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Inicio Colecciones  C142 El "Iwan" como el Legado Parto.
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C14 Rama Arquitectura Persa-Sasánida             
C141 Rama La herencia Aqueménida        
C142 Rama El "Iwan" como el Legado Parto
C143 Rama La etapa Sasánida
C1431 Rama La construcción Sasánida    
C1432 Rama Edificios de la Arquitectura Sasánida   
C1433 Rama Elementos decorativos e influencia en la arquitectura Bizantina

 

El capítulo de El "Iwan" como el Legado Parto se desglosa en el apartado: EL "IWAN" COMO EL LEGADO PARTO.

EL "IWAN" COMO EL LEGADO PARTO

Después de más de ciento cincuenta años bajo la dominación griega iniciada en tiempo de Alejandro Magno, hacia el año 200 a.C. nace con Mitridates I una nueva dinastía persa, "los partos".

 


Torre de Fuego del período de transición aqueménida-parto.Alejandro de Macedonia, con el fin de alcanzar su propósito de consolidar un gran imperio greco-persa, se había casado con la noble persa Seleuco, iniciándose entonces la dinastía de los seléucidas y la colonización helenística de esta parte de Asia. La muerte pronta y repentina de Alejandro Magno, en Babilonia, truncó todas sus aspiraciones.

Torre de FuegoEl pueblo parto, que surge en cuanto que encuentra la ocasión de liberarse del yugo griego y que se organiza, a duras penas, ante la necesidad de enfrentarse, primero a los macedonios, luego a los egipcios y más tarde a los romanos, a los que miraban como la gran amenaza de un nuevo sometimiento extranjero, no tiene ninguna aspiración imperialista, ni ve en la arquitectura ninguna manifestación de poder, al menos en buena parte de su corto período histórico. A veces encontramos demasiadas referencias al "Imperio Parto" y nada más lejos de la realidad, su organización, en la medida que esta existiera, era feudal; cada gran señor era un rey con ejército propio, y hacían grandes esfuerzos por olvidar sus diferencias para organizarse contra los ataques de sus agresores vecinos. Para argumentar mejor nuestra tesis de la pobre unidad y poca aspiración imperialista de los partos, digamos que hasta fechas muy recientes el período parto ha sido tomado como la primera etapa sasánida. Esquema genérico de una ciudadela parta.Kangavar. Planta y elementos del templo.

Los partos alcanzaron su mayor esplendor en tiempo de Mitridates II, hacia el año 100 a.C., que restableció las alianzas con sus vecinos de Oriente, pero en cualquier caso, por la parte occidental no pasaron más allá del Éufrates y muy pronto, Siria fue provincia romana. En tiempo de Septimio Severo (año 197 d.C.), también Mesopotamia era tierra de usurpación romana, en tanto que Armenia fue aliada de Roma todo el período parto. No obstante, los partos fueron la única resistencia seria que encontraron las legiones romanas en esta parte de sus fronteras; los únicos que no se sometieron a Roma, por esta razón tienen tan mala fama en la literatura de occidente, en tanto que en Oriente es considerado como un pueblo generoso y de fácil trato en los pactos y alianzas. Con Mitridates II se dió el período comercial más activo de la Ruta de la Seda.

En la parte occidental del desierto de Kara-Kum se emplazaba Nisa, ciudad donde se dice que nació la civilización y el arte parto, y se tiene  como la primera capital del Reino Parto, pero hacia el año 200 d.C., Nurabad, Jura y Kangavar ya eran ciudades o ciudadelas partas con recinto amurallado.

La forma circular en las cercas defensivas era consustancial al pueblo parto, y la raíz puede proceder del trazado de sus ciudades, que eran ciudadelas asentadas en pequeñas elevaciones a las que tenían que definir y coronar con un anillo amurallado. Estas ciudadelas provenían de los campamentos militares asirios y terminaron siendo círculos perfectos aún en asentamientos llanos. Así, tanto la primera capital parta a la que hemos hecho referencia, Nisa, en la parte oriental; como la que fuera la verdadera capital de partos y sasánidas, Ctesifonte, en el Norte de Mesopotamia, al igual que Gur-Firuzabad y otras tantas, fueron en sus orígenes campamentos militares. Sólo Dura Europos que había sido fundada por los macedonios cien años antes del despertar parto (300 años a.C.), respondía a las lógicas propuestas helenísticas de la retícula ortogonal.

