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Inicio Colecciones  C163 Los Visigodos en la Península Ibérica.
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C163 Rama Los Visigodos en la Península Ibérica
C164 Rama La construcción civil y militar
C165 Rama La construcción visigoda de la Arquitectura Religiosa
C166 Rama La Técnica, las preferencias y el entorno constructivo visigodo

 

El capítulo de los Visigodos en la Península Ibérica se desglosa en los apartados: LOS VISIGODOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA y CARACTERÍSTICAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA VISIGODA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.

LOS VISIGODOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

Hacia el año 535 Teudis, rey visigodo que había establecido magníficas relaciones con la sociedad hispanorromana, trasladó definitivamente la capital del reino visigodo de Narbona (Narbo) a Barcelona (Barcino). De esta forma el reino visigodo de Tolosa terminó pasando a Toledo. Por aquella fecha los suevos, vándalos y alanos ya habían campeado por la Península Ibérica, de forma que los vándalos ocuparon parte de la Lusitania (Portugal), manteniendo grandes contiendas con los romanos en Andalucía (Baetica), hasta que el año 429 pasaron al Norte de Africa, con dirección a Cartago y a aquellas provincias romanas.


Los suevos se habían establecido definitivamente en Galicia (Gallaecia) y, con la marcha de los vándalos al Norte de Africa, habían expandido su territorio y controlado, desde el año 439, la cuenca del Río Anas (Guadiana). Se mantuvieron ocupando Galicia y el Norte de Portugal, hasta que en tiempo de Leovigildo, el año 582, fueron anexionados al reino visigodo de Toledo.  Los alanos, que se asentaron en la Cartaginense romana, fueron arrasados por los bizantinos de Belisario.

Situación política de la Península Ibérica, al amanecer el siglo VII.Teudis tras defender del ataque franco a Zaragoza (Caesaraugusta), se afincó en Sevilla (Hispalis) y, tras incorporar a su reino la mayor parte de la Bética, murió en la citada ciudad. Sus sucesores, que fueron derrotados por los hispanorromanos en Córdoba (Corduba), trasladaron la corte a Mérida. En esta ciudad permaneció la capital del reino visigodo hasta el año 567, momento en el que, bajo el reinado de Atanagildo, pasó a Toledo (Toletum).

El verdadero y tremendo saqueo soportado por la población hispanorromana fue el producido por suevos, vándalos y alanos, de manera que a la llegada de los visigodos, la población era ya una sociedad sometida, atemorizada y recelosa del pueblo bárbaro. No obstante, muy pronto se mostró agradecida ante los primeros gestos de pacificación visigoda. Reconocían en el invasor no sólo a un pueblo no pagano que toleraba la existencia de la fe cristiana, sino que percibió que se trataba de un pueblo de orden y organización jerárquica con el que, la Iglesia cristiana establecida, podía mantener relaciones de vecindad y, como no, plantear discrepancias.

Por otro lado, sorprende la enorme relación que, en materia artística, mantiene desde los primeros tiempos, la sociedad visigoda a través de la hispanorromana, con Cartago y el Norte de Africa. Esto queda patente en la identidad de la talla en piedra de los sarcófagos visigodos de la necrópolis de Tarragona con la del "Sarcófago de los Orantes", traído desde dicha ciudad norteafricana. Igual similitud se puede establecer entre este último y los que, al mismo tiempo, se estaban produciendo en los talleres de Castilla o de Andalucía.

En aras de no extendernos excesivamente en este punto, podemos admitir que en las condiciones que pueden deducirse de lo hasta aquí expuesto, se llega al momento político más importante del período que estamos estudiando, lo cual podría cifrarse hacia el año 576 cuando Leovigildo ocupó Cantabria y la Bética, sometió definitivamente a los suevos y anexionó la mayor parte de la Cartaginense bizantina, logrando así la mayor unificación territorial de la "Spania visigoda".

Algunas coincidencias de la construcción visigoda. Arco triunfal en San Pedro de Balsemao.Leovigildo que no supo resolver o resolvió mal su gran conflicto, la continua rebelión de su hijo Hermenegildo, convertido al Catolicismo y martirizado por ello, murió el año 586, pasando la corona a su hijo Recaredo. Un año más tarde, con motivo del III Concilio de Toledo, Recaredo seguido por la mayor parte de sus obispos propiciaron la conversión masiva de los arrianos al Catolicismo. Durante el siglo y medio siguiente una larga lista completó la sucesión de reyes de esta sódidad monarquía electiva, hasta que correspondiéndole reinar a Akhila, hijo de Witiza, el pueblo, cansado de tanta decadencia decidió nombrar rey a Rodrigo, duque de la Bética. Esto hace que Akhila pida ayuda a los musulmanes del Norte de Africa que, probablemente siguiendo la normal expansión del Islam, cruzan el Estrecho de Gibraltar a finales del mes de Abril del año 711.

