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Inicio Colecciones  C175 La Arquitectura Religiosa.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C17 Rama Arquitectura Islámica
C171 Rama El islam
C172 Rama Características de la arquitectura islámica
C173 Rama El hábitat del pueblo musulmán
C174 Rama La construcción doméstica. La casa árabe.
C175 Rama La arquitectura religiosa
C176 Rama La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario
C177 Rama La Mezquita Iraní o Madrasa y La Mezquita Otomana de espacio centralizado
C178 Rama El palacio
C179 Rama Caravansares y Jans.
C1710 Rama Estudio de algunos elementos constructivos
C1711 Rama Aspectos singulares de la decoración
C1712 Rama El entorno social y gremial

 

El capítulo de La Arquitectura Religiosa se desglosa en los apartados: LA MEZQUITA Y SUS ELEMENTOS FORMALES, LAS FORMAS ESTRUCTURALES COMO GENERADORAS DE LOS TIPOS DE MEZQUITAS, LAS PRIMERAS MEZQUITAS. LA CASA DEL PROFETA EN MEDINA, LA MEZQUITA DE KUFAH, LA MEZQUITA DE MEDINA. LA RESTAURACIÓN COMO RESPETO A LA MEMORIA DEL PROFETA, LA GRAN MEZQUITA DE DAMASCO, LA GRAN ALJAMA DE CÓRDOBA Y EL NACIMIENTO DE UN ARTE HISPANO-MUSULMÁN, LAS MEZQUITAS ALJAMAS DE CAIRUAN, MARRAQUECH Y TREMECEN y LA GRAN MEZQUITA DE SAMARRA Y LA MEZQUITA DE IBN TULUN, MUESTRAS DE LA CONSTRUCCIÓN ABASÍ.

LA ARQUITECTURA RELIGIOSA

Es difícil poder extraer la condición religiosa de cualquier edificio musulmán, y es que, este aspecto en el Islam, es algo más que una profesión de fe. Para el musulmán la religión es la base del pensamiento político y del comportamiento ético y social. Por ello, como ya hemos señalado, podríamos encontrar el carácter religioso en una fuente o en un jardín palacial de la misma manera que lo hallamos en la mezquita y como lo encontraríamos en la construcción funeraria más elemental.

 


1.-LA  MEZQUITA Y SUS ELEMENTOS FORMALES.La Casa del Profeta, en Medina.

Tratar de encontrar arquetipos preislámicos para establecer el origen de la mezquita hipóstila es bien fácil. Sin separarnos excesivamente ni en el tiempo ni en el lugar podríamos dirigirnos con esta intención a los témenos y basílicas romanas de la misma forma que podríamos hacerlo a las salas hipóstilas de Darío y Jerjes, así como, respecto a su evolución más temprana, podríamos hacer referencia a las basílicas sirias y a otras construcciones concretas. No obstante, nos parece excesivo y no encontramos ninguna necesidad para ello. La  Casa del Profeta contiene en si misma todos los elementos necesarios para establecer el arquetipo válido, a pesar de que al extenderse el territorio del islam la tipología fuese variando, acomodándose a las exigencias locales, sin que la mezquita dejara de ser una gran sala hipóstila precedida por un amplio patio.

Para el musulmán lo sagrado no es el edificio, lo sagrado es la dirección litúrgica o de oración, la línea virtual que desde cualquier punto de oración lo une con "la Kaaba" de La Meca. Una mezquita queda constituida en cuanto que alguien tiene necesidad de orar y define un rectángulo que le aísla del exterior. Puede ser por tanto una estera, una manta o simplemente un rectángulo dibujado en el suelo con uno de los lados perpendicular a la dirección litúrgica. Esta dirección, se define como uno de los radios de la rueda que conformó el Islam en su expansión. Perpendicular a este radio se levanta "la qibla" o muro en el que se situará "el mihrab", que como hemos dicho, tampoco este nicho, es sagrado para el musulmán. El mihrab suele constituirse por un nicho resuelto por un arco y enmarcado por dos delgadas columnillas. Delante de él, se sitúa "el Imàn" o persona que dirige la oración. Con todo, el mihrab es sólo una referencia de dirección. Al principio era una piedra colocada en un punto, de manera que el eje se constituía  por la línea que unía ésta con la piedra negra de la Kaaba en La Meca. Después fue una lanza clavada en la arena, mirando al cielo, y finalmente se consolidó en un nicho. Al parecer este nicho propuesto por los artesanos coptos sin otra intención que la puramente decorativa, debía alojar a la lanza, pero fijada la dirección por el nicho, hacía innecesaria la presencia de la lanza.Alminar de la Gran Mezquita de Samarra, construido en ladrillo. Período abasí.

El mihrab se introdujo el año 707 al construirse la Mezquita de Medina sobre la casa del profeta, resultando que el nicho fue interpretado como un resonador acústico. Los constructores y artesanos coptos que trabajaron en esta construcción entendieron que debían dedicar lo mejor de su arte a este punto de referencia al que todos, salvo el imàn, debían dirigir su atención. Este nicho, que como hemos dicho resultó ser un buen amplificador de la palabra del imàn, como mihrab es uno de los pocos elementos fundamentales que acompañará a cualquier mezquita.

En una mezquita puede haber más de un mihrab, normalmente emplazados a modo de capillas laterales. Así lo podemos ver en la mezquita "Al-QanatirEsta pequeña mezquita que restaurada se conserva dentro del castillo del Puerto de Santa María, data del siglo XII y con planta de pequeña iglesia basilical de tres naves, muestra el sentido cuántico de la arquitectura musulmana, por medio de sus perfectos arcos apuntados de herradura. " en el Puerto de Santa María (Cádiz). En estos casos, estos nichos menores mantienen la misma dirección que el principal y suelen ser de decoración más modesta para dejar bien claro cual es el auténtico mihrab.

