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Inicio Colecciones  C174 La construcción doméstica. La casa árabe.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C17 Rama Arquitectura Islámica
C171 Rama El islam
C172 Rama Características de la arquitectura islámica
C173 Rama El hábitat del pueblo musulmán
C174 Rama La construcción doméstica. La casa árabe.
C175 Rama La arquitectura religiosa
C176 Rama La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario
C177 Rama La Mezquita Iraní o Madrasa y La Mezquita Otomana de espacio centralizado
C178 Rama El palacio
C179 Rama Caravansares y Jans.
C1710 Rama Estudio de algunos elementos constructivos
C1711 Rama Aspectos singulares de la decoración
C1712 Rama El entorno social y gremial

 

El capítulo de La construcción doméstica. La casa árabe se desglosa en los apartados: LA CASA ÁRABE DESARROLLADA. LA CASA PATIO y LAS CASAS DE PISOS DEL YEMEN Y LA MECA, COMO SITUACIONES SINGULARES.

LA CONSTRUCCIÓN DOMÉSTICA. LA CASA ÁRABE.

Como veremos más tarde, el misticismo impregna de tal modo a la arquitectura musulmana del período que estamos estudiando, que es difícil que cualquier edificio levantado en su territorio no pueda ser calificado como islámico o religioso. Por otro lado el carácter nómada de la sociedad islámica y lo fundamental de su comercio a grandes distancias, impone, en este trabajo, un capítulo relacionado con la arquitectura dedicada a ofrecer los servicios y atenciones a esta movilidad de mercaderes, estudiantes y peregrinos. Por todo ello, al tratar la construcción de la arquitectura doméstica reduciremos el punto al estudio de la construcción de la casa, del palacio y de los baños. No obstante, por no dejar para el final el importante capítulo de la arquitectura religiosa, atenderemos en este punto "La construcción de la Casa" y volveremos, más adelante a la construcción doméstica, para tratar "La construcción del Palacio".     


Diversidad y distribución de la tipología rural en el vaso territorio del islam.En relación con la casa urbana preislámica ó de los primeros tiempos del Islam, es difícil encontrar datos seriamente constatados, salvo los que como singularidades de restos existentes expondremos en este mismo punto. Lógicamente, la excavación arqueológica se ha centrado en los restos que han dejado huellas palpables de asentamientos importantes y siempre como consecuencia de la existencia de algún edificio notable. Pero la dificultad se hace más patente debido, como ya hemos señalado repetidamente, a que los materiales con los que el musulmán construyó sus edificios, fueron verdaderamente deleznables y, sus estructuras quedaban muy pronto en situaciones limites.

Por otro lado, la bibliografía que existe en relación con la construcción vernácula árabe es realmente pobre. Tampoco son muchas las consideraciones y conclusiones que, desde el punto de vista técnico, pueden extraerse de los trabajos o relatos de los incansables viajeros del siglo XVIII. Con todo, en relación con la construcción de la primitiva casa árabe, es posible que algunas de nuestras hipótesis puedan caer en lo especulativo o que la aportación que podamos hacer en relación con las formas de la construcción vernácula sea muy limitada. No obstante, las referidas dificultades no nos autorizan a sumarnos a las manifestaciones casi generalizadas de que hasta pasado el año 632 no existe una construcción árabe.

Tampoco podemos aceptar que la casa árabe responde a las prohibiciones del Corán y a las exigencias establecidas en las "suras" y en las reglas o tradiciones de la Sunna, pues ello nos llevaría a ignorar y a negar la existencia de una construcción vernácula árabe.

Es cierto que la casa árabe evolucionada responde, de alguna manera, a dichas prohibiciones y exigencias, pero no es menos cierto que esas obligaciones ya estaban en la sociedad musulmana y que debieron recogerse en dichos libros sagrados para regular la forma en que debían ser respetadas, probablemente con mayor reflexión y tolerancia. El sentido de santuario de la casa árabe y la reclusión de la mujer queda bien definido por el vocablo árabe "muhsana", que significa a la vez "mujer" y "custodiada", el cual es reiteradamente reflejado en las distintas suras o capítulos del Alcorán o Corán.

En la sociedad nómada, el marido debía ofrecer una tienda nueva a la nueva esposa en su noche de matrimonio. La novia, si pertenecía a otra tribu quedaba desheredada para no empobrecer a la tribu de procedencia, e igualmente, si una viuda se casaba con un hombre de otra tribu, abandonaba en ella todos sus bienes, por la citada razón.

