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Inicio Colecciones  C1711 Aspectos singulares de la Decoración de la Arquitectura Islámica.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C17 Rama Arquitectura Islámica
C171 Rama El islam
C172 Rama Características de la arquitectura islámica
C173 Rama El hábitat del pueblo musulmán
C174 Rama La construcción doméstica. La casa árabe.
C175 Rama La arquitectura religiosa
C176 Rama La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario
C177 Rama La Mezquita Iraní o Madrasa y La Mezquita Otomana de espacio centralizado
C178 Rama El palacio
C179 Rama Caravansares y Jans.
C1710 Rama Estudio de algunos elementos constructivos
C1711 Rama Aspectos singulares de la decoración
C1712 Rama El entorno social y gremial

 

El capítulo de Aspectos Singulares de la Decoración de la Arquitectura Islámica se desglosa en los apartados: ASPECTOS SINGULARES DE LA DECORACIÓN DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA, LA TÉCNICA DEL ALICATADO y LOS MOCÁRABES "MUQARNAS"

ASPECTOS SINGULARES DE LA DECORACIÓN DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA.

La utilización del ladrillo vidriado había sido frecuente en Mesopotamia al menos desde el siglo IX a.C.. Asirios y babilonios habían decorado sus muros de ladrillos, siendo el mejor referente de aquel período antiguo, la Puerta del Istar que levantada el siglo VI a.c. mostraba una fina decoración de ladrillos esmaltados. El gran desarrollo alcanzado en Babilonia, proseguido por aquemenidas y sasánidas hace que, en Irán, el azulejo encontrara, tanto en técnica como en tradición, una larga historia, mucho antes de la etapa árabe. Por otro lado, desde el siglo IV a.C. griegos y romanos decoraron sus muros y suelos con fragmentos de cerámica y mármoles de variados colores, iniciando y desarrollando la técnica del mosaico, que bajo la técnica bizantina de pequeñas teselas de vidrios, alcanzó la perfección que hemos visto en San Vital de Rávena, y la calidad de los no menos bellos murales, que compuestos por maestros bizantinos ya en el período musulmán, encontramos en la Gran Mezquita de Damasco.

 


1.- LA TÉCNICA DEL ALICATADO.

Con la llegada al poder del califato abasí y el traslado de la capital del Islam a Bagdad, se inicia una recuperación de los valores persas y de toda su tradición constructiva. Con la construcción del Gran Dar al-Imara en Samarra, se desató una espléndida industria de la construcción, manifestándose esta ciudad, como el centro más fecundo de la producción cerámica de todos los tiempos, y donde, el azulejo, reinicia nuevamente la investigación que aún hoy se mantiene abierta.

No obstante, con el paso del tiempo, la técnica del mosaico se fue abandonando en favor de los azulejos vidriados. Inspirados en los objeto de gres y loza que llegaban de Asia Oriental, la investigación se centró en el logro de los reflejos metálicos. Así, Samarra se convirtió en el primer productor de cerámica vidriada de todo el Islam. Se dice que los reflejos metálicos y la fuerza luminosa de sus vidriados no se consiguió nunca en ningún otro punto del territorio Islámico. En Medina Azahara se han encontrado azulejos auténticamente mesopotámicos, por el sello del reverso de varios circulos con puntos en sus centros, procedentes de Bagdad y que, por su calidad y brillo metálico, se tienen como fabricados en Samarra. En Egipto se encuentran, con relativa frecuencia, objetos cerámicos procedentes de Samarra. Otro tanto puede decirse de Sidi Okba, donde azulejos de reflejos metálicos propios de Samarra, llegaron, en el siglo X, a Ciruán, procedente de Bagdad.

Hacía el año 1242 se forro con azulejos vidriados, decorados con ricos atauriques, la Madrasa Sircalí de Konya, resultando un trabajo tan admirable, que hizo que este se convirtiera en el modelo que generara las apetencias de los proyectistas del Irán y de Turquía, la cual era aún bizantina. En Turquía durante los siglos XV y XVII la cerámica decorada alcanzó una gran calidad, y en España la fabricación del azulejo decorado quedo enraizada en Andalucía.