A partir del III Concilio de Toledo la relación con la Iglesia de Roma fue muy estrecha. El poder político y el eclesiástico se fundían en una unidad sin grandes fisuras. Puede decirse que desde los comienzos del siglo VI y hasta la invasión árabe, la sociedad de la España visigoda era un pueblo fuertemente católico y fervientemente religioso.

En Toledo se celebraron diecisiete concilios (no ecuménicos) y otros tantos entre Zaragoza, Sevilla, Barcelona, Huesca, Braga y otras ciudades de la Península Ibérica. Por ello, la relación entre Iglesia y Estado fue enormemente estrecha, de forma que el poder político y eclesiástico era casi una sola unidad; hasta el punto de que era en estos concilios donde realmente se legislaba. Así, también es lógico que la actividad constructiva dedicara un amplio capítulo a la arquitectura religiosa.

1.- CARACTERISTICAS  DE  LA CONSTRUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA VISIGODA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.

Desde la Historia General de la Arquitectura, probablemente no sin motivo, se ha renunciado a encontrar soluciones de homogeneidad a este período histórico. Nosotros, en el campo de la construcción donde encontraremos menos dificultades en razón de que los cambios en el proceso constructivo han sido siempre menos significativos y que el modelo constructivo fue la forma de hacer romana, de la que se quiere aprender y dar continuidad sin ninguna pretensión de superarla, trataremos de comprender, no sólo la homogeneidad sino la heterogeneidad impuesta por una economía no imperialista y por una organización casi rural con grandes compromisos en la estructura feudal.

Cuando los visigodos se adentran en la Península Ibérica, encuentran a un pueblo fuerte y oficialmente cristianizado y comprenden que este factor es difícil de quebrantar. Por otro lado tenían amplio conocimiento de la seria estructura militar que Roma había implantado en todo el Imperio y trataban de superponer, a su estructura feudal que les obligaba a un ejército ocasional, una organización romana.

Apunte de un cimacio en la iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora).Es indudable que no debieron disponer de grandes unidades de ejército, aunque en ocasiones, como ocurrió en tiempos de Leovigildo, lograran el reclutamiento numeroso de hombres que alternaron la defensa con el trabajo en la granja y la agricultura. Por todo ello, no puede sorprendernos que la arquitectura visigoda dedicara un amplio capítulo a la construcción religiosa y que esta atendiera al poblado y al área rural. No obstante, y a pesar de que al principio no fuera una sociedad numerosa que precisara de nuevas construcciones y de que nuestra península estaba bien dotada por la infraestructura romana, un pueblo que mantiene una relación entre Iglesia-Estado tan íntima y, en ocasiones, tan potente, no puede quedar ausente de una mínima organización administrativa que precise de edificios de este carácter y que no los construyera en áreas urbanas. Por ello, al tener que remitirnos exclusivamente a la actividad de la construcción religiosa en las áreas rurales y partir de unas piezas arquitectónicas aisladas y desnaturalizadas al haber desaparecido la razón que las propició, es obvio que aún trabajamos con una visión parcial de lo que debió ser la arquitectura visigoda.

Es cierto que atender el servicio religioso demandado por un amplio conjunto de pequeñas aldeas o asentamientos rurales debió ser tarea fundamental y, no es menos cierto, que las muy conocidas iglesias de este período, que seguidamente estudiamos, constituyen elementos básicos en la caracterización del entorno arquitectónico y constructivo de esta etapa. No obstante, hemos de admitir que sus construcciones, en los asentamientos urbanos, debieron ser desmanteladas, ocupadas y absorbidas por asentamientos posterioresEl Sarcófago de Toulouse, definitivamente datado como visigodo del período del reino de Tolosa, en su labra de clara influencia tardorromana, reproduce una casa disponiendo columnas con capiteles en las esquinas y resolviendo la tapa como una cubierta de tejas de cuatro faldones.. Pero este problema no es nuevo, ya lo vimos cuando estudiábamos la construcción etrusca, cuya sociedad hubo de ser reconstruida a partir de sus metrópolis, por la misma razón.