"El masjìd", postración ante Alá, o mezquita desde la cual el musulmán cumple con su precepto de oración, cinco veces al día, no requiere ningún mobiliario. La oración en "el jamì", del viernes, o mezquita aljama, a la cual debe acudir la comunidad musulmana el viernes al mediodía, lleva consigo el sermón ofrecido por el imàn desde "el mimbar".

El mimbar fue introducido por el propio Profeta en su casa de Medina. Era una escalera de cuatro escalones, construida con madera de tamarindo, en cuyo penúltimo escalón se sentaba Mahoma, de frente a la comunidad, para contar las revelaciones y dirigir la oración. Desde entonces constituye el mobiliario imprescindible de la mezquita del viernes. Sólo en la mezquita aljama es obligatorio este púlpito, como mobiliario fundamental. Nuevamente fueron los artesanos coptos, maestros en la orfebrería y en la talla de la madera, los responsables de haber ido dotando de categoría artística e incluso arquitectónica al mimbar. Así, el mimbar queda entonces definido como el púlpito o ambón desde el cual el imàn dirige la oración y predica el sermón. Colocado a la derecha del mihrab, en ocasiones, llegó a quedar cubierto con bóveda y remate de bolas. Se ha construido, en mármol, en hierro y en magníficas maderas. El construido en madera, con o sin incrustaciones de marfil y piedras preciosas, siempre fue ricamente tallado y tratado, llegando a constituir verdaderas obras de arte y de arquitectura. En Estambul los podemos ver, de la etapa otomana, de hasta 10 m. de altura.

Otros elementos y áreas, como la "macsura" o sitio delante del mihrab, reservado y protegido por canceles para el califa o para el príncipe mientras realiza su oración, pueden diferenciarse en la mezquita, pero ellos irán apareciendo según avancemos en este trabajo.

Un buen día, Mahoma pidió a uno de sus sirvientes que se subiera a un lugar fácil del tejado de su casa y que desde allí, con voz clara, llamara a la oración. El canto de aquel hombre de voz dulce y agradable que cada viernes al mediodía  convocaba a la comunidad del Profeta se convirtió en ritual y, aquel sirviente en el primer "almuedano".

Cuando al-Walid construyó la mezquita aljama de Damasco, aprovechó una de las torres romana del témenos del arruinado templo de Júpiter para que el almuedano entonara, desde ella, la dulce llamada a la oración. De esta forma, a partir de la construcción de la Gran Mezquita de Damasco, el "alminar" pasó a ser uno de los elementos arquitectónicos que, de forma definitiva, acompañaría siempre a la mezquita. El alminar es la torre que en el mundo islámico tiene la función de llamar a la oración y, muy pronto, dentro de aquella arquitectura horizontal y monótona, tomó un sentido claramente referencial del emplazamiento de la mezquita. Llevado a la arquitectura otomana pierde su función primordial, manteniéndose como elemento simbólico y de poder. La categoría de una mezquita turca está en función del número de alminares que la rodea.Alminar de la Mezquita de Ibn Tulún, en el barrio al-Qata´i, en el Cairo.

El nombre de "alminar o minarete" procede de la palabra árabe "minara" que en esa lengua significa "faro". Así, es muy posible que el alminar tuviera su arquetipo en los faros romanos. No obstante y aunque el alminar de Cairuán parece tomar como modelo al ya, para entonces, desaparecido y mítico faro de Alejandría, las formas que tomaron los alminares fueron muy diversas, respondiendo siempre a la tradición constructiva local y al modelo edificatorio de cada lugar. Así, en Mesopotamia parecen responder al Ziggurat o a las torres babilónicas y se construyeron como una gran masa de ladrillo, separados de las mezquitas. El conocido alminar de la Gran Mezquita de Samarra, cuya construcción se inició el año 848, ya bajo el califato abbasí, es una potente torre circular que se eleva sobre una plataforma cuadrada. Construida en ladrillo, constituye una hélice cónica maciza, dotada de una rampa exterior que da cinco vueltas en el sentido contrario al de las agujas del reloj, para llegar a un pequeño edificio observatorio situado en lo más alto de la torre. La altura del alminar supera ligeramente los 50 metros.

En el Norte de Africa, Egipto y España, el alminar se pegó al muro del recinto y se alzó como un potente prisma de base cuadrada. Sus planos, aunque decorados, mantienen una gran rotundidad. El arquetipo de todos estos minaretes del Norte de Africa y España, construidos fundamentalmente en ladrillo, debe tenerse en el alminar aglabí de la temprana aljama de Cairuán. De entre los alminares de Occidente que constituyen piezas de mayor interés, nosotros además del ya mencionado de Cairuán señalaremos sólo el inacabado alminar de la Mezquita al-Hasan en Rabat, el de la Mezquita Kutubiyya de Marraquech, en los que es fácil encontrar la huella del desarrollado arte hispano-musulmán, el de la Mezquita de Córdoba y el de la Mezquita Mayor de Sevilla. La altura de estas torres se acerca o supera ligeramente a los 60 metros.       

La construcción desarrollada en Samarra durante el período abbasí, ejerció una enorme influencia en el Egipto tuluní. Ello queda patente en los soportes cuadrados, con columnillas en sus esquinas, de las arquerías de la Mezquita de Ahmad ibn Tulún en al-Qata'i (El Cairo) y en su alminar, construido en piedra caliza local, estucada. Este alminar, se levantó el año 876. Sobre la mezquita se remonta un primer cuerpo cúbico, con ventanillas gemelas ciegas, resueltas por pequeños arcos circulares de herradura y columnilla parteluz. Sobre este cubo con peto, se alza el segundo cuerpo circular, envuelto por una escalera exterior en espiral. Por encima de este inexpresivo cilindro se alza un delicado cuerpo de remate compuesto a su vez por dos piezas separadas por una fuerte moldura volada de mocárabes y cuya delicadeza contrasta con la sobriedad de los cuerpos inferiores. Algunos minaretes de singular interés, de la Arquitectura Islámica.

