INICIO de editorial.dca.ulpgc.es

Departamento de Construcción Arquitectónica  |  Escuela de Arquitectura
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria   |   Redacción

 Web Institucional www.ulpgc.es  ETS Arquitectura www.cda.ulpgc.es

Colecciones

Mapa web

  Boletín dCA

Descarga / FTP


Inicio Colecciones  C171 El Islam.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C17 Rama Arquitectura Islámica
C171 Rama El islam
C172 Rama Características de la arquitectura islámica
C173 Rama El hábitat del pueblo musulmán
C174 Rama La construcción doméstica. La casa árabe.
C175 Rama La arquitectura religiosa
C176 Rama La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario
C177 Rama La Mezquita Iraní o Madrasa y La Mezquita Otomana de espacio centralizado
C178 Rama El palacio
C179 Rama Caravansares y Jans.
C1710 Rama Estudio de algunos elementos constructivos
C1711 Rama Aspectos singulares de la decoración
C1712 Rama El entorno social y gremial

 

El capítulo de El Islam se desglosa en los apartados: PROPAGACIÓN Y EXTENSIÓN DEL ISLAM, LA CONSTRUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA, EN EL PERÍODO PREDINASTICO y CLIMA, SOCIEDAD Y ARQUITECTURA EN LOS TERRITORIOS DEL ISLAM.

EL ISLAM

La palabra Islam, en el sentido religioso, significa sumisión, entrega total a Dios, la única divinidad. Por el islamismo, el hombre queda a disposición de los designios de Alá y sin posibilidad alguna de condicionar su futuro. En base a estos principios se establece la religión de Alá, según las revelaciones formuladas a Mahoma. Esta, surge en Arabia el año 622, cuando Mahoma se traslada de la Meca a Medina y, sus fundamentos, están recogidos en el "Corán" o libro sagrado de las revelaciones; en la "sunna" o libro de las tradiciones "hadiz" que son las reglas de conducta o manera de obrar, dispuestas por el profeta; y en la "iyma" o principios admitidos y propuestos por la comunidad. El conjunto de preceptos contenidos en la "sunna", constituye un auténtico tratado jurídico de la moral del árabe.


Localización de algunas de las principales ciudades del Islam.El Corán se escribió hacia el año 633, (11 de la Hégira), cuando Mahoma ya había fallecido. Dispone de 114 "azoras"  y,  en cada una de ellas,  diversos versículos.  El  cumplimiento  de

la vida religiosa del musulmán se fija por los cinco preceptos o compromisos siguientes:

-Profesión de fe, reconocimiento y sumisión al Dios único.

-Oración, cinco veces al día, en cualquier sitio, salvo la del medio día del Viernes, que se realizará en la mezquita aljama.

-El ayuno, desde la salida del sol hasta el ocaso, durante el mes noveno o de "Ramadam", mes en que Mahoma se retiraba a ayunar y a meditar, y en el que tuvo las revelaciones.

-La limosna legal, como purificación de los bienes terrenales, y que ha de dársele a los pobres y a los voluntarios de la guerra.

-La peregrinación, una vez en la vida debe acudir a la Kaaba, en la Meca. De ello están exentos los pobres sin recursos, las mujeres sin parientes que les acompañen y los esclavos, ajenos de voluntad.  

Tratando de definir el "Arte Islámico" como una corriente o movimiento artístico, el termino "islamismo" se hace muy impreciso. Más aún si pretendemos referirnos a él tratando de agrupar un número determinado de edificios.  

