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El capítulo de El arquitecto se desglosa en el apartado: EL PAPEL DEL ARQUITECTO Y EL ENTORNO TECNOLÓGICO Y SOCIAL DE LA CONSTRUCCIÓN EN LA ROMA IMPERIAL.

EL PAPEL DEL ARQUITECTO Y EL ENTORNO TECNOLÓGICO Y SOCIAL DE LA CONSTRUCCIÓN EN LA ROMA IMPERIAL.

Vitruvio es sin duda un hombre amante de la arquitectura y más aún de la construcción de la arquitectura. Se manifiesta como gran admirador de la construcción griega y en realidad más que un constructor formado en la práctica edificatoria es un estudioso del arte de construir. Escribió su tratado "Los Diez Libros de Arquitectura" cuando aún la Arquitectura Romana tendría que asumir los cambios lógico de la arquitectura de la Roma Imperial.


Por esta razón los arquitectos italianos del Renacimiento, estudiosos del arte antiguo, encontrarían disparidades entre el "manuscrito" y la realidad de la Arquitectura Romana. No obstante, es evidente la influencia de Vitruvio, tanto en la construcción de su tiempo como en la formación del arquitecto del Renacimiento.

Es probable que cuando Vitruvio escribía su "Libro Primero" idealizando la formación generalista que debía tener el arquitecto romano, estuviera muy lejos de la realidad, pero no lo habría estado tanto si aquello que escribió lo hubiese referido a la formación que habría de tener el arquitecto de la etapa renacentista. Pero volviendo al perfil propuesto por Vitruvio para el arquitecto romano, decía: "Un arquitecto debería estar dotado naturalmente y ser dócil para la instrucción. Ni la capacidad natural sin la instrucción, ni la instrucción sin una capacidad natural, pueden hacer al artista perfecto. Debe ser educado, hábil con el lápiz, instruido en geometría, conocedor de la historia, haber seguido conocimientos de medicina, conocer la opinión de los juristas, y estar informado sobre la astronomía y la teoría de los cielos".  Pero es probable que esto no fuera más que una queja de lo que no se daba en el arquitecto y que él había deseado tras la lectura de los tratados griego, pues para argumentar su postura escribe en el punto 11 del Capitulo I del citado Libro:

            "....por esta razón Pithio, antiguo Architecto, que tan notablemente construyó el templo de Minerva en Priene dice en sus Comentarios, que el Architecto debe exceder en todas las artes y doctrinas a aquellos que con su aplicación pusieron cada una de ella en la mayor claridad. Pero esto no se ve en la práctica; pues á la verdad, no está obligado, ni puede el Architecto ser tan Gramático como Aristarco, pero ni menos debe ignorar la Gramática; ni tan Músico como Aristoxênes, pero no sin entender algo de Música; ni tan Pintor como Apeles, pero no sin práctica de Dibuxo; no tan Estatuario como Mirón o Policléto, más no ignorante de las reglas de Escultura; ni menos tan  Médico como Hipócrates, pero con algún conocimiento de la Medicina. En suma, no está tenido á ser excelente en las demás ciencias; pero tampoco debe hallarse ayuno de ninguna."

El arquitecto romano que casi todos los historiadores o estudiosos de estos temas coinciden en denominarle "arquitecto-ingeniero" y ello pone de manifiesto, mirándolo desde la imagen que siempre se ha tenido de ambas profesiones, que al menos debía tener buen gusto y educación en las artes y tener amplia formación técnica. De hecho procedían de otras ramas aún más técnicas que la arquitectura y, posteriormente, se educaban para este arte mayor. Otros procedían de un taller de arquitecto, entendiendo como ésto alguien que trabajaba cerca del arquitecto y que merecía su confianza. Así surgieron dinastías, ya que se transmitía la formación de padres a hijos. En cualquier caso tenía que saber de letras pues tenían que redactar memorias y anotaciones muy detalladas, tenía que saber de cuentas para llevar el exacto control de mediciones y gastos. Sin duda necesitaban una amplia formación en geometría y tener actitudes para el dibujo y para entender el espacio.

Con todo, el arquitecto romano había logrado salir del anonimato que mantuvo el asirio y sin alcanzar la gran dignidad que disfrutara el arquitecto egipcio, se inataló en un puesto bastante considerado en la sociedad. Podía proceder de cualquier clase social, incluso de la esclavitud. Se hace mucha apología de los arquitectos griegos que trabajaron en Roma, unas veces para hacer a la arquitectura romana tributaria de la griega y otra con el fín de atribuirle a la arquitectura romana mayor rango de refinamiento.

