguales, y por otro lado, mantener la misma relación (22/33); ésto último, cuando a esta altura se le deducía la elevación de un asiento. Es decir, (H-h/A)=(22/33). Todo ello para que pudiera cumplirse la exigencia de Vitruvio cuando dice:

            "Los ánditos o corredores serán quantos requiera la magnitud del teatro; ni mas altos que su anchura; porque haciendose más altos rechazaran la voz hácia el medio, y en los asientos que están de los ánditos arriba no se pecibirán enteras las palabras. Y en suma, se dirigirán de modo, que tirando un cordel desde el corredor á la grada ínfima y á la suprema toque todos los bordes y todos los ángulos de las gradas. De esta forma la voz no padecera repulsa." 

Como hemos dicho, una de las diferencias que separaban al teatro romano del griego, era su construcción. Los griegos situaron la grada sobre el terreno natural, probablemente por razones de seguridad y carga. Los romanos, por el contrario, lo levantaron como un edificio con estructura propia o como un montículo artificial. Aunque algunos teatros se construyeron en madera, dos razones fundamentales pueden argumentarse para justificar la decisión de entenderlo como edificio; por un lado, el concepto lúdico o de recreo que tenía la propia vida ciudadana, y por otro, la capacidad del hormigón para generar construcciones monolíticas, sin límites de carga.

Planta del Teatro de Marcelo.Perspectiva del teatro romano.De todas formas, el graderío del teatro se construyó con la teoría de restituir o generar un montículo o ladera, cuajada en hormigón y controlada por muros pétreos radiales. Los pasillos que definían estos muros, se cubrían con bóvedas de cañón, pétreas o conformadas por el propio hormigón concrecionado con el que, en todos los casos, se lograba el monolitismo del graderío.

Con todo lo anterior, queremos decir que el teatro había sido concebido con la idea de un edificio en el que no hubiese más corredores que los que, radialmente, comunicaban, a la orchestra y a la cavea, directamente con la calle y en el que, al menos, el proscenio fuese cubierto o pudiera cubrirse. De esta forma es, también, la propuesta del modelo vitruviano. No obstante, algunos teatros se construyeron con un corredor o pórtico perimetral que circulaba por debajo de la grada y que recogía la desembocadura de los pasillos radiales, previos a las salidas a la calle. De esta traza es el conocido Teatro de Marcelo.

Hacia el año 54 a.C se construyó, en piedra y bajo los preceptos griego, el Teatro de Pompeyo en Roma, pero fue durante la segunda mitad del siglo I a.C. cuando los teatros, que tradicionalmente se habían construidos en madera y que debieron ocasionar algunos accidentes por el hundimiento de sus gradas, vinieron a emblematizar la categoría de la ciudad. Con ello, la piedra y el hormigón fueron sus nuevos materiales. El magnífico Teatro de Marcelo se puede tener como el mejor de los construidos en Roma. Como edificio a imagen del Tabularium se levantó con sillería pétrea, comenzándose la construcción, que aún hoy podemos contemplar, el año 13 a.C., para terminarse dos años más tarde.

Una muestra de la grandeza de la concepción romana del Imperio puede encontrarse en el teatro. Todas las ciudades tuvieron su teatro en proporciones acordes con la magnitud de la población. La categoría de algunos teatros localizados en puntos muy alejados de Roma, fue superior a la de muchos teatros localizados en la propia Ciudad Eterna.

Aunque los romanos vieron al teatro como un edificio generado por su propia estructura portante, no es menos cierto que, cuando encontraron el lugar adecuado, aprovecharon la ladera natural del terreno para asentar su grada. De hecho la mayoría de los teatros que los romanos construyeron en nuestra península, respondieron a esta forma de asentar la grada sobre el terreno ligeramente adaptado. Así lo vemos en el teatro de Ronda la Vieja y en el de Itálica.