Cairuán y Egipto fueron los propagadores de las técnicas de Samarra por el Norte de Africa, España y el Mediterráneo. En Occidente, la cerámica vidriada con los reflejos metálicos, más antiguo y que en un principio encontraron fama, fueron en Fustat (El Cairo) durante la dinastía fatimí. En Egipto el dibujo de azulejo decorado se lograba por estampación de un molde sobre la arcilla blanda, una técnica que más tarde, en tiempo renacentista se aplicaría al azulejo sevillano, bajo el nombre de "azulejos de aristas". En el siglo XII, en Siria se desarrolló una técnica de origen sasánida de capas superpuestas de vidriados y en la que una vez vidriado el fondo se pintaban con laca los motivos florales y caligráficos, y se introducían nuevamente en el horno a temperaturas más bajas.

Para estas fechas, en España, el lugar donde se fabricaban los azulejos con reflejos metálicos de mejor calidad era Málaga, ésta ciudad se constituyó en el centro de mayor producción de Occidente. Su fama hizo que fueran exportados hasta El Cairo. Aún se discute si los azulejos dorados de la cupulilla de La Torre del Oro de Sevilla, que fue construida por los almohades el año 1220, pertenecen a la producción malagueña, a la de Bagdad o si son locales, ya que también en ésta ciudad existían hornos para la fabricación de estos azulejos.

Valencia, Granada y Toledo, fueron también focos importantes de producción de los azulejos vidriados. En Granada se fabricaron los azulejos denominados "de gama fría", que se integraba por el verde claro, el azul cobalto, el blanco, el negro y a la que, más tarde ya al final del siglo XIII, se incorporó el morado. Para el siglo XIV Málaga se había consolidado como el gran exportador de azulejos dorados y de reflejos metálicos de Occidente. La mayor parte de los alicatados producidos en todo el Norte de Africa procedían de azulejos malagueños.  

El alicatado parece que tuvo su origen hacia el siglo XII y como una revalorización del mosaico, quizás como consecuencia de contacto entre Irán y China en relación con los intercambio de artes industriales. Es probable que el nombre de alicatado procede de "al-laqqat" que era el nombre de la tenaza (alicates) con que se perfilaban y ajustaban los aliceres o pedazos de cerámica vidriada para componer el alicatado.

La técnica del alicatado consistía en cortar un gran número de piezas distintas y repetidas, aliceres y trozos de azulejos, mediante cincel y tenaza, y terminados con escofina, que sobre una plantilla de preciso trazado, componían cintas y estrellas de diferente complejidad y colorido.

Las piezas o trozos recortados se colocaban boca abajo sobre la plantilla trazada en el fondo de la caja que definía la loseta de alicatado. Terminada la composición se vertía la pasta de yeso sobre los trozos hasta llenar la caja o loseta. Después de endurecer el yeso se desmoldeaba el panel. En ocasiones y para composiciones no excesivamente complejas, el alicatados se realizaba sobre los propios muros, con ayuda de patrones y múltiples hilos cruzados como referencias de replanteo. En realidad, los alicatados eran mosaicos compuestos por piezas de azulejos lisos, componiendo dibujos geométricos y caligráficos.

Superada la técnica, el complicado trazado de la decoración de laceria desarrollada en las celosías de madera y el de los yesos cincelados, fue aceptándose en las plantillas de los alicatados, los cuales vinieron a componer estrellas cada vez más complicadas. La geometría encontró en el alicatado la mejor forma de expresión. Giros y translaciones originaban nuevas investigaciones para las formas y polígonos irregulares que podían llenar las zonas muertas y servir de enlace entre las complejas estrellas desplazadas en una cuadrícula geométrica simple pero precisa.

La técnica del alicatado tuvo una gran acogida en el Norte de Africa y en España y puede decirse que los alicatados de la Alhambra no son frecuentes en Oriente, ni en calidad ni en cantidad. En Sevilla el alicatado no se introduce hasta mediados del siglo XV, que fueron colocados  en el Salón de Embajadores del Alcázar, ya en tiempos de los reyes cristianos.