En la sociedad sedentaria el marido tenía la obligación de dar aposento propio y separado del de las otras esposas. Así, la primera mujer, al ver que en su casa era introducida una nueva esposa, podía exigir que se le trasladara a otra vivienda distinta, de la misma categoría y condición social. En la práctica, esto sólo solía demandarse en caso de señores muy acaudalados y, en el caso general, las diversas esposas convivían en el harén, en dormitorios separados, ahogando, en cada caso, el odio a la favorita. Casa patio en Nubia (Egipto). Perspectiva.

El marido tenía derecho a prohibir a su mujer, salir de la casa para hablar, ver o visitar a sus amigas, para lo cual requería su permiso. No obstante, el marido estaba obligado a permitirle visitar a sus padres, en determinadas ocasiones y circunstancias.

En Egipto, del mismo modo que en Jordania y Siria la casa estaba resuelta desde los tiempos más remotos, sólo en Fustat, fundación musulmana de El Cairo, se podrán  desarrollar los modelos árabes de la casa patio, urbana o rural, que seguidamente expondremos. No obstante, queremos señalar la singularidad de las tempranas casas patios de Nubia desarrolladas en los asentamientos rurales de cierta entidad y que pueden considerarse como agrupaciones urbanas, las cuales engalanaban sus fachadas de manera original. Grandes flores, pintadas, rodeando las puerta y los huecos, trepaban hasta ocupar, graciosamente, casi toda la fachada.

1.- LA CASA ÁRABE DESARROLLADA. LA CASA PATIO.

La casa árabe se entiende como el núcleo doméstico "el harén", territorio inviolable de la mujer, en torno al cual se desarrollán las demás funciones de la misma. La habitación del marido está próxima al harén pero fuera del mismo. Este núcleo, no sólo se daba en la casa unifamiliar, sino que se mantenía en la casa de piso e incluso en la tienda. En ésta, las áreas de los hombres y las de las mujeres quedaban separadas por una cortina de estera o tela, y ella, era suficiente y religiosamente respetada. Llegar a la mujer supone batir un conjunto de barreras y puede decirse que el sentido del velo forma parte del introvertismo de la casa.

La altura del muro debe ser tal que las zonas domésticas de la casa no sean vistas desde el exterior. No hay huecos en la parte baja y, de haberlos, tienen que estar por encima de la altura de los ojos de los transeúntes. En la planta alta los huecos solían tomar mayores dimensiones, pero en cualquier caso, incluso los que se abrían al patio, se cerraban por celosías y cuerpos saledizos, "ajimeces", de manera que en caso de que el marido invitara a algún pariente o amigo, la mujer pudiera conocer lo que ocurría en su casa y participar de la vida social y doméstica, sin ser descubierta. Manifestaciones consagradas, como las siguientes, cuyos contenidos han sido siempre fielmente respetado, manifiestan claramente el espíritu de inviolabilidad de la casa árabe.Casa patio en Nubia. Planta y alzado.

"....la mujer puede y debe ver sin ser vista ...".

"... Si un propietario pretende subir a su palmera para podarla, y desde ella puede ver el interior de la casa de otros propietarios, este debe avisar a dichos vecinos del día y la hora en que pretende hacerlo".

La casa árabe, fue siempre una casa patio, entendiendo como tal, cualquier agujero en el techo por el que entra la luz, el aire y hacia el que se vuelca toda la vida y actividad de la misma. Incluso en las situaciones más urbanas el patio tiene la función de ordenar la vida doméstica y la de buscar y regular el clima en el interior de la casa, que ha de ser bastante ajeno al ambiente exterior. Por ello, buscar el emplazamiento, estudiar la orientación y el aprovechamiento o resguardo de los vientos dominantes, construir su recinto, decidir el lugar de la puerta y la disposición de las primeras edificaciones en el patio, es fundamental para el árabe. Después, la casa árabe no se verá nunca acabada.

La facilidad que tiene el árabe para adaptarse a un recinto es enorme y, salvo la diferenciación entre el harén y la zona ajena al mismo, cualquier espacio es, desde el aspecto funcional, polivalente.Casa árabe desarrollada. Plantas y sección de un prototipo de casa patio.