Obviamente el pueblo visigodo cuando llega a la Península Ibérica es un pueblo bastante romanizado. No obstante, no puede decirse que sea así su construcción, que deEstudio de un fragmento de la sillería a hueso en la iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora).beríamos admitirla como virgen y sin tradición; aprendida de Roma, la única escuela de Occidente. La construcción visigoda no es sino una interpretación, desposeída de tradición tecnológica, del potente modelo constructivo romano, propio del imperio más estable y desarrollado de la Historia del Mundo. Así, podríamos hablar de una romanización del arte visigodo, en el que no hay una construcción visigoda que romanizar. Sólo se puede hablar de un pueblo ante una ejecutoria romana que admiran, que admiten como modelo y que tratan de interpretar desde una perspectiva artesanal, rural, y sobre el que ha de entenderse que, en una organización feudal, habían de aparecer las lógicas diferencias locales.

El Arte Visigodo en España se mantuvo desde el año 500 hasta el tercer cuarto del siglo VIII, momento en el que, frente al arte musulmán, da paso al arte asturiano, y más tarde al románico catalán y al arte mozárabe. Pero estos últimos serán estudiados más tarde, en el capítulo que dedicaremos al arte prerrománico, ciñiéndonos en el presente estudio, como ya dijimos, al espacio histórico comprendido entre la caída del Imperio Romano de Occidente y la llegada del Islam a estas latitudes.

No puede tenerse a los visigodos como un pueblo devastador, sino como a una sociedad, no muy numerosa, que encuentra un enorme  patrimonio, probablemente saqueado, abandonado y ruinoso pero de una dignidad ante la cual, por falta de conocimientos técnicos, se ven imposibilitados para emprender su reconstrucción. Tampoco debieron encontrar razones de necesidad de ocupación, dada su escasa estructura administrativa, que justificara mayores empeños de conservación. Así sólo pueden ver un gran número de construcciones romanas, cuyo abandono y ruinas les proporcionaba un enorme almacén de materiales y de elementos constructivos. Con todo, aún tendrían que cuestionarse que elementos, sillares, capiteles y fustes de columnas, tenían capacidad de transportar. Por ello, no debe sorprendernos encontrar grandes sillares empleados en pequeñas construcciones, ni arcos de magnífica traza y de dovelas de espléndido ajuste a hueso, embebidos en mamposterías ordinarias cargadas de abundante mortero.

1.1.- El muro en la construcción visigoda desarrollada en la Península Ibérica.

En ocasiones se argumenta que la construcción visigoda en la Península Ibérica se desarrolló en latitudes montañosas y frías, donde el hombre se hace duro y austero, y que por ello el edificio se va a caracterizar por la masa de sus pesados muros pétreos, dejando a un lado la ligereza y la elegancia. No obstante, no se puede negar que la presencia de unos sillares labrados con verdadera maestría, constituyendo cenefas decorativas, carentes de toda funcionalidad, introduzcan un parámetro de pretenciosa delicadeza.  

Delicada decoración de cenefas en Santa María de Quintanilla de las Viñas (Burgos).La construcción visigoda dispuso de grandes sillares en las esquinas y en la parte baja de los muros, al menos, hasta que la altura de colocación hace más dificultosa el izado de las piedras. Es evidente que el tamaño de estos grandes sillares no está en consonancia con las pequeñas dimensiones del edificio; ni siquiera son necesarios para la estabilidad del muro y, es posible, que el motivo del uso de grandes sillares en su fábrica, al menos al principio, se deba al compromiso con el modelo romano o con el que se establece al introducir algunos sillares traídos de otras construcciones romanas.

En general se adoptó un muro grueso, cuyo espesor se acerca a la vara, unos 83 centímetros. Se constituye por medio de sillares bien escuadrados o aristados pero de tamaños muy dispares. Esta disparidad en las dimensiones del sillar, hace que, aunque la construcción visigoda trata de mantener las hiladas en su sillería, muchas veces se ve interrumpida dicha horizontalidad.

Se trata de una construcción totalmente realizada en piedra; las formas constructivas en ladrillo que observamos en algunas construcciones, fundamentalmente en bóvedas de aristas, es probable que puedan deberse a reconstrucciones o terminaciones más tardías. Esta opción por la construcción en piedra adoptada por este y otros pueblos del Norte de Europa, constituye una corriente, que viene a determinar una tradición constructiva cuya continuidad nos llevará, al menos, hasta la etapa gótica. 

De todas formas, no podemos hablar de una sillería isodoma, ni asegurar que la sillería con la que arranca el edificio se mantenga en toda la construcción. La posición de las juntas verticales, que viene a definir la calidad y tipo de aparejo, deja de manifiesto la despreocupación por la longitud del sillar. Pero esto ocurrió así muchas veces en la Historia, desde la construcción egipcia a la griega no helénica, donde la dimensión a cuidar era exclusivamente la altura del sillar, con lo que se consigue mantener las hiladas, dejando, a los colocadores de la piedra, en su fábrica, la labor de seleccionar los sillares a fin de garantizar la estabilidad del muro y la firmeza de las esquinas del mismo.