Jurha. Columna y capitel del templo.Las primeras construcciones de este período son los templos de fuego o edificios rituales. Los altares o torres de fuego constituían una llamada asamblearia para la adoración. El altar del fuego se localizaba en la cubierta de las torres aterrazadas que eran consideradas como pequeños templos cuadrados. Más tarde, el fuego pasó al interior de la construcción, de forma que estas torres se dotaron de una pequeña y rústica cúpula. Podemos hablar entonces de que en este momento, en los inicios del siglo primero antes de Cristo, se plantea por primera vez la cubrición del espacio cuadrado mediante la bóveda circular cúpula y de la solución de transición de la forma cuadrada a la circular, por el ochavada de las esquinas del cuadrado o generación del octógono como arranque de la bóveda.

La pequeña cúpula se apoyaba en maderos o travesaños, que colocados paralelos a la diagonal e interrumpiendo el encuentro de los muros, ochababa a la esquina en la transición que acabamos de describir. De esta manera y en esta época temprana, se ponían las bases para que más tarde, pero ya en tiempo sasánida, se diera paso a la trompa.

La trompa, es la solución lógica de un pueblo en el que la tradición constructiva tiene al dintel como extraño y donde el arco eliminaba los problemas de la solución arquitrabada. Pero de la solución constructiva mediante trompa, trataremos ampliamente al estudiar la conNisa. Interior del palacio parto.strucción sasánida.Asur. Planta del palacio, según el esquema de la casa de los cuatro iwanes.

Estas pequeñas torres, que inicialmente fueron de ladrillo para más tarde tomar para sí la piedra en sillares cada vez mayores y mejor escuadrados, eran muy abiertas. En sus cuatro costados se habrían grandes puertas, e incluso en la pequeña cúpula y coincidiendo con los ejes del cuadrado se abrían pequeños huecos con arcos. De todas formas, la arquitectura parta se ha definido como una arquitectura íntegramente de ladrillo, lo cual, como toda afirmación rotunda o dicha con la intención de fijar ideas, sólo es parcialmente cierto.

En Hatra y en otros lugares donde la piedra era fácil de obtener y desde luego en Armenia, las construcciones en este material, conservaron toda la tradición constructiva romana. En los lugares citados, la piedra fue el material de construcción más frecuente, al menos, en esta etapa parta y, más tarde, constituyó  el material de las sillerías de las pequeñas iglesias que como obras maestras del período bizantino tardío, sirvieron de modelo a la primera arquitectura rusa. En otros lugares, la tradición romana dejó como herencia la construcción de muros de pequeños y medianos mampuestos (morrillos), tomados con gruesos lechos de mortero de cal, que revestidas con estuco de clara factura parta, pasó a la arquitectura sasánida. El mejor ejemplo de esta técnica constructiva lo encontraremos en el palacio de Firuzabad, el cual se tiene como la primera gran obra de dicha arquitectura.Asur. Fachada interior del Palacio. Alzado "A" visto desde el patio.Hatra. Plano de la ciudadela-palacio.Sin duda, la técnica del estuco, que tanto utilizaron los sasánidas, es invento parto. Ellos fueron los primeros que lo usaron cuando decidieron cambiar la terracota, de las placas decorativas de sus construcciones, por este material. Para el siglo primero dominaban la técnica a la perfección.