Estamos de acuerdo con Oleg GrabarOlega Grabar junto con George Marçais han sido durante largo tiempo los autores que más y más seriamente dedicaron su tiempo a la investigación, organización de congresos y divulgación de la arquitectura del Islam. La referencia del texto figura en su obra "La formación del Arte Islámico". en la dificultad de definir o simplemente clasificar a algún monumento de los que habremos de considerar en este capitulo como de Islámico o simplemente musulmán, pues como el referido historiador expone, hay arte musulmán que no podría calificarse como islámico por no obedecer a la condición religiosa del Islam, y del mismo modo, coincidimos en que existe un arte islámico, no musulmán, realizado por cristianos o por judíos, y tener por islámico todo lo que no es cristiano, ni judío, ni budista, supone reducir el tema a la arquitectura religiosa. No obstante, dado el carácter de nuestro trabajo, que trata de indagar en las formas estructurales que hacen posible los espacios arquitectónicos y la manera en que se mantienen o evolucionan las tradiciones constructivas, así como del estudio de los materiales empleados para ello, nos permitirá una relativa liberalización de algunos conceptos fundamentales en otros campos de la Historia. También entendemos que los problemas que hemos de encontrar en la búsqueda de las constantes de identificación y clasificación del arte musulmán, diferenciando áreas geográficas, no son distintos que los que hemos encontrado al tratar el vasto período bizantino, ni serán diferentes de los que presumimos que tendremos al estudiar la arquitectura gótica, dispersa por toda Europa.

Por otro lado, el arte musulmán a pesar de haber admitido y absorbido las tradiciones locales y de que muchos de sus edificios  fueron creados a miles de kilómetros unos de otros, desde Córdoba a Samarcanda, y con algunos siglos de diferencias, presentan entre sí un cierto aire familiar que hace que se asocien fácilmente a su raíz y a su profundo entorno musulmán. Ello, a pesar de que en muchas ocasiones hayan soportado notorias superposiciones, como ocurre con la Giralda de Sevilla, donde el potente cuerpo de campanas, renacentista, no hace que la torre haya perdido su origen árabe.

Auguste Choisy dice repetidamente, en su Historia de la Arquitectura, que los árabes eran gente "carente de espíritu inventivo". Una vez más respetamos al reconocido historiador y maestro, y admitimos que, en la primitiva construcción musulmana, la falta de tradición constructiva les llevó a aceptar, de buen grado, todo cuanto localmente le ofrecían los pueblos conquistados. Pero si miramos a la cúpula que cubre la "macsura" de la mezquita de Córdoba, o de cualquier otra bóveda de nervaduras tabicadas de origen hispano-musulmán, de las que no existe arquetipo precedente fuera del entorno islámico, nos cuesta mucho aceptar la aseveración del citado maestro.

Si la construcción ha sido muchas veces definida como el arte de yuxtaponer los materiales y los elementos constructivos según las reglas del bien hacer, teniendo presente la adecuada compatibilidad y el comportamiento de los materiales, lo más valioso de la construcción islámica es el uso sensible de estos últimos, la compresión perfecta de sus propiedades en relación con el medio y el  aprovechamiento máximo de sus posibilidades estéticas para la decoracCuerpo de camapanas de Hernán Ruiz, sobre el alminar de la Mezquita Mayor. La Giralda de Sevilla.ión de sus edificios.

Los reclutamientos de obreros y artesanos, traídos, llevados y aceptados de todas partes del vasto territorio conquistado, así como la abundante conjunción de técnicas y materiales locales introducidos en una misma construcción, originó la lógica contaminación y, al mismo tiempo, una sorprendente unificación. Como comenta el profesor Georges Marcais, entendemos que el "fenómeno islam" se convirtió en el factor religioso y unificador más eficaz y permanente de este movimiento histórico, del que no quedó ajeno su arquitectura.

Si al arte bizantino se tiene como la vinculación de Oriente a Occidente, el arte islámico es el nexo entre Asia y el Mediterráneo. El islamismo como fenómeno, logró que si bien en el año 700 Córdoba y Samarcanda no se conocían, el año 800 estas dos poblaciones eran hermanadas a través de su arquitectura. Otro tanto puede decirse de Constantinopla, que si hasta el año 1453 se había mantenido sin ningún contacto con el Islám, en 1500 giraba, de forma definitiva, su magisterio constructivo hacia el mundo musulmán, para hermanarse con Delhi y Marraquex.