El hecho de que el árabe pueda incrementar el número de esposas y con ello el de los  aposentos de la casa, hace que ella sea siempre entendida y sometida a un  proceso de transformación y crecimiento. Por esta razón, en la definición del recinto y en el levantamiento del muro, que va a definir al mismo, así como en determinar la posición y categoría de la puerta de entrada, es donde el musulmán, como acabamos de señalar, pondrá mayor empeño y cuidado. Su interior será una consecuencia del devenir, de la que se sentirá menos responsable.

En la casa árabe, e incluso esto se puede extender a cualquier edificio islámico a excepción del caravansar, es raro encontrar en su planta una disposición simétrica del trazado, lo cual sería aceptar el establecimiento de unos limites de definición. Asimismo, en su construcción y estructura, es difícil identificar las fases de su evolución, ya que el desarrollo de la casa responde más a la manera esporádica de crecimiento de una formación coralina que a una sucesión de ampliaciones ordenada. La planta nace con pocos locales, y como hemos dicho, pensada para crecer, tanto horizontal como verticalmente.Casa urbana en Arabia Saudí, de dos plantas, con patio muy agotado por su crecimiento.

Las viviendas urbanas, en la zona del harén, disponen de tantos dormitorios como esposas mantiene el dueño de la casa, sin comunicación entre ellos. Para cada dormitorio se disponía de una cocina,  despensa, baño y una pequeña estancia comunicada con el dormitorio. Dotar y sostener una casa con estos requerimientos, en la que todas las esposas debían mantener igual estatus, cuando el marido podía tener hasta cuatro esposas, no estaba al alcance de todo musulmán, pues este era un lujo que sólo el señor acaudalado podía sostener. Por otro lado un musulmán de esta condición social debía tener su dormitorio junto al harén y, a la vez disponer, obligatoriamente apartados del harén, uno o varios salones para agasajar a sus huéspedes masculinos. Además, en razón a la no interferencia de esas áreas de privacidad, este programa de necesidades requería una compleja distribución, con itinerarios de doble circulación. Esta última, será una de las característica más clara y propia del palacio.

El patio, incluso en los edificios religiosos, está presente en todas las construcciones musulmanas. La vida al aire libre y un cielo radiante, exento de brumas, condiciona la localización de las habitaciones y determina la existencia del patio, como elemento capaz de regular un microclima interior. En la introvertida construcción islámica, el número de fachadas de la casa no tiene ningún interés y siempre abrirá sus locales al patio. La casa urbana, entre medianeras, aceptó el pequeño patio rodeándolo de habitaciones por tres de sus lados. Así, el patio interior encerrado, es propio de las áreas urbanas, en tanto que el gran patio, en el que sólo en uno o dos lados se apoyan las edificaciones, es común en las áreas rurales.

El sol no sólo condiciona la forma de la vivienda, sino que determina la decoración de las fachadas. Las masas han de ser simples y los colores brillantes y vivos. De esta forma, los mocárabes no requieren grandes fondos, pues la sombra de profundos huecos podría terminar por ocultar la riqueza de la decoración. La concepción, común a todos los países del Islam, de una decoración en base a relieves poco profundos o decoraciones planas, como son los atauriques, viene motivada por esa excesiva luminosidad del mediterráneo y de los países de su vasto territorio.

La casa árabe tiene una entrada retorcida y única, la cual da acceso al patio y, en algún caso, como ocurría en Isfahàn, a un largo pasillo que se interponía entre la puerta principal y aquél. El recorrido del visitante por el pasillo ofrecía a las mujeres el tiempo necesario para volverse al harén. Si había algún elemento que mostrase algún signo social en la casa de un musulmán, este era la puerta, la cual era además, expresión de su buena conducta. Una puerta de madera tallada con gran calidad, cargada de decoración, sobretodo después de realizar su peregrinación a La Meca. En la puerta quedaba grabada la fecha de este viaje y colgados los recuerdos traídos expresamente para ello. Si la Administración dictaminaba el embargo de los bienes del dueño de la casa, lo primero en retirarse era la puerta, fundamentalmente si ésta era objeto de nobleza. En caso de disponer, la casa árabe, de una segunda puerta toda la decoración se exponía en la puerta principal.

Cuando la casa tenía una segunda puerta, esta daba a un pasillo por el que se comunicaban las zonas privadas de distintas casas vecinas, o de parientes. En este pasillo sólo las mujeres podían conversar o visitarse a través de él. En algunos casos las casas por las zonas del harén estaban comunicadas por una galería por la que las mujeres podían pasar de esta zona privada a la de igual uso de la casa vecina.