En Oriente, el alminar se contaminó o tomó las formas más puras de los remates torreados de la arquitectura indú. Para no alargarnos más en este atractivo punto, sólo reseñaremos el "Gran Alminar de Delhi" de más de 72 m. de altura, que fue construido el año 1.198 junto a la mezquita de Qutb al-Din. Como en Samarra, fue frecuente que en esta parte de Oriente el alminar se alzara separado de la mezquita. Este dispone de tres cuerpos inferiores separados por ricas cornisas que conforman cortas balconadas. Estos cuerpos bajos, conforman un complejo tronco de cono de planta estrellada, suavizada por lóbulos salientes, de modo que formando ases de pilastras circulares y apuntadas definen una tipología que se ha dado en llamar de tubos de órganos. La decoración es floral y caligráfica. Aún se le añadieron, superada la primera mitad del siglo XIV, dos cuerpos cilíndricos para elevar más la exagerada altura de la torre. Sobre rasante, arranca con una planta con 15 m. de diámetro y se culmina con otra igualmente circular de 1,5 m. de radio. La afilada torre debió inspirar a los arquitectos del período otomano, de manera que los alminares de dicho período turco se alzaron como delgados cilindros, que sólo envolvían a una angosta escalera de caracol, que se remataron con pronunciados chapiteles cónicos.

Sección acotada de la Giralda.El Alminar almohade de la Mezquita Mayor de Sevilla debió comenzar su construcción hacia la mitad del siglo XII, a imagen del minarete de la Kutubiyya y por iniciativa de Abu Ya'qub Yusub, gobernador de Marruecos. Jakub Almanzor continuó la construcción quedando la dirección de las obras a cargo del maestro alarife Alí de Gomara. Al parecer para el año 1195 se colocó el yamur de remate que daba las obras por finalizadas. 

Propio de la construcción almohade, el alminar de planta cuadrada de 13,55 cm. de lado que orientaba sus esquinas con una desviación de 11 grados sobre los cuatro puntos cardinales, mostraba enorme sobriedad en sus fachadas de ladrillo, a pesar de la decoración rómbica de arcos entrecruzados que a partir de la mitad de la altura de su cuerpo bajo se labraban y enmarcaban en esbeltos recuadros. Sobre los 50 m. de su primer cuerpo se construyó la linterna, también de planta cuadrada, coronada con bóveda, que llevaba las bolas de su remate hasta los 67 metros.

Un terremoto habido el mes de Agosto de 1395 y un fuerte huracán acaecido casi simultáneamente, terminaron por dañar el remate de bolas y la torrecilla o cuerpo alto. Por ello, en 1560 el arzobispo Cristóbal Valdés pidió al arquitecto Hernán Ruiz, maestro mayor de la Catedral, que se encargara de arreglar la torre, quien propuso, proyectó y llevó con total dedicación el cuerpo renacentista que hoy se alza sobre el primer cuerpo almohade y que fue acabado el año 1568. Bartolomé Morel fue el escultor al que se encomendó la ejecución del bronce de mujer que representando a la Fe o a la Victoria giraría como veleta por encima de la terraza de las azucenas, en la parte más alta del monumento y que, por dar vueltas, tomó el nombre de giraldillo y dio el mismo, a la torre. La estatua vaciada en bronce de gruesas paredes pesaba 1.015 kilogramos.

La cimentación alcanza una profundidad de al menos 20 m., llegándose hasta los 15 m. con una amplitud que no sobresale del plano vertical de los paramentos de la torre. Por debajo de esta cota y hasta la profundidad máxima citada, la cimentación se amplía con hasta tres plataformas escalonadas. Estos datos se estimaron a lo largo de las obras realizadas en 1885 con motivo de la apertura de los pozos para la colocación de las masas y conductores de los paraAlminar de la Aljama de Cairuán. Arquetipo de los minaretes de Occidente.rrayos, según describe las obras Alvarez Benavides. La cimentación es de piedra caliza  con un núcleo de materiales cerámicos y pétreos de vertido.

El espesor de los muros exteriores es de 2,08 m. en la base de la torre y crecen en anchura hasta los 2,30 m., espesor que se alcanza en la base del cuerpo de campanas. El zócalo pétreo se levanta mediante una sillería de piedra caliza que se remonta hasta 1,80 m. sobre la cota del acerado. La cornisa del primer cuerpo o última moldura de la parte almohade conservada, se sitúa a 50 m. respecto al citado nivel de calle. Sobre este cuerpo bajo se elevan los cuatro cuerpos de la obra renacentista. La cota de la cornisa del primero de estos o "cuerpo de campanas" es de 64,55 m., sobre ella se sitúa la "terraza de las azucenas", llamada así por lucir los pilaretes de esquina de su pretil, remates con azucenas de forja. El siguiente cuerpo, denominado "de reloj", que se alza como prolongación del núcleo interior de la torre, sitúa su cornisa a la altura de 73,50 m. Este cuerpo se alza con planta cuadrada de 6,00 m de lado, sus muro toman un espesor de 1,50 m. y se corona o cubre con bóveda. El penúltimo cuerpo de la torre actual es rotondo y conocido como "de las estrellas" y sitúa su cornisa en la cota 79,50 m. Por ultimo el cuerpo de la cupulilla de remate de la torre o "cuerpo de carambolas"  cuya cúpula dispone la clave para recibir la esfera y el pie del giraldillo a 85,80 m. sobre la cota de la acera. La bandera más alta de la estatua de la Fe se eleva por encima de los 96 m., teniéndose a esta como la altura superior del monumento.