Teatro Romano de Emérita Augusta. (Mérida)El teatro de Mérida, Emérita Augusta, fue  construido hacia el año 18 a.C. en tiempo de Agripa. Más tarde hubo de ser reconstruido en tiempo de Trajano. Constituye el teatro de mayor categoría de cuantos los romanos construyeron en España y uno de los más hermosos de todo el Imperio Romano. Su círculo máximo tiene un diámetro de 86,60m. y la escena tiene una longitud de 60m. por 7,30m. de fondo. Siguiendo el modelo de Vitruvio, tiene siete escaleras radiales en la ima cavea. La escena adintelada, se conforma por una gran exedra en su eje de simetría que ordena dos pisos de magníficas columnas de mármol azulado en sus fustes y mármol blanco en los capiteles y basas. Detrás de la escena se localizaban la biblioteca y los jardines.                 

Como hemos dicho, fueron muchos los teatros que se construyeron por todo el Imperio, pero son dignos de destacar antes de cerrar el presente apartado el espléndido Teatro de Sabrata en Libia, el Teatro de Aspendos y el Teatro de Efeso, ambos en Turquía. Con todo, sólo hemos podido citar algunos de los más de doscientos teatros romanos de amplia talla que aún hoy pueden ser visitados.

En nuestra Península la arquitectura romana fue muy generosa con estas construcciones. A continuación citaremos algunos de ellos sin intención de reclamarlos como los más importantes y sólo en razón de algunas de sus singularidades. El teatro de la Antigua Acinipo, (Ronda la Vieja) en Ronda (Málaga) es de principio del siglo I d.C., conserva el cuerpo de la escena de sillería pétrea, así como buena parte de la cavea que está tallada en la roca, aunque de ella, se ha perdido todo el revestimiento marmóreo. El teatro de Baelo es pequeño, pero es del tipo no apoyado en roca sino en una estructura aérea de mampostería y sillería. De este teatro emplazado en la actual Bolonia, cerca de Tarifa (Cádiz), aún se conservan sus ruinas.

Itálica, ciudad que vio nacer a Trajano y a Adriano, también dispuso de su teatro. Su cavea está tallada en el terreno y data del  tiempo de Adriano (siglo I d.C.). La orchestra conserva sus mármoles y la escena debió ser engalanada más tarde en tiempo de Tiberio. Por la categoría de sus mármoles y de las inscripciones en bronce, debió tener tres ordenes de columnas bellísimas y ser de los teatros de mayor suntuosidad de cuantos se levantaron en las distintas provincias romanas.

EL ANFITEATRO.

Planta del Coliseo, representando los cuatro niveles principales.El origen de las luchas de gladiadores se ha atribuido a juegos o confrontaciones que tenían lugar en algún pueblo etrusco. Con ello, una vez más se reafirma el dicho de que, "todo aquello cuyo origen es oscuro corresponde al pueblo etrusco". Parece más documentado que estos juegos o competiciones, que inicialmente poseían un sentido religioso y que se celebraban después de ciertos funerales, tuvieron su origen en Lucania, región del Sur de Italia que estuvo dominada por los cartagineses en tiempo de Aníbal. En esta región había nacido Statilius Taurus y, por ello, es probable que Augusto al levantar hacia el año 25 a.C. el primer anfiteatro, construido en piedra, que tuvo Roma, le llamara de "Statilius Taurus". Este, quedó totalmente arruinado en el incendio del año 64 d.C.. Con anterioridad al citado anfiteatro, se había levantado, al menos uno, construido en madera y, en cuyo graderío, debió ocurrir más de un accidente notable, pués el construido en piedra por Augusto con la solidez de dicho material, respondía a la demanda popular del pueblo de Roma.

De todas formas, la lucha de gladiadores se introdujo en Roma hacia el año 264 a.C. y pronto se convirtió en el espectáculo nacional. Inicialmente estos combates tenían lugar en los foros o plazas públicas, en las que se instalaba un graderío desmontable de madera.