La escasez de lluvias y  el carácter semi-árido o desértico de las regiones que ocuparon los árabes, justifica que los gobernantes decididamente previeran las fuentes públicas, que el aristócrata la introdujera en su palacio y que el rico burgués estableciera en el jardín de su casa el estanque con su sonoro surtidor. En la arquitectura árabe el agua abundante no es sólo un lujo, sino que es un elemento fundamental para el reposo y la comodidad. Es el símbolo más evidente de la seguridad y poder del dueño de la casa.

En el interior de Arabia las casas se dotaban de gruesos muros, generalmente de adobe, aunque en algunas ocasiones este ladrillo sin cochura era sustituido por la floja caliza local. Las habitaciones tomaban pequeñas dimensiones y, como en las áreas rurales, la decoración era escasa y de poco relieve, incluso en las casas de destacado rango.

En la zona costera del Sur de Arabia los muros se construían con tapial de barro aglomerado con conchas y ripios de piedra coralina, de apariencia poco sólida. Salvo en las viviendas en torres, donde la construcción fue de un adobe bien trabajado, la construcción era muy deleznable. Aquí, los edificios eran muy abierto y trataban de aprovechar las corrientes de aire fresco y la brisa procedente del mar.

La celosía tiene la función de defender del sol a los moradores de la casa, facilitando la circulación del aire y, atendiendo a la función religiosa de proteger a la mujer de ser vista. Se puede decir que fue en este lugar de la costa Sur de Arabia donde nace la celosía con la función doméstica que hoy se conoce en Andalucía. Amplios paneles de celosías construidas en yeso y en madera, podemos verlos paseando por la parte vieja de Bagdad.

2.- LAS CASAS DE PISOS DEL YEMEN Y LA MECA, COMO SITUACIONES SINGULARES.

Casas de pisos en el Yemen.Como ya hemos adelantado al tratar de la construcción predinástica, en  El Yemen se dio un foco extraño y singular desde el punto de vista constructivo, un tipo de agrupación apiñada de edificios "casas-torres" que alcanzaban una densidad altísima. Estas torreadas construcciones se apretaban sobre pequeñas colinas artificiales y presentaban un claro aspecto de fortaleza o atalayas defensivas. Como tipología urbana se desarrolló en Sad'a, construida totalmente en barro y con autentico aspecto de torre fortaleza; en San'a donde sus muros serios y bien aplomados, ciegos o con grandes huecos, según la orientación geográfica, fueron de ladrillo sobre un amplio basamento de piedra; y es posible que las elevadas casas de pisos de La Meca, encuentren su origen en este prototipo yemenita.

Las escaleras sobre bóvedas rampantes, eran muy bien trazadas, descargaban sobre un núcleo perfectamente definido, integrado en la torre y responsable de su estabilidad mecánica. Fuera de él los forjados se resolvían mediante vigas de madera, tablazón continua y gruesa capa de arcillaEl pasajero que pasee hoy por San´a, sin darse cuenta queda sumergido en puro siglo VI, absorbido por la magnífica forma en que sus casas de pisos han conservado su estado original..

Al pie del Río Jarul y de la falda oriental de la suave cadena montañosa de Tihama en el corazón del Yemen, se emplazó la antigua San'a, que se constituyó en el centro comercial de mayor interés de la península arábiga. Aquí las citadas casas de pisos superaban con frecuencia las ocho plantas y los muros se resolvían en sus dos primeras plantas, y hasta una altura próxima a los 7,00 m., en piedra. Esta parte baja del edificio se levantaba mediante una sillería bastante regular y bien escuadrada, mostrando una solidez fuera de toda duda.

En las plantas superiores, el muro se alzaba en una fábrica de ladrillos de pobre cochura, que se dice de adobe, pero de una arcilla de magnifica calidad, que muestra el carácteristico color tostado de larga cochura a baja temperatura. A parte de los abultados decorativos pintados a la cal, el cuidadoso aparejo quedaba sin revestir y, con frecuencia, esta fábrica de ladrillo se fortificaba con refuerzos de madera, propios de alguna influencia fenicia. Los aparejos exteriores que, que como hemos dicho, en buena parte iban a quedar sin revestir, tomaban decoraciones rómbicas, de espiga y otras formas variadas, que se alternaban o combinaban, dentro del mismo edificio.