Sirvan estos dos ejemplos evidentes, entre los muchos que podrían citarse, para comprender el fenómeno del Islám y la importancia del mismo, en la historia de la construcción de su arquitectura, y para reconocer el poder unificador de dicho concepto.

1.- PROPAGACIÓN Y EXTENSIÓN DEL ISLAM.

Lo que más sorprende del Islam es la velocidad con la que el círculo, con centro en la Meca, fue extendiendo su radio de avance. Justo a los cien años de la muerte de Mahoma, el año 732, los árabes llegaron a Poitiers, en Francia. Para esta fecha se cumplían veintiún año del paso de los árabes por el Estrecho de Gibraltar, y hacía algo más de un cuarto de siglo que los musulmanes moraban en la zona del Indico y en la parte Occidental de China.

Propagación del Islam.A la muerte de Mahoma, acaecida en su casa de Medina el año diez de la Hégira, le sucedió, en la dirección de la oración, por deseo expreso suyo, el fiel "imàn" Abu Bakr, que además era el padre de Aisha, la favorita y una de las esposas del Profeta, en cuyos brazos murió dúlcemente el año 632. Abud Bakr comprendió que había adquirido el compromiso de propagar la religión de Alá más allá de los limites de aquella comunidad árabe. Con tal fin se hizo nombrar primer califa de la que luego sería conocida como la dinastía de los "califas ortodoxos", o más exactamente como el grupo de los califas "Compañeros de Mahoma". Cuatro fueron estos califas predinásticos, cuyo grupo tuvo como mejor valedor a Omar, quien el año 638 conquistó Jerusalén y Alejandría, y cuatro años más tarde incorporó, de manera definitiva, a Siria y Egipto al Islam.

El último de este grupo de califas "legítimos" fue Alí, esposo de Fátima, la hija fruto del primer matrimonio de Mahoma. Durante este primer período, Califato de Medina, se fue constituyendo y asentando la estructura social y militar del Islam, que incluso se dotó de una lengua oficial, el árabe.

Omar, respetuoso con los principios de Mahoma mantuvo en Medina la capital. Este, más que conquistar Jerusalén, entró en ella, en la fecha ya citada, con la ayuda de los judíos que, por aquella época, se sentían en inferioridad respecto a los cristianos. Se debe a este gobernador y al Califa Al-Malik, la construcción de "La Cúpula de la Roca", que se tiene como el primer edificio construido para el Islam. El año 656 los partidarios de Alí, le nombraron nuevo Califa, no sin derramamiento de sangre, pues para ello, tuvieron que arrasar a los seguidores de Aisha. Nos encontramos ya con la primera guerra civil, en la que Alí derrotó a los seguidores de la viuda de Mahoma. Más tarde, trasladó la capital de Medina a Kufah.

Alí organizó las formas administrativas del Islam tratando de consolidar un Imperio, asumiendo para ello las tradiciones sirias. Se construyeron por estas fechas las primeras grandes mezquitas, entre las que cabe destacar la primitiva Mezquita de Kufah, que se tiene como la primera gran mezquita del Islam. El año 651 todo el territorio persa (sasánida) quedó incorporado al Islam, ocupándose seguidamente Afganistán. El año 655 tiene lugar la primera derrota de las tropas de Bizancio frente a los árabes.