La técnica del alicatado que aún se hace con idéntica maestría en muchos puntos del Norte de Africa, fue muy apreciada por laboriosa, pero siempre se estuvo buscando la forma, sin pérdida de la calidad, de sustituirla. De hecho, desde aquellos momentos primeros, en Sevilla se hacían intentos de aplicar las técnicas iraníes que consistían en vidriar repetidas veces. La loseta de barro, después de quedar perfectamente seca se cocía en horno a unos 950 grados centígrados, después se bañaba de plomo y estaño más los óxidos de coloración y se devolvía al horno para soportar una temperatura similar. El problema era lograr que los colores no se mezclaran en el proceso del vidriado. También hubo intentos de dibujar y grabar el azulejo ya vidriado. En Egipto ya se había iniciado la técnica de estampación.

Como conclusión de la investigación emprendida en al-Andalus, ante los problemas citados y para producir un azulejo propio hispanomusulmán, es decir, una cerámica española de tradición árabe que reemplazara al alicatado, los esfuerzos se centraron en dos formas. Estas fueron los llamados azulejos de "cuerda seca" y los de "artista o cuenca", pero debió ser hacia el último cuarto del siglo XIV, mientras Mohamad V construía el Palacio de los Leones en la Alhambra, cuando se inicio la técnica de la "cuerda seca", fundamental en la producción del azulejo decorativo renacentista, proporcionando los azulejos que lucen las enjutas o albanegas de la fachada sur de la Puerta del Vino en la Alhambra, los cuales constituyen una muestra de la calidad de los ejemplares que ofrecía esta técnica en su producción más temprana.

La investigación debió centrarse en encontrar una pasta o tinta grasa con óxido de manganeso para lograr el color oscuro con la que se dibujaba una línea o cinta que encerrara a todos los polígonos o formas que llevaban colores distintos a sus vecinos. Los esmaltes encargados de dar tintas a las distintas áreas en contacto con la grasa no se mezclan con ella. Este borde o línea oscura y continua que recercaba cada cambio de color debió tenerse como una inevitable cuerda, aunque se dice que el nombre de "cuerda seca" proviene de la técnica del esmaltado de objetos metálicos, donde los bordes repujados ya tomaban este nombre.

La técnica de "arista o cuenca" consistía en hacer que las áreas a tintar quedaran rehundidas, por estampación, de manera que el azulejo quedaba como un conjunto de platillos o cuencos con las formas de cada figura, donde se depositaba el color. En el siglo XV, mientras Málaga mantenía la producción de sus afamados azulejos vidriados de reflejos metálicos y dorados, Sevilla, Valencia, Mallorca y Zaragoza desarrollaron las técnicas de fabricación de sus azulejos decorativos.

Aunque toda la decoración árabe, incluso la de atauriques, tiene su base en la geometría, extraída de los textos griegos, fueron las cualidades y actitudes de aquellos artesanos las que lograron hacer de dicha ciencia un arte, el islámico. La técnica del alicatado nace tras los logros conseguidos por las celosías, primero talladas y caladas en yeso mediante cincel, y posteriormente labradas y montadas en madera. La celosía, que requiere esa transparencia que permite "ver sin ser visto" y por tanto, la ausencia de fondo, obligaba, en madera y por razón de rigidez, que los listeles o cintas e entrecrucen dénsamente, naciendo así, la técnica de la "laceria", en la que las piezas podían ser clavadas, encoladas y ensambladas. Pero era la propia facilidad de corte, acabado y unión de la madera, la que imponía una gran precisión en el trabajo y total exactitud en la definición de los "ángulos de corte". No obstante, fue la gran capacidad de síntesis del musulmán, la que le llevó a apreciar, mediante los cartabones adecuados, a la geometría como una ciencia susceptible de un proceso industrial y a convertir el arte en maestría artesanal.    

2.- LOS MOCÁRABES "MUQARNAS".