Toda la obra almohade y buena parte de la renacentista, esta realizada en ladrillo de buena calidad y adecuada cochura, a la vista de lo magníficamente que se ha conservado el monumento. Mayores bondades podríamos recalcar de la ejecución de la fábrica de ladrillos que aparejan sus muros, pero no dejaremos que la admiración por la belleza de esta torre nos haga consumir más renglones de los debidos en este trabajo.

2.- LAS FORMAS ESTRUCTURALES COMO GENERADORAS DE LOS TIPOS DE MEZQUITAS.

Mahoma reunía a la comunidad religiosa en su propia casa de Medina, concretamente a la sombra de un cobertizo que había hecho construir en el muro del lado Norte, orientado a Jerusalén, y que más tarde pasaría al muro Sur, orientándose definitivamente a La Meca. Aunque la Casa del Profeta no puede tenerse como la primera mezquita hipóstila, ya que se trataba de una construcción rudimentaria sin ninguna pretensión edilicia, aquella construcción con su pórtico, opuesto a la entrada del patio, de largo frente cubierto de ramaje y barro, sostenido por una estructura de troncos de palmeras, fijó las partes esenciales de las primeras mezquitas o de la mezquita más pura. Un patio amplio y una zona cubierta que se convertía en una sala hipóstila colocada sobre el lado de la qibla.

Bajo el arquetipo de la casa de Mahoma, el año 670, se construyó en Kufah la que se tiene como primera mezquita hipóstila. Se trataba de un gran patio rodeado por un pórtico y dotado de una amplia zona cubierta, soportada por múltiples columnas, emplazada sobre el muro más próximo a La Meca o de la qibla. Este tipo de mezquita hipóstila, aunque sufrió algunas variaciones en su tipología estructural y a pesar de que es posible que aún pueda construirse alguna mezquita en base a este mismo modelo, se tiene como la propuesta de los períodos ortodoxo y omeya. Kufah, Damasco, Cairuán, Córdoba, Samarra y Al-Qata'i levantaron sus grandes mezquitas aljamas bajo esta tipología. Las cuatro últimas de las que acabamos de citar se alzaron ya en tiempos abásidas.

La Gran Mezquita de Damasco, como la temprana mezquita de Kufah y su contemporánea de Medina, dispusieron sus arquerías paralelas al muro de la qibla. Bajo esta tipología estructural se levantó el año 876, en El Cairo, la Mezquita de Ibn Tulún y es posible que la Gran Mezquita de Samarra, construida hacia el año 849, orientara sus pórticos según esa dirección paralela a la qibla, a pesar de que unos diez años más tarde, se construyó en la misma ciudad la Mezquita de Abu Dulaf que dispuso sus pórticos, perpendiculares al muro del mihrab.

La Mezquita. Formas en que se orientan las arquerías respecto a la qibla.Es posible que la construcción de la mezquita omeya de Aqsà de Jerusalén, levantada cerca de la Cúpula de la Roca, sobre una basílica cristiana arruinada, introdujera el modelo de la mezquita hipóstila de arquerías perpendiculares al muro de la qibla. Bajo esta forma estructural se construyeron, además de la ya citada Mezquita de Abu Dulaf en Samarra, las mezquitas de Cairuán, Tremecén, Córdoba y otras muchas, de las cuales expondremos a lo largo de este trabajo las que entendemos más interesantes.

Nos encontramos ya con un problema propio, planteado y resuelto por la arquitectura islámica. Se trataba de cubrir una gran superficie en la que debió estar presente el sentido de la cubierta aterrazada u horizontal del pueblo musulmán, en la que el techo debía mantener la misma altura en todos sus puntos. El modelo de la basílica cristiana, de tejados inclinados que decrecían simétricamente en altura hacia sus laterales, no era valido por el hecho de generar claramente la jerarquía de sus naves. En la mezquita, el musulmán, en su postración ante Alá, mantiene total identidad y total ausencia jerárquica en su organización litúrgica.

Estructural y constructivamente el problema planteado obliga a mantener la cubierta a una altura acorde a la enorme extensión a cubrir y a encontrar la forma de evacuar el agua de la misma. Con tales premisas, debieron encontrar la mejor solución en el acueducto romano que colocados paralelamente entre sí a la distancia conveniente, recibirían sin modificar a los muy experimentados caballetes leñosos de la basílica siria. Para elevar las arquerías hasta tales alturas, a partir de columnas traídas de otros edificios, y por ello de esbeltez limitada, recurrieron a formas muy diversas.

En la aljama de Damasco y en otras muchas mezquitas, se superpusieron dos niveles de arquería, en la que la del nivel superior dispone del doble número de intercolumnios de los que mantiene el nivel inferior. En otras ocasiones se duplicaron los capiteles y se recrecieron pilarillos por encima de los ábacos. En Córdoba, se dieron soluciones verdaderamente ingeniosas, con el fin de estabilizar la gran esbeltez de los prolongados soportes, se introdujeron niveles intermedios de arcos de arriostramiento y se utilizaron los conocidos arcos entrecruzados que se tienen como una de las soluciones más propia de la arquitectura hispanomusulmana.  Tipología de mezquitas.

Por otro lado, como podemos ver en la aljama de Cairuán, fue frecuente que a la primera nave o más próxima al muro de la qibla y paralela a él, se le diera mayor amplitud e incluso mayor altura que al resto de las naves. Esto ha hecho que a esta tipología se le haya llamado, impropiamente, "Mezquita hipóstila con transepto". Al mismo tiempo, como ocurre en La Gran mezquita de Damasco, muchas de estas construcciones dieron mayor amplitud a la nave que se situaba sobre la dirección de oración, generalmente sobre el eje de simetría de la zona cubierta. Igualmente a esta nave axial se le dotó de mayor altura que a sus vecinas. De esta forma, observando la cubierta desde una vista aérea sobre estas mezquitas, puede verse una "T" sobreelevada que permite ventilar e iluminar sus espacios centrales y el área de la quibla. Las mezquitas hipóstilas cuya cubierta responde a esta solución se suelen denominar como "en forma de T".Algunas formas de arquería adoptada en la mezquita islámica.