Las fachadas se decoraban abundantemente mediante abultados de revocos, embarrados, y de mortero de cal, en torno a los huecos. En  San'a, la actual capital Sana, se componían las grandes ventanas adinteladas, coronándolas con huecos resueltos en arcos de medio punto, en cuyos prolongados tímpanos, se insertaban grandes óculos o celosías de estrellas de yeso. Estos anchos abultados que jambeaban las ventanas, se prolongaban verticalmente pasando de un hueco a otro. De esta forma se daba mayor realce a la verticalidad de la torre. Las ventanas se cerraban por magnificas celosías y se protejían del sol por tejaroles planos o viseras de tablas horizontales de muy pobre vuelo. El hecho de que los recercados, que venimos describiendo, se pintaran a la cal introduciendo en la fachada una gran luminosidad sobre la fábrica de ladrillo, daban a la misma un aspecto treméndamente vistoso.

Las cubiertas de estas torres se resolvían con azotea visitable y, sus pretiles, se coronaban con merlones decorativos a modo de grandes palmetas caladas, dotando al edificio de una crestería pintada de blanco, no menos vistosa que el resto de la fachada. La categoría de algunos de los edificios que, aún podemos contemplar, no dejan duda de la presencia de maestros constructores, experimentados en el arte de levantar edificios y conocedores del aparejo de los muros.

Casas de pisos. Torre urbana en San´a (Yemen)Sólo para ratificar la importancia que San'a debía tener y de sus vinculaciones con La Meca, ya en tiempo de los primeros pasos del Islam, digamos que su gran mezquita, que luego sufrió repetidas reformas, fue construida al mismo tiempo, al amanecer del siglo VIII, con el mismo modelo y por el mismo califa omeya, Al-Walid I, que la mezquita que, en Medina, se levantó sobre la casa del Profeta.

En la parte central y más árida del Yemen, en la vieja Sab'a, actual Marib, que ya para aquellos tiempos preislámicos, era conocida por la bondad de sus perfumes y celebre por la belleza de su distinguida reina Balki que, según la leyenda, había viajado a Jerusalén y enamorado a Salomón, los edificios, o atalayas se apiñaban sin responder a ningún trazado de calles, ni a la mínima ordenación urbana.

Toda la edificación se resolvía en adobe y las fachadas eran ciegas o disponían huecos muy pequeños. Estos ladrillos sin cochura, se mantienen en un perfecto estado, gracia a las condiciones climáticas del lugar, pero sin duda, debieron tener un grado enérgico de amasado y prensado, una arcilla de buena calidad y un amplio secado.

En el  Norte del Yemen, en el área más próxima al Mar Rojo, el muro se labraba en sillería tosca y se revocaba completamente con barro. Sobre este embarrado se redibujaba una simulada sillería de hiladas regulares que, horizontalmente, se alineaban bien con las dimensiones de los huecos. Estas casas-torres se coronaban mediante almenas y matacanes. En la mayor parte de los casos estas almenas tomaban formas decorativas y se blanqueaban con cal. Por ello y por el carácter defensivo de estas atalayas, las azoteas eran accesibles.

La Meca el centro más importante del Islam y lugar de nacimiento de Mahoma, era, con anterioridad a este acontecimiento, el centro urbano más importante de Arabia.

También La Meca dispuso, desde los tiempos preislámicos, un gran número de empinados edificios de manera que se puede decir que la construcción de hasta seis planta, se tenían como frecuente. Estos edificio mantenían la disposición del parcelario urbano, de forma que se trataban como edificios entre medianeras. La norma de construir en altura era tan general que hasta graneros y almacenes se construían con dicho número de planta. 

En La Meca, como en San'a sólo la parte baja de los edificios, a modo de zócalo, era de piedra, continuando el muro hasta alcanzar su altura de coronación mediante fábrica de ladrillo, reforzada con una estructura de madera. Pero lo más digno de reseñar en estas construcciones eran sus grandes huecos de fachada que, a veces, ocupaban todo el frente de la habitación, para cerrarse posteriormente mediante planos totalmente de madera, perfectamente enrasados con la fachada o mediante grandes ajimeces o balcones saledizos. Abundaban sobre las fachadas estos grandes ventanales y ajimeces repletos de ricas celosías, cuyos balcones resolvían su vuelo por medio de ménsulas pétreas o de madera.

Actualizado 26/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|