Salvo el caso de Apolodoro de Damasco, el arquitecto de Trajano, que debió ser una persona de manifiesta brillantez y gran preparación técnica, los arquitectos que se daban y procedían de todas las provincias y por supuesto de las africanas, quedaban absorbido por la máquina o forma de construir romana, de manera que hay que admitir que, para el tiempo del Imperio, la construcción romana no era tributaria de ninguna otra. Equipos como el de Severo, Celer y Rabirio, que estaban solicitadísimos, crearon su forma de trabajo.

Los arquitectos debieron escasear, pues hay muchos escritos en ambas direcciones, es decir, de los Consules de determinadas provincias solicitando el envió de arquitectos y escritos a los Consules pidiendo, desde Roma, el envío de jóvenes para ser becados en la formación de arquitectura. Se requería del arquitecto que fuese un hombre que tuviera experiencia en el trabajo y gozara de la confianza del maestro de obra. Pero lo que mejor probaba la actitud, preparación y talante del arquitecto,  era la conformidad o aceptación de las "Asociaciones" o cuadrillas gremiales. Puesto que se trataba de una sociedad en la se fomentaba el rumor y la crítica y en la que todo era discutido.

Los gremios se habían constituidos en Asociaciones (Collegium) perfectamente organizados de maestros taladores, ladrilleros y ceramistas, canteros, carpinteros, y demás oficios y profesiones. En la obra, las tareas se organizaban por cuadrillas de encofradores, canteros, albañiles, cementeros, forjadores, etc. y todo en una estructura paramilitar, de manera que no se podía acometer una obra importante sin tener en cuenta la aptitud o posición de estas Asociaciones. Por ello y como acabamos de decir, el no ser rechazado como arquitecto por las Asociaciones de Maestros era el mejor respaldo que podían encontrar aquellos que se iniciaban como tales. En las grandes obras, se establecían competiciones entre el grupo de maestros que trabajaba, con sus cuadrillas, en una parte del edificio y las cuadrillas que trabajaban en el ala opuesta. El arquitecto debía dar parte al cónsul de toda la obra realizada y del rendimiento de las cuadrilla. Era el responsable técnico y económico de la marcha y estado de la obra.

La construcción romana vista por Astêrix.Para tener idea del grado de industrialización que se alcanzó, más que de la construcción, sí de determinados elementos constructivos, damos el dato de que los capiteles, cornisas y otros elementos de ejecución entretenida, venían del taller del cantero, que podía estar a gran distancia, y que llegaban a obra con un grado de acabado bastante alto.

Existía una gran industria del mármol cuya extracción estaba regulada y controlada por el Estado. El Consul en cada provincia era el responsable económico y en consecuencia, junto con el arquitecto, responsable de todo en materia de obra pública. La fabricación de ladrillos estaba seriamente regulada y controlada, de manera que muchos ladrillos eran rechazados, incluso después de cocidos. Esto no suponía trauma pues se cocían ladrillo para luego ser pulverizados, ya que estaba comercializado el polvo de ladrillo para la preparación de mortero fuertes. Los ladrillos disponían de un sello de calidad y propiedad de manera que muchos de ellos llevaban el nombre del Cónsul y del fabricante.

Si bien la cúpula es el elemento constructivo que puede simbolizar el nuevo espacio creado por la Arquitectura Romana, sin duda fue el hormigón la que lo hizo posible y, como material de construcción, puede tenerse, a este mortero de puzoli concrecionado, como el revolucionario y gran invento romano. No obstante, la concepción y el uso de la cimbra como material auxiliar, fundamental para el desarrollo de la construcción del arco, la bóveda y la cúpula, es algo que no puede quedar sin reseñar, sobre todo por el ciudadano y justa consideración del papel que desempeñaba.

No podríamos hacer referencia a la obra romana concrecionada sin recordar cuanto hemos dicho en relación con el "opus testaceum", pues la gran variedad de aparejos romanos, puros o mixtos, conforma un capitulo nuevo y fundamental en la concepción de la construcción romana. Tampoco quisiéramos cerrar este trabajo sin recordar, una vez más, que junto a este capítulo de nuevas técnicas y nuevos materiales, lo verdaderamente meritorio fue la nueva organización del proceso constructivo que no se aparta mucho de la construcción actual.

 


Actualizado 22/01/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|