La intersección de los brazos de esta "T" delante del mihrab, se cubrió, generalmente, con cúpula (qubbat de la macsura). La macsura, que se introduce como espacio singular en la mezquita no sólo por razones de dignidad sino, también, por razones de seguridad, se separaba del resto del espacio por canceles, ya que más de un califa, emir o sultán había sido asesinado por la espalda, mientras oraba.

Más tarde, como ocurre en Cairuán, se introduce una segunda cúpula con el fin de señalar la entrada a la sala hipóstila o zona cubierta, colocándose al pie de la referida "T" o sobre el inicio de la nave axial.

3.- LAS PRIMERAS MEZQUITAS. LA CASA DEL PROFETA EN MEDINA.

El cubo de la Kaaba y el cuadrado de 100x100 cubits cuadrados, de la Casa del Profeta que, después de sucesivas ampliaciones siguió siendo un cuadrado, no podía ser una casualidad geométrica. Al establecerse el árabe como lengua oficial del Islam y dado que el pueblo árabe se definió, de siempre, como amante de las letras, rápidamente se generó una gran actividad en la traducción de los textos griegos. Así, el árabe culto conocía bien la geometría y las matemáticas de los griegos, así como las descripciones de Platón sobre "Las figuras más bellas". El cubit como medida de longitud es algo menor que el codo persa y se define como el codo de 51,08 centímetros.

La Casa del Profeta en Medina y ampliaciones.Cuando Mahoma, en Medina, empezó a explicar sus revelaciones y vio ampliarse la primera comunidad de seguidores de la religión de Alá, definió un recinto mediante un muro de adobe, de 3,5 m. de alto, que encerraba un cuadrado de las dimensiones citadas. En el testero norte, que se orientaba a Jerusalén, construyó un pórtico para lugar de oración, constituyéndose la primera "qibla" o muro perpendicular a la dirección de oración y más cercano a los Santos Lugares de Abraham, pues esta primera comunidad se integraba fundamentalmente por judíos que se sentían marginados por los cristianos. Más tarde, el año 624 y tras proponer como única mezquita el lugar del Harran de la Kaaba en La Meca, cambió la dirección de oración, definiéndose La Meca como centro principal de veneración y peregrinación del Islam y el único al que había que dirigir la oración. Por lo que construyó una nueva zona cubierta que, con doble columnario, ocupó todo el testero sur, tornándose este muro en la nueva y única qibla.

La nueva sala de oración se componía de dos filas de 18 soportes cada una, o pórticos de 19 vanos en los que la distancia a ejes era de 2,70 metros. Sobre el muro norte se mantuvo un sólo pórtico de ocho vanos y del mismo número de soportes colocados a igual distancia interejes, que se definió como el lugar de oración de las mujeres. Por este motivo la puerta de este muro tomó el nombre de "Puerta de muhsana".

Estas dos áreas cubiertas, zona de oración y pórtico de recepción o de las mujeres, construidas por el propio Mahoma y sus sirvientes, se levantaron de la forma más doméstica; es decir, mediante una techumbre de paja y brezo, sustentada por troncos de palmeras. En el muro oriental se emplazaron las habitaciones de las mujeres, cuyo numero de dependencias fue aumentando, como era natural en la casa árabe, hasta nueve cubículas. Se construyeron de la misma forma que el resto del recinto, mediante un muro de adobe. Las habitaciones disponían de acceso independiente desde el patio y las divisiones interiores se construyeron con peciolos de palmera, acabadas con un enfoscado de barro. Las puertas a estas habitaciones se cerraban con cortinas de piel de cabra negra. Los huecos de entrada al recinto, uno en cada uno de los muros del patio salvo el de la qibla o muro Sur que era ciego, estaban recercados con jambas pétreas, pero nunca tuvieron puertas.

Pronto, dada la gran afluencia de fieles que acudían a las convocatorias del Profeta, como ya hemos señalado al describir los elementos fundamentales de la mezquita, Mahoma tuvo que disponer de una escalera, de cuatro escalones, hecha de madera de tamarindo, desde la que, arrimada a la qibla, se subía y sentado, explicaba y dirigía la oración. De esta manera nace "la cátedra" o "primer mimbar". Para convocar a la oración, "el muecin" uno de los criados del profeta, Bilàl al-Habasi, de voz dulce  y  potente, se  subía  al tejado  y  de viva-voz, para evitar los cencerros, carracas o campanas que eran propios de cristianos y judíos, llamaba a la comunidad orante. En este primer centro de oración no se había introducido ni el "mihrab" o nicho de la qibla, ni el "alminar" que, en adelante, sería el elemento de mayor presencia de la mezquita.

Mahoma murió en los brazos de su esposa Aisha y desde ese momento sus fieles declararon sagrado al recinto mortuorio y tuvieron por santuario a la cámara de aquélla. En este mismo lugar se enterraron, más tarde, Abud Bakr, imàn de Mahoma, padre Aisha y primer califa de Medina, y Omar, que había conquistado Jerusalén y promovido la reconstrucción de esta mezquita, en la que, ya casi centenario, fue asesinado por sus conciudadanos, delante del mihrab. 

La primera reforma la llevó a cabo Omar, que amplió el recinto hasta un cuadrado de 120x120 codos cuadrados y cambió los troncos de palmera que servían de soporte al cobertizo, por pilares de ladrillo. Othoman, realizó la segunda ampliación, llevando el recinto hasta un cuadrado de 150x150 codos cuadrados y aunque construyó el muro con adobe, los nuevos soportes fueron columnas pétreas. 

El edificio propuesto por Mahoma, construido con los materiales más inmediatos y que podían encontrarse en cualquier lugar de Arabia, carente de ornamentación y cargado de funcionalidad, consistente en un recinto cuadrado dotado de una zona cubierta para la oración, repleta de columnas, con un gran patio sin fachadas en el que la gente pudiera congregarse, se convirtió en el arquetipo de todas las mezquitas hipóstilas de los períodos ortodoxo y omeya.