El anfiteatro es, quizás, el edificio más propio de la construcción romana, pues ni siquiera los espectáculos taurinos de la etapa minóica pueden tenerse como precedente de esta construcción. En el anfiteatro se resolvían las luchas de gladiadores y las "naumachias" o batallas navales, las cuales, junto a las primeras eran muy populares. El hecho de la gran afluencia de público que acudía a estos espectáculos, es lo que hizo que hubiese que unir dos caveas de teatro y que, este programa, exigiera un edificio exento, con estructura propia y aérea. El hecho de que la planta sea oval, puede encontrar justificación en que la lucha siempre ha tenido sentido direccional y así mismo, lo tenían los foros, donde tenían lugar estos espectáculos.

Desde el siglo I d.C. al siglo IV se construyeron muchos anfiteatros por todos los puntos del Imperio y aunque ninguno alcanzó la categoría del Coliseo romano, son dignos de reseñar en Italia, el de Pompeya y el de Verona que conservan perfectamente todo su graderío. Entre los más antiguos figura el de Arlés que fue levantado hacia el año 64 a.C. y se conserva magníficamente, incluso en uso, como plaza de toros. Igualmente ocurre con el Nimes que se levantó en tiempo de Augusto con los mismos criterios que el Coliseo, y también sigue usándose como coso taurino. De la misma fecha que este último, es el anfiteatro de Mérida que se levantó en tiempo de Augusto y que fue reconstruido por Trajano y Adriano. El de Itálica para 2.000 espectadores, mantiene su graderío de hormigón y bóveda de cañón corrido que lo recorre por debajo, en todo su trazado.

Vista superior del Coliseo.En Roma, sobre el lago (estanque de la Domus Aurea) que se situaba frente a ésta villa de Nerón, Vespasiano decidió levantar el que fuese el anfiteatro más importante de todo el Imperio. El Anfiteatro Flavio o Coliseo fue iniciado por Vespasiano hacia el año 70, continuado por Tito y acabado el año 82 por Domiciano. En consecuencia no podía tomar otro nombre, pues estos tres emperadores compusieron la Dinastía Flavia. El hecho de que fuese conocido, popularmente, como "El Coliseo" fue debido a la colosal estatua de Nerón, que se levantaba próximo a él.

Es probable que fuera Rabirio el arquitecto encargado de la construcción del Coliseo, fundamentalmente en la etapa de Domiciano, pues no se concibe un edificio importante de esta época sin que este Emperador no contase con él. Tampoco es probable que un edificio romano abovedado no contara con el asesoramiento del joven Severo. Es lógico que tanto, Rabirio como Severo participaran, con distinta intensidad según períodos, en la gran obra; y aunque se ha dicho que es posible que en la fase final, y en relación a la decoración, se contara con Apolodoro, ésto debió ser mucho más tarde, pues es bien sabido que el gran arquitecto del Foro de Trajano no llegó a Roma hasta los comienzos del siglo II d.C. (año 105). A partir de este momento Apolodoro de Damasco, arquitecto de Trajano, será considerado como el mejor conocedor de la arquitectura helénica y el ingeniero culto, de gusto exquisito.

La planta del regio anfiteatro tomó forma elíptica, respondiendo a un óvalo que tiene 189m. en su eje mayor, y 156m. en el eje menor. El óvalo de la arena es perfectamente concéntrico con el de su perímetro y dispone de 87,5m. en su eje mayor y 54,86m. en el menor. Como consecuencia del contorno reseñado, la construcción ocupa una superficie aproximada a 2,2Ha. (22.230m2.), que encerrada en los 494,8m. que alcanza su perímetro.

El aforo de este edificio (casi setenta mil localidades), junto con la capacidad del Circo Máximo (más de doscientos mil espectadores), certifican que la Roma Imperial iniciara el siglo II con una población  que superaba ampliamente el millón de habitantes.