Asesinado Alí por sus seguidores el año 661, se nombró en Jerusalén, como nuevo califa a Muhawiya, que trasladó la capital de Kufah a Damasco, constituyéndose así en el primer califa omeya, e iniciándose el que fue el Gran Califato de Damasco. Durante este período el Imperio alcanzó su mayor expansión. Hacia el Oeste se conquistó Trípoli (Tripolitania) y el Magreb. El año 670 se funda Cairuán, cerca de Susa y Túnez. Para el año 707 se había conquistado todo el Norte de África, hasta el lugar en que en el siglo XI se fundaría, por los almorávides, la ciudad de Marraquex. El año 711 comienza la invasión de España y el año 732 se adentran en Francia y sufren la primera gran derrota europea, en Poitiers, de  manos de Carlos Martel, el abuelo de Carlos Magno. A la vez que se iniciaba la invasión de Europa, Al-Walid I, el año 705 conquistaba, en Oriente, la región del Indo y, para el año 711, se anexionó el Turquestán chino.

Arabia en los comienzos del islam.Durante casi un siglo la dinastía omeya gobernó y mantuvo la unidad del Islam, logrando transformar el poder de los beduinos en un imperio. Como tantas otras veces, los gobernantes, recurrieron a la Arquitectura para consolidar y manifestar la grandeza de su reino. Así encontraremos en esta etapa los mandatarios musulmanes que con mayor fuerza se vincularon al arte de construir.

El año 750  Abu al-Abbas  se levantó contra los omeyas, proclamándose en la Mezquita de Kufah como nuevo "Gran Califa del Islam" y aniquilando a toda la familia de aquella dinastía. De aquella matanza se salvó el joven Abd al-Rahman que desapareció extrañamente. Este, pasados los años, reaparece en el Norte de África y es introducido en España donde, esperado en Córdoba, gobernó como Abd al-Rahman I (Abderramán I), prolongando la dinastía omeya hasta que, el año 929, Abderramán III fundó el Emirato de Córdoba, independiente de Bagdad. El Emirato se convirtió en el mayor centro cultural y de prestigio ampliando sus fronteras por todas las tierras de la España Musulmana, hasta que en el año 1030, debilitado, se dividió dando paso a los conocidos reinos de Taifas que, poco a poco, fueron siendo reconquistados por los Reyes castellanos, a pesar de que habían reclamado la ayuda de los musulmanes del Norte de África, primero de los almorávides y después de los almohades.

Cuando Abu al Abbas aniquiló a los omeyas, trasladó la capital del Islam a Bagdad e instauró la dinastía abasí. Durante esta dinastía se logró el período más rico y fructífero por el que ha pasado el Islam, concretamente en el tiempo  en  que gobernaron  Harun al-Rachid y Harun al-Mamum. Hacia el año 830 comienza la decadencia y las separaciones. Surgen los reinos: idrisidas, en Marruecos; los tulúnidas en Egipto y Siria (880) y los samánidas, en Oriente, que darían paso, ya en el siglo XI, a que el Islam quedara definitivamente dividido.

Desde la segunda mitad del siglo VII hasta el nacimiento del Imperio turco Otomano, tras la caída de Constantinopla en 1.453, la historia del Islam se puede atomizar tanto como se quiera, ya que no faltaron guerras internas y grandes controversias. Nosotros, que no podemos detenernos excesivamente en ello, sólo reseñamos aquellos hechos que entendemos como imprescindibles para comprender, que la "guerra santa" fue más cruenta en el seno de sus mandatarios que frente a sus adversarios, y que el Islam, como todos los grandes movimiento imperialistas, favoreció la comunicación artística, de la que no quedó exenta la actividad constructiva. No existían fronteras para los estudiantes, ni para los artesanos y mucho menos para los peregrinos. Con todo nos detendremos lo mínimo para que pueda entenderse la forma en que hemos organizado este trabajo, relativamente fiel a la cronología histórica.

Sólo estas dos dinastías, omeyas y abasí, lograron mantener, desde el año 622 hasta el 905, el Imperio Musulmán. Después de esta fecha empezarían los pleitos que aún ahogan al Islam.