4.-LA MEZQUITA DE KUFAH.

Planta de la primitiva Gran Mezquita de Kufah. Construida el año 639.El vertiginoso avance de los árabes, que en menos de cinco años ocuparon Jerusalén, Palestina, Siria e Irak, les llevó a establecer sobre la orilla derecha del Eúfrates, en tierras del Irak persa-sasánida, a unos 150 km. de la frontera de Arabia, el más importante de los campamentos militares de esta temprana invasión. En este lugar se fundó hacia el año 638 la ciudad de Kufah, levantando su fundador, Ibn Abí-Waqqas, la vieja mezquita aljama en el lugar que inicialmente se había establecido el mercado. Se definió un cuadrado, según la traza más pura de la Casa del Profeta en Medina, de 104 m. de lado, 200x200 codos2, por medio de un muro circundado por un foso exterior, erigiéndose así la que debió ser la primera mezquita del Islam. El muro que se construyó con adobe, ladrillos sin cochura, y que alcanzó un espesor próximo a los dos metros, debió tener puertas en sus cuatro lados. Sobre el lado Sur, muro de la qibla, se constituyó la "zullah" o sala hipóstila, que ocupaba todo el frente de dicho lado y una profundidad que superaba ligeramente los 20 metros. El muro que tomaba clara función de cerca fortificada del recinto, debió tener un espesor próximo a los dos metros. De la forma de la cubierta, de la que se ha afirmado que se resolvió mediante cuchillos de madera y faldones a dos aguas, al modo de las iglesias sirias, tenemos grandes dudas de su forma y construcción y, sin caer en especulaciones, no podemos añadir más que se sustentaba por 5 filas de 24 columnas, de distintas procedencias y materiales, pues, incluso después de la reconstrucción del año 670 la cubierta se mantuvo plana, lo cual supondría una vuelta atrás en los logros asumidos por la construcción musulmana que, en este tiempo primero, admitió los beneficios de las técnicas locales sin retrocesos. Por otro lado, la fecha de esta construcción es suficientemente temprana como para reclutar, de los pueblos ocupados, obreros cualificados que, en número suficiente, ejecutaran este trabajo. Asimismo, una cubierta de este tipo habría podido prescindir de buena parte de las columnas, que quedaron colocadas a menos de 4 m., de interejes. En cualquier caso, esta gran densidad de soportes definió claramente el carácter de "gran sala hipóstila". Esta primera construcción que debió admitir toda laPlanta de la Gran Mezquita de Kufah. Reconstrucción de Ziyad del año 670. influencia de los restos de las cercanas apadanas persepolitanas parece querer conciliar las exigencias de aglomeración de fieles con la propuesta de la Casa del Profeta.

En los comienzos del Califato Omeya, el año  670, Ziyad ibn Abìhi nuevo gobernador de Kufah, bajo cuya responsabilidad se había construido el primer palacio musulmán "Dàr al-Imarà", inicio las obras de reconstrucción de la Gran Mezquita de Kufah.

La construcción de la mezquita, que apenas cambió sus proporciones, se constituyó por un muro de ladrillos cocidos, bien cuajado, de algo más de 3 m. de espesor y 17 m. de altura, quedando reforzado por pilastras semicirculares que se alzaban a modo de torres cilíndricas, otorgándole un claro aspecto fortificado. La construcción fue llevada a cabo por maestros constructores locales, bien experimentados, que impusieron en ella una clara influencia sasánida. El recinto tomó ahora 108 x 102 m2. de dimensiones exteriores, ligeramente en descuadre, sin duda por errores de replanteo, encerrando en su "zullah" 80 columnas de piedra caliza local, de algo más de un  metro de diámetro, dos codos, y 15,50 m. de altura. En el patio, los lados paralelos al muro de la "qibla" tomaban una longitud de 77 m. por 67 m. que tomaban los lados paralelos a la dirección de oración, norte-sur. En la sala de preces se alineaban 5 filas de dieciséis columnas paralelas al citado muro de la "qibla", creando una zona cubierta de 30 m. de profundidad. El resto de las columnas se disponían en dos filas paralelas al resto de los muros. De esta forma, nos encontramos ya, en esta construcción, con unos pórticos que aunque no generan fachadas al patio, establecen una seria y densa columnata que se repetirá en todas las grandes mezquitas omeyas. No obstante, tendremos que esperar a la construcción de la Gran Mezquita de Damasco para encontrarnos con  arquerías que constituyen planos de facVista de la Gran Mezquita de Kufah. Los deseos de Mahoma conjugan con la imagen de las grandes apadanas persepolitanas.hadas vertidas al  patio y que, en el caso de Damasco, fueron fachadas muy decoradas, con ricos mosaicos y con clara influencia de los palacios bizantinos.

Como hemos adelantado en los párrafos anteriores, la mezquita, al menos desde esta reconstrucción de Ziyad ibn Abìhi, dispone de una cubierta plana soportada por columnas pétreas distanciadas a una luz de vanos que se aproxima a los 6 m. en la sala hipóstila, superando ligeramente esta dimensión en los pórticos paralelos a los lados laterales. Por ello hubo que disponer de vigas y tablazón de buena madera, traída probablemente de edificios de períodos preislámicos. Las vigas de la actual Mezquita de Kufah son de teca y se tienen como introducidas en la reconstrucción de dicho gobernador. En esta reconstrucción, tampoco aparece aún el "mihrab" ni el "alminar", que, tanto uno como otro elemento, se incorporarían más tarde, en la  ya citada mezquita de Damasco.

5.- LA MEZQUITA DE MEDINA. LA RESTAURACIÓN COMO RESPETO A LA MEMORIA DEL PROFETA.