Los mocárabes como elementos decorativos constituyen una forma tridimensional que partiendo del arte del ladrillo fue autodefiniéndose, según se iba aplicando en piedra y desarrollándose madera o yeso. Su evolución debió darse como un conjunto de innovaciones simultaneas y probablemente sin conexión entre ellas, al menos hasta el período selyùcida en que generaliza su uso.

Formas como la "serreta" y la "moldura de arquillos" de las construcciones bizantinas y sasánidas podrían haber inspirados a los constructores y alfareros de Samarra, que deseosos de encontrar elementos para la seriación, fabricaron muy pronto, todavía en el siglo IX, piezas cerámicas, curvadas y cóncavas, capaces de componer pequeñas bóvedas y cornisas. Así, los aleros y balcones de los alminares, que se alternaban con aparejos en zig-zag, y que se habían resueltos con molduras de arquillos y otras formas de las artes del aparejo del ladrillo, tomaron definitivamente esta decoración para enfatizar sus modestos vuelos. Otras tantas razones de la industrial artesanal, encontrarían los constructores selyùcidas del siglo XI para que esta minuciosa decoración acudiera a la construcción y ornato de las trompas y pechinas.

Las trompas persas y las pechinas bizantinas habían resuelto bien el problema mecánico de la transición de la planta cuadrada a la forma octogonal o circular de los cimborrios y arranque de las bóvedas. Construidas en ladrillo y levantadas ya para el Islam, en las formas heredadas, vemos las espléndidas pechinas de la Gran mezquita de Damasco. No obstante, los constructores musulmanes encontraron, en estos rincones, una ocasión tentadora para innovar, llevando a dichos elementos la decoración de mocárabes. De esta manera, aleros, trompas y pechinas, se  labraron y construyeron, en piedra y en ladrillo, sin pérdida de su función estructural.

Las pechinas que resuelven los rincones del espacio cuadrado en los que se cruzan las  calles del Bazar de Alepo, quedando estos espacios a cielo abierto, sin cubrir por bóveda, nos muestran como el espacio cuadrado se transforma en u polígono de dieciséis lados, mediante pechinas de mocárabes que bien podrían haberse resuelto con un conjunto de molduras de arquillos superpuestas. Aquí, en los rincones del citado mercado, la opción decorativa que no debió nunca esperar la construcción de la bóveda, mantiene todo el valor estructural de la pechina.

Resuelta en piedra la construcción de trompas y pechinas, era fácil que esta forma de mocárabes, todavía estructural y decorativa, invadiera, primero las bóvedas de los nichos e iwanes de madrasas y caravansares, donde ya hemos visto que se habían generalizado, y que más tarde, se lanzara sobre el espacio, como superación de una invitación provocadora, a componer y resolver la bóveda en general. Es posible que la solución de la cubrición de los iwanes de Isfahán, que en sus formas y pliegues resuelven vuelos de sombrillas, mediante bóvedas de nervaduras de arcos ojivales y plementería tabicada, se inspiraran en las trazas y cortes más elementales de los mocárabes.

Al pasar a la madera, donde el material permitía mayor carga artesanal, se desarrolló una amplia industrialización basada en la precisión en el corte, ajuste y asociación de piezas elementales y seriables. El conjunto "piña" compuesta por esta serie de piezas elementales permitía vaciarse en yeso, incluso formas en descuelgue o estalastíticas. Esta labor y material vino a reducir su característica mecánica o a potenciar definitivamente su función decorativa y de forro.

Sin entrar en mayores e innecesarias indagaciones, los alminares más antiguos, labrados en piedra, datan del ultimo tercio del siglo X, y entre los edificios más notables de este período que aún lucen espléndidos mocárabes en su alminar, encontramos la Mezquita de Al-Azhar del Cairo y la Mezquita de ibn Tulún en la misma ciudad. Construidos en ladrillo, son dignos de reseñar los que adornan los balcones del alminar de la Mezquita Kalyán en Bujara. En cerámica vidriada son  preciosos los que lucen los alminares de la Aljama de Yawhar Sad, en Irán. El Palacio de los Leones de La Alhambra de Granada, constituye por sí sólo un autentico museo de esta decoración en yeso.

Actualizado 27/02/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|