De entre los califatos y reinos que surgieron con posterioridad a las dos grandes dinastías descritas, en las cuales incluimos el Emirato cordobés que formuló propuestas inéditas en las formas estructurales de arcos entrecruzados y bóvedas de nervaduras tabicadas, caben destacar, a los efectos del interés de nuestro trabajo, los siguientes períodos o dinastías: la fatimí de El Cairo, la selyúcida de Mesopotamia y Persia, las beréberes del Norte de Africa, el período nazarí en Andalucía y el turco-otomano, que será estudiado más tarde. 

Los descendientes de la hija de Mahoma, Fátima, constituyeron la dinastía de los fatimies que gobernó en Egipto y Siria desde 909 y que se mantuvo en Qairawan (Cairuán) hasta que en el año 1.171 fueron desplazados por los ayubíes de Siria y más tarde, por los mamelucos, de Egipto.

Propuesta de la construcción cordobesa para la cubrición del espacio abovedado.La dinastía selyúcida, de origen turco y sentimiento persa, surgió con los albores del siglo XI, llevando a cabo la renovación del Irán. Hacia 1.055 se apoderaron de Bagdad y, aunque respetaron a los reyes de la dinastía abásida decadente, tomaron definitivamente el mando de Damasco el año 1.071. Derrotaron repetidamente a las fuerzas de Bizancio, arrebatándoles la mayor parte de Asia Menor. Favorecieron un cierto renacimiento intelectual ligado a la difusión y a la enseñanza de la ortodoxia "sunní", defensores de la sunna. Generaron una gran actividad constructiva y levantaron numerosas mezquitas, en Isfahan, con una concepción nueva del espacio. Se dice de sus constructores que poseían maestría en la ordenación de los espacios interiores y exteriores. Sucumbieron, el año 1.167, ante los tártaros (mogoles) de Gengis Kan.

Las dinastías beréberes, surgieron en el Norte de África a mediados del siglo XI. Integradas por los pueblos nómadas del Sahara, dominaron el Magreb y Andalucía y dieron paso a los almorávides que fueron desplazados, muy pronto, por los almohades.

El Período Nazarí, tomó el nombre de su fundador, Yúzuf ben-Názar, cuya dinastía reinó en Granada desde el siglo XIII hasta el XV, momento en el que los musulmanes fueron vencidos y expulsados definitivamente de España por los Reyes Católicos.

En los inicios del siglo XIV el turco Othomán, emir de Icosio, en Anatolia Central, se independizó de los Selyúcidas creando la dinastía otomana. Su hijo Orchán creó, el año 1.340, el potente ejército que terminó poniendo fin al Imperio bizantino.

2.- LA CONSTRUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA, EN EL PERÍODO PREDINASTICO.

La construcción  que se había desarrollado en Arabia era muy pobre y tosca, exclusivamente  y quizás sólo algunos edificios pequeños de tipo funerario o de atención a la explotación agrícola, almacenes, molinos, etc., podrían merecer nuestra atención. No existía un interés manifiesto por la residencia ni en las familias más acomodadas de aquellos tiempos preislámicos. El árabe adinerado se dedicaba al comercio y aunque, con frecuencia, estaba en posesión de objetos de arte muy valiosos y los transportaba con él. Todo era materia de comercio. Sólo algunos elementos simbólicos y, quizás, el tamaño de la tienda podía manifestar su jefatura en el grupo. 

La piedra y la madera acompañaban al ladrillo en la edificación de las pequeñas construcciones a las que hemos hecho referencia en el párrafo anterior, pero era el adobe, ladrillos de arcilla secada al sol, en ocasiones con poco tiempo de secado e incluso frescos, el que resolvía la construcción de la vivienda, la cual, era generalmente autoconstruida por los moradores de la misma, con ayuda de algún familiar.Planta y sección de un molino de viento cerca de Nayin.

En el Yemen había surgido una tipología de torres de gran altura que, aún hoy, muestran un claro aspecto de fortaleza o de atalaya defensiva. En ellas, se disponían pisos con dos o más viviendas por plantas. Estas construcciones que son de gran interés y que debieron requerir la presencia de los primeros constructores árabes, serán estudiadas más tarde, al ocuparnos de la residencia del pueblo árabe.