Planta de la Mezquita de Medina sobre la Casa del Profeta.El-Walid I, que puede considerarse como el Califa Omeya de mayor actividad y preocupación por la Arquitectura, pues no sólo había participado decisivamente en los trabajos de dirección de algunas obras, sino que, como en el caso de La Cúpula de la Roca, había participado con sus manos, en labores propias de operarios. El año 706, a propuesta de Omar, dispuso la reconstrucción de la Mezquita de Medina. No obstante, no se puede hablar de obra de reconstrucción de la Casa del Profeta, pues todo fue demolido para levantar, en su lugar, la nueva obra. De todas formas, el Califa de Damasco exigió, en todo momento, la mayor fidelidad a la obra de Mahoma y puede decirse que esto estuvo tan presente que con excesiva frecuencia se caía en la exageración, de manera que dicha premisa terminó llevando, a la obra, a situaciones de incoherencia y de discusión con los maestros constructores, que no la beneficiaron en casi nada.

El proyecto, lógicamente, nacía con materiales más nobles. La construcción se proyectó como una obra en piedra y en consecuencia resultaría una construcción mucho más solida. La sobriedad del material y la profesionalidad de los canteros iban, sin pretenderlo, a imponer inevitables diferencias. Las propias reglas de la construcción en piedra terminarían por proporcionar una obra más cuidada y lujosa. Por otro lado, para esta fecha ya se había construido en Kufah, la Gran Mezquita; en Fustat (El Cairo) la Mezquita de 'Amr Ibn al-As; y el propio El-Walid junto a su predecesor en el mando del Califato de Damasco, Adb al-Malik, había participado en la construcción de la Gran Mezquita de Damasco y en la del Santuario de la Roca en Jerusalén y, con toda lógica, en todas estas grandes obras se habían ido introduciendo elementos nuevos que, inevitablemente, habían de modificar el arquetipo de Medina.

En la nueva mezquita, la sala de oración dispuso de 5 filas de 17 columnas, paralelas al muro Sur. De idénticas dimensiones y número de soportes era la zona cubierta emplazada sobre el muro Norte u opuesta a la de la "qibla". Tres filas de 19 columnas, o de 20 intercolumnios, resolvía la zona cubierta del costado oriental, en tanto que en el lado occidental la zona cubierta disponía de 4 filas de idéntico número de vanos. De esta forma el patio que se había concebido como un amplio espacio central descubierto presentó una arquería de 10 vanos en cada uno de los lados paralelos al muro de la "qibla" y de 11 vanos en los lados perpendiculares. La distancia entre ejes de columnas se mantuvo en 10 codos o 5,10 m. y el diámetro de las mismas se aproximó a los 85 cm. Con todo, el patio, casi cuadrado, de 100x108 codos (50x53 m².) quedó reducido al 30% del área contenida en el recinto.

Para entonces, no sólo el "mihrab" acompañado de la "macsura", definida por la cúpula que la cubrió, y el "alminar" se habían incorporado ya a la mezquita, sino que desde el punto de vista de nuevos elementos formales y constructivos, en Damasco y en la Cúpula de la Roca, se habían aceptado, de forma rotunda, el arco de medio punto de traza romana y el arco suavemente apuntado de origen persa-sasánida, ambos con tratamiento bizantino y dotado de la suntuosidad que les proporcionaba el revestimiento de mosaicos de los talleres de Bizancio. También en la mezquita de Medina se incorporaron los merlones decorativos, pero no al estilo de San'a sino al greco-babilónico.

Estos merlones decorativos introducidos por los constructores griegos, debieron querer ser realmente palmetas, que eran propias de las cubiertas inclinadas y, como en los tejados, aquí tenían la función de ocultar los faldones de la cubierta a dos aguas con la que se cubrió la mezquita. No obstante, por la leve pendiente de los faldones y por el gran tamaño de ellas se pueden tener como merlones de una cubierta plana. Así, en soluciones aterrazadas, fueron particularmente frecuentes y muy prolíferos en sus formas, en Egipto durante el Período Tuluní.

Por otra parte, el patio que no había pretendido generar planos de fachadas que definieran una división entre la parte cubierta y la soleada, vio poco a poco, la conformación de estos alzados virtuales, cuya materialización definitiva la veremos en la mezquita madrasa, en Irán. La mezquita de los períodos ortodoxo y omeya es, toda ella, una unidad de congregación y oración sin separación conceptuar de lo cubierto y lo descubierto.

Con todo la mezquita que iba naciendo en Medina sería otra muy distinta a la que Mahoma había propuesto y, sí en estos cambios, acaecidos en menos de sesenta años, no se quiere ver la mano árabe de El-Walid y de Abd al-Malik es que aún hemos de estudiar con mayor profundidad las razones de la evolución de las propuestas musulmanas para la construcción islámica.Capitel de traza bizantina y descarga de los arcos en la Mezquita de Medina.

El hecho de que los arquitectos griegos propusieran que la sala de oración se asomara al patio mediante una arquería, originó una fuerte polémica. El deseo de ser respetuoso con la Casa de Profeta se había centrado en la sala de oración y para que se admitiese este cambio, pasando el plano porticado a un frente de arquería en dicha fachada de la sala de oración, tuvieron, dichos arquitectos, que argumentar muy bien la importancia que, en relación con el equilibrio formal y la belleza del patio, tenía la continuidad de la arquería en sus cuatro costados.

Sólo por razón de ser respetuoso con la construcción primitiva, las columnas de la sala de oración se construyeron mediante piedra aparejada, sillares a modo de tambores unidos con grapas de hierro embutidas en plomo, en la forma más pura de las técnicas griegas y egipcias. Luego, se revistieron con estuco pulimentado para mantener el aspecto de sencillez que había caracterizado a la Casa del Profeta, frente a las otras mezquitas lujosas que se venían levantando, en piedra, por Jerusalén, Siria y Egipto. Por el mismo motivo, en las columnas de la nave de oración se prescindió de capiteles, pues, como en la Casa del Profeta, las columnas recibieron las vigas del techo directamente en la cabeza de su fuste o mediante una piedra plana de ábaco.