En otras ocasiones, la sillería es tan irregular que casi es una mampostería en cuyo caso se refuerzan las esquinas y las jambas de los huecos con grandes sillares que también llegan a tratarse con labra decorativa.

1.2.- El arco de herradura en la construcción visigoda.

Estudio comparativo del arco de herradura visigodo e islámico.El arco de herradura constituye uno de los elementos constructivos claves en la construcción visigoda, desarrollada en la Península Ibérica. Probablemente fuera introducido, al final de la etapa hispanorromana, por constructores sirios o de Armenia, cristianizada desde el siglo III.

A diferencia del arco de herradura de la arquitectura islámica que traspasa o se sobreeleva respecto a la imposta la mitad del radio, el arco visigodo de herradura se traspasa sólo un tercio del radio. En este arco, la directriz del trasdós se descuelga verticalmente en sus estribos, desde su diámetro horizontal hasta la imposta, apartándose en los salmeres del trazado de la circunferencia. Aunque el arco de entrada a la iglesia de San Juan de Baños se construye manteniendo una sola dovela en la clave, con el fin de decorar esta piedra con una cruz de brazos ensanchados a modo de crismón, lo más frecuente y singular fue disponer una junta en la clave del arco; es decir, con carencia de sillar de clave o clave de doble dovela.

El arco de herradura de la iglesia de Alahan Manastir, construida hacia el año 480 en Asia Menor, dispone igualmente de la singularidad de la junta en clave, o dovelas dobles. Por ello si el arco de herradura hispanorromano tiene alguna influencia exterior debió ser a través de constructores sirios y probablemente por medio de Bizancio.

También podemos verlo en la arquería interior de la temprana construcción de la iglesia de San Juan de Baños levantado, con maestría singular, sobre salmeres comunes. Por ello se dice que el arco de herradura visigodo se construyó como si fuese de medio punto.

1.3.- El cimacio y la imposta decorada.

Potentes y larguísimos cimacios de la iglesia de San Pedro de Balsemao, Portugal.Quizás el elemento más singular de la arquitectura visigoda sea el potente cimacio decorativo, que entregado ampliamente en el muro, vuelve a dejar a la columna, como en casi toda la construcción romana, sin sentido mecánico. Los arcos descargan totalmente en el cimacio que, más que un elemento de la columna, es una ménsula o saledizo del muro. De esta forma, la columna podría retirarse de su lugar sin que el sistema estructural sufriera cambios, o ser introducida en el mismo, con posterioridad al momento en que se había de construir el arco.

El capitel, generalmente rectangular para abrigarse bajo la parte volada del cimacio, se labra en dos planos. En el primero aparecen las figuras: apóstoles, ángeles o Jesús acompañado de aves o leones. Todas éstas quedan muy resaltadas a pesar de tratarse de relieves relativamente planos y definidos por aristas vivas, ya que el plano de fondo se mantiene muy profundo.

Los arranques del arco triunfal o de entrada, se señalan con marcadas impostas decorativas, aunque no haya columnas. Estas piezas que como pequeñas ménsulas señalan el arranque del arco, se labran con la misma categoría que se ha descrito para el capitel y para el cimacio, aunque con menor profundidad y mediante roleos o cordones. En el interior de estas ruedas o roleos de tallos vegetales se alojan flores de seis pétalos, cruces de alas ensanchadas u otros monogramas de origen cristiano.

Quizás, tratando innecesariamente de dar categoría a la sillería, o tal vez para romper la sobriedad de los muros, se introducen los elementos que constituyen la mayor expresión del lujo ornamental. Es decir, cenefas o fajas horizontales de sillares de menor altura, finamente decorados, generalmente labrados con roleos de tallos vegetales y cordones. Estas impostas planas embebidas en el muro, se colocan a distintas alturas del mismo. Así podemos verlo en la iglesia de Santa María de las Viñas en Burgos, en el interior de San Pedro de la Nave en Zamora y en tantas otras iglesias de este mismo período. Con bastante frecuencia y por las mismas razones, en la parte alta del muro, por su interior, se establece una línea decorada con labra de cordones que marca el nacimiento de la estructura leñosa, soporte de la cubierta. Colocada de esta manera la podemos ver en la ya citada iglesia de San Juan de Baños de Cerrato, en Palencia.

Actualizado 19/02/08

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