Siria y Jordania, que habían sido primero, provincias romanas hasta el siglo IV, luego bizantinas y más tarde, a partir del siglo VI y hasta la conquista árabe, se habían beneficiado de la influencia de la construcción sasánida y bizantina, se había llegado en la construcción en piedra y en la construcción abovedada de ladrillo a un grado de ejecución completamente desarrollado. Así, los árabes se encontraron con toda una tradición constructiva que no dudaron en aprovechar. Un buen número de operarios persas y bizantinos, que fueron retenidos  como prisioneros, trabajaron en la construcción de este primer período predinástico u ortodoxo. Posteriormente, en la etapa de los omeyas, griegos y bizantinos fueron solicitados como arquitectos, constructores y maestros artesanos, para participar en la construcción y en otras muchas artes. Para estas fechas, los persas formaban parte del pueblo musulmán y aportaban su larga tradición edilicia.

La Palmira del período parto constituía la fuente más próxima de las técnicas romanas de la construcción en piedra, y la bizantina Jerusalén ofreció, con sus construcciones, el modelo arquitectónico más inmediato para los primeros edificios islámicos.

Por todo lo anterior, cuando el año 634 el Islam inicia su expansión, sobrepasando las fronteras de Arabia, se manifiesta como un pueblo treméndamente abierto a las formas, a las técnicas y a los modos constructivos locales. También por las razones que hemos comentado en el párrafo anterior, muchos historiadores afirman que la edificación islámica no aportó nada a la arquitectura. No estamos de acuerdo con esta afirmación, pues un pueblo de raíces tan firmes en su ideología como los seguidores del Corán, aunque utilizara sin reservas los edificios existentes en las poblaciones ocupadas, no hubiese podido alcanzar el desarrollo propio de un imperio, sin introducir cambios en las estructuras aceptadas. De todas formas, y aunque iremos documentando las razones de nuestro desacuerdo a lo largo de este capítulo, queremos recordar que no es la primera vez que los invasores someten a los pueblos, pero, la arquitectura y la tradición de sus técnicas constructivas someten al invasor. No hay más que considerar que tanto Roma como la Persia de los partos quedaron presas del helenismo, y nadie puede negar ni el magisterio, en materia de construcción, de la  primera, ni la determinante aportación de ambas, a la Historia de la Arquitectura.

Casas de pisos del Yemen.Por otro lado, hay que partir de la forma en que Mahoma se había expresado en relación con la construcción de nuevos edificios, probablemente porque tuviera noticia de lo que Santa Sofía había costado y lo que estaba costando las reparaciones de su bóveda, y de como Justiniano había hipotecado su hacienda en el empeño, o por la propia experiencia del Profeta en la construcción de su casa, en la que debió contar con muy poca aportación de su comunidad. Lo cierto es que en el Corán podemos leer la expresión:

"...lo menos provechoso para un creyente, y lo que devora su riqueza, es construir".

En general, podemos admitir que la tradición constructiva del pueblo árabe para estos primeros tiempos del nacimiento del Islam se encontraba muy poco, o si se quiere, nada desarrollada, pero otra cosa es negar su evolución, su capacidad inventiva y su valiosa aportación a la construcción de la arquitectura islámica.

La climatología de Arabia junto a las bases de la nueva religión, definida por el Corán, y quizás o como consecuencia de esta última, la negación de la participación de la mujer en vida social, fijaron los parámetros desde los cuales han de justificarse y estudiarse las singularidades de la construcción islámica, con independencia de que en cada lugar aceptaran los materiales, las técnicas y las formas arquitectónicas locales, e incluso de que ocuparan los edificios existentes.

3.- CLIMA, SOCIEDAD Y ARQUITECTURA EN LOS TERRITORIOS DEL ISLAM.