Quizás la razón de que estemos escribiendo estas breves líneas dedicadas a la construcción de la arquitectura parta, además de considerar su magnífica obra de estuco, sea la aparición del "iwán". Los partos introducen este elemento en la arquitectura doméstica a partir de la vivienda rural del Irán Oriental. La casa de tradición babilónica, con patio central cuadrado, es sustituida por la referida vivienda iraní, en la que se pierde el patio o se mantiene como elemento comunitario. En este último caso, al patio se abren cuatro "iwanes", constituyendo la forma básica de agrupación de los asentamientos más antiguos, y que los partos llevaron hasta Asur y Hatra.Los parto debió ser un pueblo noble y abierto, aprendieron de sus enemigos en las armas el trabajo de la piedra. En el campo de los oficios hubo mejores relaciones y en Hatra podemos observar la obra romana realizada por artesanos partos.

La arquitectura parta quiere ser, al menos en sus inicios, una arquitectura sin precedente y carente de recuerdos, rompe con el helenismo y no pretende enlazar con los esfuerzos aqueménidas, prefieren mirar más a las formas del Luristan, que permanecer en la corriente seléucida. No obstante, todas las fachadas de sus palacios, incluida la del primitivo palacio fortificado de Nisa (en torno al año 180 a.C.) pertenecen al período filhelénico.

Por las razones que acabamos de exponer, también la casa persa presidida de un espacio porticado o columnado, abierto al exterior, se cambia ahora por unas estrechas estancias que corren paralelas a una sala rectangular "el Iwán", constituido por una bóveda de cañón abierta, en toda su amplitud y altura, por el extremo de la fachada. Este elemento amplifica sus dimensiones y se asocia por repetición en la constitución del palacio y edificios públicos.

Aunque la reconstrucción del año 100 d.C. del palacio de Nisa es una excepción clara, pues encontramos en él la asociación de cuatro columnas para conformar al soporte, en la arquitectura parta desaparecen los soportes y columnas, para dejarlas adosadas al muro a modo de pilastra. También desaparecen las escalinatas monumentales e igualmente ocurre con las apadanas y con el resto de los elementos de la arquitectura aqueménida de la más mínima pretensión. No obstante, también en Nisa, el palacio antepone, al iwán, una fachada clásica cuya frescura, que no simpleza, le permite utilizar elementos greco-romanos fuera de la modulación y cánones clásicos, pero manteniendo un orden en la composición que parece querer pedir perdón al helenismo. Mayor fidelidad a la corriente helenística mantuvieron en la escultura y muy claramente en los pliegues del ropaje. 

En Arquitectura, los monumentos dignos de destacar se corresponden con los palacios, y fundamentalmente con la fachada que se trata como una enorme portada antepuesta al mismo. Al principio, las piezas o placas decorativas que revestían la fachadas, metopas, frisos y demás elementos ornamentales, eran de barro cocido, así ocurría en el referido palacio parto de Nisa. Más tarde sería el estuco, de magnífica calidad, el material empleado para estas piezas y para el revestimiento de las fábricas, aunque éstas, construidas en ladrillos, mantenían igual dignidad, en su aspecto y ejecución, que si fuesen a quedar vistas.   Planta del Palacio de Hatra.Hatra. Vista panorámica de la ciudadela palatina.

Otras ciudades como Merv, cerca de Nisa; Gur-firuzabad, al sur de Persépolis; Alejandría de la Margiana, al sureste de Merv; Hatra, al oeste de Nínive en la cabecera del Tigris, y Asur en la rivera del mismo río, dispusieron de importantes palacios. No obstante nosotros sólo nos entretendremos aquí en reseñar los de Nisa, Hatra y Asur, en razón de que de ellos son de los que disponemos de alguna documentación. No obstante hacemos constar, que la mejor expresión de la influencia romana sobre la construcción parta, la encontraremos en la construcción pétrea desarrollada en Hatra y en Palmira, al final del siglo II d.C.).