En la fachada del Coliseo, como ocurriera en el Tabularium, encontramos la liberalización de Roma frente a la arquitectura griega y frente a los órdenes clásicos de la arquitectura adintelada. Roma separa los elementos ornamentales del contexto constructivo, dejándolos en una organización de encuadramiento. El arquitrabe, no existe y todo el entablamento se resuelve como un saledizo decorativo de los sillares que, funcionalmente, pertenecen al contexto masivo del muro.

Ochenta grandes pilares soportan la arquería que abre paso a otras tantas puertas que conforman la fachada del Coliseo. Esta arquería se adorna con una columna en el centro de la cara exterior de cada uno de estos pilarones. En cada piso se repite la arquería, manteniéndose la coincidencia vertical de los ejes de las columnas. Las columnas se conformaban con el mismo aparejo de sillares que luce el muro, ya que las mismas conforman sus fustes labrados en el mismo bloque pétreo que el sillar correspondiente. Dichas columnas adosadas al muro se muestran salientes de él, tres cuartos de su diámetro. Salvo en el nivel de la planta baja, todas las columnas se montan sobre pedestales para acortar su altura y mantenerse en la proporción adecuada con sus pequeños diámetros y con los cortos entablamentos.   

Vista de los fosos y de los restos del graderío del Coliseo.Vista general del Coliseo.Dado que los niveles a que se encuentran las andanadas superan las alturas a las que se sitúan las cornisas correspondientes, los entablamentos se prolongan mostrando falsos antepechos. Así, como los pisos interiores no coinciden con las cornisas interiores, por lo que hablaremos de niveles de la fachada, en vez de referirnos a pisos de la construcción en las distintas referencias de altura que haremos seguidamente. La primera cornisa se alza 10,50m. sobre la cota de la acera y, en el primer nivel, las columnas son de orden dórico toscano sin estrías. La cornisa segunda se labra a 22m. sobre la misma referencia y, en este segundo nivel las columnas son jónicas y, como en todos los niveles, se mantienen sin estrías. En el tercer nivel las columnas son corintias y la cornisa se sitúa a 33,5m. sobre el plano del acerado. En el cuarto y último nivel, que fue incorporado a la construcción en el siglo III, desaparece la arquería. En este nivel, el muro se muestra ciego y se adorna mediante pilastras corintias. La última cornisa se sitúa a la altura de 47m. y, todavía, se remonta un pretil que define la cota de 48,5m como altura total de la construcción.

Debajo de la arena quedaba el gran foso que hoy podemos ver descubierto y que estaba recorrido por galerías longitudinales, conformadas por muros de ladrillos y hormigón. Estos muros estaban perforados por un gran número de huecos de paso, de forma que dichas galerías quedaban comunicadas entre sí y con la que rodeaba a la arena, por debajo del podio. En estas galerías se instalaban múltiples dependencias con usos muy distintos; así, la enfermería de urgencia, la armería, las salas de entrenamiento y preparación de los gladiadores, los talleres y el elevador de las jaulas de las fieras, y las propias jaulas que contenían a las fieras, quedaban emplazadas en estas galerías, debajo de la arena.

Toda la cimentación se ejecutó con toba volcánica y fue esta piedra la que más se consumió para la obra de hormigón y rellenos de bóvedas. No obstante, la construcción supuso un gran consumo de ladrillos, fundamentalmente, en la confección de los arcos directores de las bóvedas. El travertino que presenta la fachada y la sillería de las áreas más nobles o crujías de acceso, se trajo, todo él, de Tibur (Tívoli).