La península de Arabia está bañada por las aguas del Golfo Pérsico,  por el Noreste; por las del Mar de Arabia en el Océano Indico, por el Sur y por las del Mar Rojo, por el Suroeste. Está cruzada por el paralelo veinte de latitud Norte y en consecuencia dominada por grandes áreas desérticas.Algunos sistemas de ventilación de las casas de Hormúz y del Sureste de Arabia.

Por su climatología y por su formación geológica queda dividida, de manera general, en dos regiones bien diferenciadas. La interior, ocupada por un desierto de arena, frecuentado por mesetas pedregosas que, aparte de la inseguridad frente a los frecuentes saqueos, no debía presentar grandes problemas para el tráfico de caravanas, que era verdaderamente intenso; y la franja litoral, que abarca desde Oman hasta la parte costera del Mar Rojo, donde El Yemen puede considerarse el gran  oasis de la península. En esta región, en la que el transporte marítimo tenía una gran importancia y ello justifica la posición vigilante de sus ciudades, el clima es cálido y con abundante humedad, en tanto que, en la zona interior el clima se define por temperaturas extremas y muy escasa humedad, incluso en invierno, cuando las noches pueden llegar a ser realmente frías. La Meca y Medina en la parte occidental de la península, Sana y Sibam en el Yemen, fueron los centros urbanos de mayor desarrollo.

Casi todos los territorios por los que se propagó el Islam, salvo contadas excepciones que pueden ser tenidas como oasis, pueden quedar calificados de regiones cálidas y secas o como regiones cálidas muy húmedas. Así, no debemos sorprendernos del increíble dominio que, desde siempre, el pueblo árabe tuvo sobre los agentes climáticos como consecuencia de la continua lucha plantada contra el medio. Al estudiar la primitiva casa árabe, nos encontraremos magnificas instalaciones realizadas para dulcificar la climatología interior. Así, podemos ver las cubiertas con chimeneas de ventilación en las casas de El Cairo, las magníficas torres de ventilación desarrolladas en el Golfo y en el Sur de Irán y las chimeneas con velas giratorias de las casa de Hormúz.

Para no insistir más en este aspecto pero sí para que se pueda valorar más acertadamente la importancia del mismo, añadiremos sólo que en Omán, donde las casas se situaban de forma que el conjunto de ellas permitieran la máxima circulación del aire, existía una ordenanza que obligaba a la demolición y a la búsqueda de otro emplazamiento, si la nueva casa producía el socaire o la interrupción de las vista de las casas vecinas.

La sociedad árabe estuvo dividida entre una comunidad sedentaria, no demasiado bien vista, dedicada a la agricultura, al pastoreo y a labores artesanales y otra más nómada dedicada al comercio. Esta última, además de suponer una parte amplia de la población, disponía de mejor consideración en la sociedad. Este sentimiento nómada estaba tan enraizado en la población, que en los patios de las casas se disponían plataformas y muretes bajos para la instalación de las tiendas de los parientes viajeros que, de forma temporal, permanecían en la ciudad pero que pertenecían a grupos de actividades menos sedentarias.

La mayor parte de la sociedad vivía de la agricultura aunque la tradición era pastoral. De todas forma la población urbana se agrupaba por familias, por razones étnicas o por gremios profesionales, de manera que la unidad básica o célula funcional de la estructura urbana no fue nunca la casa sino la calle, entendida como barrio, e incluso el propio barrio.

Como acabamos de exponer en el punto anterior, cuando el pueblo musulmán se puso en marcha bajo el movimiento islámico no disponía de tradición constructiva. Los árabes eran personas fuertemente enraizadas con el desierto y poco frecuente en los oficios, aunque si querían disponer de una casa tenían que construírsela ayudados por sus parientes o amigos, y por ello, todos desde eran niños habían tenido contacto con el adobe y participado en la construcción de algún edificio.

Actualizado 26/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|