Hacia el año 200 a.C. se construyó en Kangavar, lugar situado al Oeste de Ecbatana en el camino de Ctesifon y de Asur, un templo del más puro sabor y traza griega, períptero de gruesas columnas lisas, con capiteles dóricos. A pesar de ello, conservaba claramente el aire y los elementos propios de su origen iranio, pues su potente basamento, seudo-isodomo, mostraba el engatillado de sus sillares al modo más característico de la arquitectura aqueménida, e igualmente pasaba con las basas de sus columnas que aún siendo clásicas, mostraban el perfil doble tórico y el basamento cuadrado de las columnas aqueménidas. Los fustes de las columnas eran mas potentes y toscos que las griegas y mostraban claramente su aire parto. En toda la construcción se reflejaba la técnica y el hacer de la mano de obra local. El templo ocupaba el centro de un gran recinto cuadrado de 200 m. de lado y quedaba rodeado por un pórtico de triple columnata.

Hatra. Fachada del iwán del gran palacio parto.Hatra. Fachada del iwán del gran palacio parto.Aunque ya comentamos al tratar la plataforma de Persépolis de la forma en que se aparejaban sus enormes seudo-sillares, aún aprovecharemos este párrafo para comentar esta forma de labrar y decorar los muros, pues como acabamos de exponer, el basamento del templo de Kangavar, aunque griego, era una copia fiel, en el engatillado de sus sillares, de los basamentos de los palacios de Persépolis. Aquí los sillares por ser más pequeños, de dimensiones más lógicas, quedaban perfectamente escuadrados, de manera que nos obliga a pensar que los constructores provenían de aquellos que levantaron las torres-templo de los alrededores de Pasargada. Pero recordemos que esta técnica tan depurada que nace del aprovechamiento de la piedra y que determina una obra de alto valor decorativo, era de uso frecuente en Egipto, en el tiempo en que se construyó la Sala Hipóstila de Karnak. Es decir, más de 2000 años antes de la fecha de la construcción del templo que ahora describimos.

Por esta misma fecha se construyó otro templo también de planta griega, localizado más hacia el interior, en la ciudad de Jurha, entre Isaphan (Isfahan) y Rhagae (Teherán). Aquí, y en contradicción con el templo de Kangavar, las columnas eran muy altas y esbeltas, recordaban a las de Persépolis, y sus capiteles eran jónicos, pero el tratamiento de sus volutas, de rollos cónicos, los definían como claramente persas. Puede decirse que se iniciaba aquí una manipulación orientalizante de los capiteles clásicos de Occidente, que permanecería en todo el arte persa y en el bizantino. Por último, digamos que la fábrica del templo de Jurha, también seudo-isodoma, era aún más regular que en Kangavar y de nuevo aquí, se reflejaba la tradición de la buena obra desarrollada en los "templos de fuego" de Pasargada.

Pero no fue el templo la obra más significativa de la arquitectura parta, sino el palacio, aunque siempre fuera el templo, por pura tradición asiria, asociado a aquél. Del Palacio de Nisa, al cual ya nos hemos referido repetidamente, sólo nos interesa destacar la singularidad del soporte, en él se asocian cuatro semicolumnas de pobre basa y capitel dórico para sujetar el, no menos interesante, techo de madera. Este se puede definir como una artesa rómbica de corto peralte, inspirado probablemente, más que en los techos de las apadanas persepolitanas, en una fuente oriental más directa, aunque su iluminación cenital abre aún más el capitulo de la especulación. El techo se conforma por rombos o cuadrado cuyas vigas se van girando, inscribiéndose y apoyándose en las vigas del nivel inferior.

Respondiendo al elemento que hemos señalado como más propio de la arquitectura parta, el iwán, se construyó el Palacio de Asur. En la antigua ciudad asiria, el palacio respondía al esquema de un patio cuadrado, al cual se asomaban cuatro iwanes localizados sobre los ejes perpendiculares a los lados de dicho espacio central. Este esquema que parte de "la casa cuadrada", sería desarrollado por la etapa sasánida y empleado por el mundo islámico, para el diseño de muchas de sus mezquitas. Su fachada se ordena simétricamente, de manera que sobre el eje del iwán asomaba el gran arco de medio punto, peraltado sobre una cornisa de imposta. Este se rodeaba de una arquivolta y quedaba enmarcado en un alfiz, que definía el carácter central y tripartito del iwán. A ambos lados, la fachada se componía de tres órdenes o niveles, con nichos en cada piso y serie de finas columnas decorativas. Estas, adosadas al muro, no contribuían a la función mecánica del mismo, sino que quedaban cargando sobre los amplios frisos, de la misma forma que los romanos la usaban para decorar sus arcos de triunfo.Fábrica y elementos del Palacio de Hatra.