La magnífica estructura que mantiene el Coliseo, abriga un sistema de circulaciones, que puede definirse como de "inmediato", pues no podría resolverse el trayecto, desde un asiento hasta una salida, de forma más inmediata o con menor recorrido. Aceptar una puerta de entrada era determinante; de aquí que cada una de las ochenta puertas, que dispone el perímetro, estuviera claramente numerada. Pués, el recorrido vertical no se interrumpía hasta el desembarco en la localidad o asiento correspondiente. De igual forma, puede definirse como de "complejo" por la enorme cantidad de escaleras que, emplazadas a intervalos constantes a lo largo de la grada, marchan, en dirección radial unas veces, circular en otras y, en muchas ocasiones, en ambas direcciones. Estas escaleras tienen que perforar, en su desarrollo, unas veces a las bóvedas de cañón, y otras, a las bóvedas de aristas. Con todo, hemos de convenir en que el estudio de las circulaciones, en la fase de proyecto, debió ser minucioso, y que se trataba de un proyecto sin improvisaciones.

Fases de la Construcción del Coliseo.Construcción de los cañones de acceso y garaderío.La estructura se resuelve mediante muros radiales de fábrica mixta. Esta fábrica, en las zonas nobles, quedaba constituida, exteriormente, por sillería pétrea de travertino y un potente núcleo interior de hormigón. En el resto de los casos, los muros y machones se conformaban por una fábrica de ladrillo, en el aparejo exterior, que alojaba un alma, también de hormigón. Estos muros, quedaban unidos por bóvedas de cañón cilíndrico, de generatriz inclinada, que se resolvían con roscas de ladrillo y quedaban trasdosados y rellenos de hormigón. A este material le correspondía la función de cuajarlas y la de conferirle monolitismo al sistema. Como consecuencia de la convergencia de dichos muros radiales, las bóvedas citadas, se presentan como conoides, cuya embocadura mayor se resolvía por un arco de ladrillo de medio punto, en tanto que la menor se solucionaba mediante una porción de arco circular o arco vaído, de curvatura igual a la del arco de la embocadura mayor. Estas bóvedas  conoidales  cubrieron  los  pasillos radiales de acceso, a la vez que sirvieron de apoyo al graderío y se encargaban de soportar a las escaleras que accedían a los anditos o pasillos circulares.

Todo el graderío, en los distintos niveles, está circundado por galerías continuas y paralelas que se resolvieron con bóvedas de medio cañón circular, salvo las bóvedas que cubren la segunda crujía del segundo nivel y la galería del tercer nivel que, ambas, se resuelven con bóvedas de aristas. Estas bóvedas que circulan paralelas al óvalo que define al edificio, tienen como función estructural, la de anular los empujes que se derivan del graderío. Por esta razón se duplican los cañones en los niveles primero y segundo adosándose ambas crujías, es decir la de fachada y su inmediata interior. Por la misma razón, se introduce un cañón de corta luz en la cuarta crujía que tras recibir los empujes de la grada, los traslada, mediante una amplia plataforma horizontal, a la doble crujía de fachada. Allí son admitidos, absorbidos y centrados por la carga y la gran inercia de esta doble galería abovedada.

Las escaleras radiales que ascienden hasta los pasillos exteriores de la grada contribuyen, también, a derivar los citados empujes. De esta forma si observamos los elementos arruinados, lo están por razones que nada tienen que ver con la inestabilidad mecánica y sí, con los usos y saqueos que posteriormente soportó el Monumento; y porque durante todo el Renacimiento se desmontaba sistemáticamente el travertino para construir los nuevos edificios.

Detalle de la Consolidación del muro exterior del Coliseo.En el año 1800, aún existía, en el interior del Coliseo, una industria dedicada a la fabricación de nitratos, y fue en esta fecha cuando Monseñor Lante instó al Cardenal Giuseppe Doria para que actuase en favor del desmantelamiento de dicha industria, que estaba calcinando las partes fundamentales del Monumento. A partir de esta denuncia nace una conciencia restauradora del Coliseo, pero lo cierto es que las actuaciones de Palazzi, Camporezi y Stern en 1810 y la de gran restaurador Valadier en 1815, que introduce el gran contrafuerte occidental, sólo tenían como objetivo, desde el encargo, la de garantizar la estabilidad. Dichas intervenciones se ocuparon de la consolidación de las crujías delanteras. Valadier mantuvo, en la actuación del coliseo, su postulado de dejar bien claro la diferencia entre la obra heredada y la consolidación moderna. Otras actuaciones, de carácter urbanístico, se encargaron de declarar el valor de la construcción.