Pero siguiendo la descripción del palacio parto de Asur, en todos los niveles se estableció un friso decorado con motivos persas, e igualmente se coronó el edificio con un antepecho, pues aunque la forma estructural básica de la construcción parta fue la bóveda de cañón, todos los palacios partos, fueron aterrazados. En este último friso, las partes laterales se adornaron con un meandro griego.

Las pequeñas columnas que decoran los distintos niveles de los alzados del palacio de este período y también del sasánida, han de tenerse como la respuesta a un problema de la fachada antepuesta al iwán, donde el acopio del repertorio de los elementos clásicos fue un tema particular que no participaba de los planteamientos básicos de la arquitectura parta; pues en ella, la columna perdió su papel mecánico aunque se superpusiese a la pilastra, quedándose en simple elemento compositivo u ornamental y, como hemos dicho, la función de contrarrestar al muro correspondía a la pilastra o resaltos verticales "lesena", como había sido siempre en la arquitectura mesopotámica, babilónica y parta, salvo en los palacios aqueménidas y en los pórticos de aquellas construcciones medas.

Pero volviendo al "iwán" o elemento más característico y esencial de la arquitectura irania y a la fachada antepuesta al mismo, en Hatra, la planta respondía a un modelo mucho más frecuente. Atendía a la asociación de dos iwanes tripartitos más dos iwanes menores. Tanto las grandes salas que constituyen el iwán, como las salas menores que completan las alas, se cubren con bóvedas de cañón. Estos espacios orientan su lado mayor perpendicular a la fachada, y con la misma dirección lo hacen las bóvedas con las cuales se cubren.

En Hatra, donde la arquitectura parta dispuso sus más regios edificios, la construcción es muy romana y tanto en el palacio como en su templo, el tratamiento de la sillería, muestra la calidad de la obra pétrea desarrollada en esta ciudad así como dicha influencia clásica, aunque los elementos en sus proporciones y modulación mantiene el atributo parto. En el Palacio de Hatra, la sillería en piedra caliza está asentada con mortero de cal, y en ella se alterna una hilada de altos sillares con otra de sillares mucho más bajos, resultando una fábrica muy sólida. Los huecos, resueltos con arcos de medio punto, se adornan con arquivoltas potentísimas de perfil clásico. Incluso la bóveda del iwán está construida en piedra, de pequeños sillares calizos, magníficamente aparejados y encerrando un núcleo en el interior de una argamasa de morrillos y ripios en la más clara técnica romana.

No sólo la influencia romana, sino la participación de los constructores romanos en la sociedad parta y la moderación o tolerancia de este pueblo, queda patente en el templo, construido también en piedra caliza, donde se mezclan el arco ligeramente peraltado con el frontispicio romano, las basas aqueménidas o iranias con los capiteles jónicos y compuestos, que si bien son extraños a las proporciones del helenismo, el conjunto no puede apartarse de esta corriente. Igual ocurre en la Tumba de Jarkai en Palmira. Estas dos construcciones, surgen con posterioridad y como consecuencia de la campaña de Trajano por la Partia. No obstante ninguno de los monumentos que hemos reseñados pueden extraerse de la ejecutoria irania ni del contexto del arte parto.Planta del templo de Palmira.

Para cerrar este capítulo de la construcción parta queremos reseñar el Templo de Bêl en Palmira. Esta ciudad emplazada en un oasis del desierto sirio fue el centro caravanero y comercial más importante de la obligada ruta que unía Jerusalém, Libano, Trípoli y Damasco con Mesopotamia. A medio camino entre Balbek y Dura Europos fue consquistada por Marco Antonio en su campaña del Éufrates. El año 18 a.C. fue incorporada a la provincia Siria de Roma. Durante el período romano se desarrolló una gran actividad constructiva y se convirtió en una ciudad lujosa y floreciente. Aún podemos contemplar sus amplias ruinas romanas cargadas de delicados capiteles corintios.

Palmira gozó de gran independencia, creando su propio imperio con el respeto de Roma y La Partia, hasta que en tiempo sasánida se constituyó en una ciudad claramente militar, pertrechada y alineada con este nuevo pueblo persa, y como consecuencia de ello, Aureliano, el constructor de la segunda muralla de Roma, cargó conta la Palmira sasánida destruyéndola el año 270. Después de esto y hasta que fue destruida definitivamente por los árabes el año 635, no fue nunca más la floreciente ciudad que había sido en tiempo de Diocleciano.

Al sur del recinto amurallado por Diocleciano se contruyó en pleno tiempo parto el Templo de Bêl, construcción en la que se funden la ejecutoria romana con la traza, los elementos y la ornamentación persa. Sobre una enorme plataforma de casi cuatro hectáreas, rodeada de un pórtico de doble columnata (336 columnas), al que se accedía por una ancha escalera de más de 50 metros, se levantaba el templo. En el centro de la plataforma descrita, elevado también sobre un podio de 66x33 m². al que se accedía por una escalera situada en su lado mayor, se encontraba el templo períptero con una cella rectangular de las proporciones de las construcciones de Pasargada, a la que se accedía por una única entrada situada en el costado mayor.

Las columnas del templo eran estriadas y disponían de un capitel cilíndrico, ligeramente curvado y liso. Sobre un entablamento decorado con motivos vegetales y una pequeña cornisa dentada se colocaron almenas de clara tradición babilónica.

En las riunas de Palmira encontramos en el aparejo de su sillería la respuesta a un problema técnico, la ciudad se emplazaba sobre un oasis y abrazada por el río, de forma que la humedad de su subsuelo era muy alta, por lo que para facilitar la evaporación del agua ascendente en los muros, las dos primeras hiladas de sillares que emergían sobre la cimentación, se aparejaban alternando finas lozas o lajas entre los bloques pétreos, logrando con ello que el muro, a partir de este punto permaneciera con su humedad de equilibrio.  Palmira. Silleríay elementos del templo.

Si el esfuerzo de los constructores partos había estado dirigido a la realización de la bóveda de ladrillo sin cimbra o con poca participación de ella y a la ejecución de gruesos muros de fábrica de ladrillo bien elaborada, la  preocupación de los proyectistas se centró en la fachada y en la manifestación plástica del muro. Una vez más en Persia el muro reclama la atención de los constructores.

No obstante y siendo la arquitectura parta el nexo que media entre las dinastías aqueménidas y las sasánidas, llenando casi cinco siglos de historia persa, no proporcionan los elementos básicos que permitan tender un puente de continuidad entre unos y otros. No queremos decir con ello que estemos de acuerdo con que esto fuese debido a su entrega incondicional al muy cacareado "filhelenismo parto" ya que no creemos que esto fuese así. Ni siquiera en lo meramente ornamental tuvieron nunca la inquietud de mirar a su pasado, como harían más tarde las dinastías sasánidas. Así con los partos se abandonó la magnífica tecnología de los ladrillos vidriados y esmaltados, que mantiene vivo al Palacio de Susa. Ellos, comenzaron decorando sus edificios con placas de arcilla, que pronto pasaron a fabricar en estuco, técnica en la que, como hemos dicho, fueron verdaderos maestros, entregándole, a los sasánidas, un material y una tecnología que no dejarían escapar estos nuevos herederos del legado persa, que como veremos, fue un pueblo particularmente entregado al noble arte de construir.

 


Actualizado 28/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|