Se ha dicho que la destrucción sufrida por el Coliseo se debe, como la de todos los monumentos romanos, a los grandes incendios que sufrió la ciudad. Sin restar importancia a dichos incendios, ni al desmantelamiento que iniciaron los bárbaros, los cuales, desmontaban las piedras del Coliseo para obtener, de manera fácil, el hierro de las grapas que unían sus sillares, la lamentable situación de desmantelamiento de Coliseo, y de la mayoría de las construcciones de la Antigua Roma, sólo es imputable a los propios ciudadanos de Roma, que, como hemos dicho, las vieron siempre como una fuente inagotable del preciado mármol.

Las piedras del Coliseo las podemos ver en la tribuna de San Giovanni, en el Palacio de San Marco, en La Cancillería, en el Palacio de Venecia en la plaza romana del mismo nombre, en la Basílica de San Pedro y por  todo el Vaticano. Pero también hemos de esperar que le hagan compañía otras piedras, procedentes de otros magníficos edificios, de los cuales no ha quedado más que elementos enterrados, de los Foros que les quedaban más a mano. Lamentablemente el Coliseo, como casi todas las construcciones colosales, sirvió de cantera fácil para generaciones posteriores.

EL CIRCO.

En el circo tenían lugar las carreras de carros o cuádrigas. En él, se daba la mayor afluencia de público de cuantas construcciones se levantaron para la concurrencia y el ocio. Su tipología se conformaba por un doble graderío paralelo, que constituía el lado mayor de un prolongado rectángulo. En la cabecera o lado menor del rectángulo, se situaba una cavea semicircular que daba continuidad a los graderíos anteriormente citados. En el otro extremo, el rectángulo quedaba abierto y era el lugar de la salida de la carrera. La arena quedaba dividida longitudinalmente  por  medio  de un muro de gran amplitud. En los extremos o cabeceras de este muro se colocaban esculturas, banderas y otros signos visibles que indicaban el lugar donde, las cuádrigas, debían iniciar el giro. 

Planta del Circo de Nerón en el Vaticano.Roma. El Circo Máximo.El primer circo que se levantó en Roma fue el Circo Máximo que está datado como del siglo VII a.C., y que se emplazaba en el valle localizado entre el  Palatino y la Colina Aventina. Junto con el Templo de Diana y el Foro Boario constituía el corazón de la Roma de Servio Tulio. Inicialmente debió levantarse con un graderío de madera aunque pronto tomó un magnífico graderío pétreo. Más tarde, y sobre todo durante la Etapa Imperial, se levantaron en Roma, otros circos entre los que destacaremos el de Nerón, el de Adriano y el de Majencio. Este último, tenía una longitud de 530m. y 90m. de anchura. Su muro central disponía de 10m. de ancho y cada pista tomaba 30m. de amplitud.

El circo evoluciona hacia el hipódromo, perdiendo su muro central. El estadio es el último eslabón de esta cadena de grandes espacios iniciada en el Circo Máximo. A finales del siglo I d.C. se construyeron el Hipódromo de Domiciano y el Estadio de Domiciano. Este último, era un grandioso edificio de 262m. de largo y 97m. de ancho y en su interior se encerraba una palestra rectangular de 185x48m2.. Debajo de su amplia grada, que se cerraba con cabecera semicircular, se instala una magnífica estructura con numerosos locales, y un conjunto de escaleras de acceso, y circulaciones que recuerdan a las del Coliseo.


Actualizado 26/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|