Fuera de la nave de oración, las columnas se dotaron de basamento cuadrado, con sus esquinas superiores redondeadas y, sobre los fustes monolíticos, de mármol, traídos de otros edificios, se labraron capiteles dobles, troncocónicos invertidos y cúbicos, de traza entre bizantina y siria. Estas columnas alcanzaron una altura de unos nueve metros y sobre ellas se elevaron arcos de medio punto, suavemente apuntados en clave, aparejándose con dovelas alternadas y coloreadas al modo de cualquier construcción bizantina.

En el frente de la sala de oración los arcos se adornaron con enjutas continuas y escalonadas, alojando en ellas platos o resaltos circulares, mostrando un claro sabor persa. Las claves de los arcos de la arquería del patio se eleva hasta la cota de 12,10 m. y, a unos 13,50 m. del suelo, se sitúa una cubierta doble, acorde con el fuerte estío del verano, compuesta por una armadura plana de techo y, separada de ella, una armadura de faldones inclinados de suavísima vertiente.

Los huecos de entrada a la mezquita, quedaron sin puertas como ocurría en la construcción de Mahoma. No obstante, los arquitectos para descargar la frialdad del muro introdujeron dinteles dorados sobre dichos huecos, lo cual fue bien aceptado dado el sentido de nobleza que para el musulmán tenía la puerta.

Arcos ovales en las arquerías de la Mezquita de Medina.En Medina, como en Damasco y en Alepo, las columnatas se dispusieron de forma que sus arquerías conformaron naves paralelas al muro del "mihrab". En casi todas las mezquitas que respondieron a este modelo estructural, las naves paralelas al frente del patio, se veían interrumpidas por una nave transversal, generalmente centrada y perpendicular al muro de la "qibla", marcando la posición del "mihrab" por una cúpula que se adelantaba al mismo. Esta nave solía ser de mayor amplitud que las otras. En Medina, por respeto a la posición que ocupaba el Profeta cuando explicaba su doctrina en su primitiva construcción, la nave transversal y el "mihrab" quedaron emplazados en el séptimo intercolumnio de los dieciocho que componen la arquería paralela al muro Sur.

Esta asimetría que siempre es un parámetro que tiene buena acogida por los arquitectos y constituye una de las contradicciones de la que se sirve la arquitectura para establecer su razón compositiva, es un buen motivo de análisis de la planta de Medina. También, es posible que para potenciar este mismo aspecto, los arquitectos eliminaran una fila de columnas del costado oriental, descentrando así el patio. No obstante, el "mimbar" se apartó del "mihrab" para emplazarse en el centro de la sala de oración, pero, extrañamente, mirando a la "qibla"; es decir, de espalda a los fieles.

El compromiso de los árabes con la geometría era tan fuerte, y aquí puede comprenderse perfectamente, que cuando El-Walid tuvo que decidir la forma con la que cerrar el aposento de Aisha o cámara funeraria del Profeta, y tras pensárselo mucho, acudió a una forma que no despertara, en los fieles, el deseo de encontrar allí un nuevo lugar al que dirigir la oración. Por ello, para evitar que se creara una confusión respecto al o cubo de Kaaba, único punto al que debe orientarse toda mezquita, huyó del cuadrado y del rectángulo. Por dicha razón, la cámara quedó definida como un pentágono irregular, producto de un rectángulo que dobla, o parte en dos, uno de sus lados mayores.

La obsesión por el respeto a la construcción primitiva fue tan grande, que trozos de los troncos de las palmeras que habían formado parte de aquella, fueron introducidos en el interior de los muros y columnas de la nueva construcción. Por la misma razón de fidelidad a la construcción de Mahoma, que venimos comentando, se marcaron en el techo las dimensiones de la Casa del Profeta, mediante salientes dorados y se revistieron, los arcos y vigas que coincidían con el citado perímetro, mediante mosaicos de color verde.

De todas formas, el recinto de la nueva mezquita, no es un cuadrado, como se dice que lo fuera la Casa del Profeta. La nueva planta que al parecer pretendía ser cuadrada y por ello se dibuja de esta forma en muchos de los textos de historia del arte, es un rectángulo ligeramente descuadrado que mide, exteriormente, 202 codos (104 m.) en los lados perpendiculares al muro de la qibla, el cual mide 180 codos (92,10 m.), y 178 codos (91 m.) el lado Norte u opuesto al de la qibla.

Estos errores y convergencia de los muros laterales se han querido justificar desde dos vertientes muy distintas. La primera, trata de justificar la citada convergencia desde la costumbre de los arquitectos griegos de establecer correcciones ópticas conscientes, para mantener y potenciar la focalidad y la visión plana de los muros. La segunda, adjudica estos errores a que, en tanto llegaban los arquitectos griegos y egipcios, lo cual, al parecer se demoró notablemente, la demolición del edificio de Mahoma estuvo en manos de operarios locales, y que cuando estos llegaron, el replanteo se había efectuado e incluso estaba iniciada la cimentación y que, en consecuencia, dichos errores de medición y descuadre ya se habían introducido. Dejamos aquí la especulación, entendiendo que los descuadres y errores están presente en casi todas las construcciones musulmanas, como lo estuvieron en las bizantinas. No hay más que observar la planta de los Santos Sergio y Baco de Constantinopla que puede ser el ejemplo más claro de ello, para admitirlos como normales. En el caso de Medina, se trata de un esviaje de sólo un 2%, en tanto que en Kufah hemos dibujado, sus muros, con un 5%. de descuadre. No obstante, también hemos de decir que en muchos edificios bizantinos, encontramos estas deformaciones, debidas a las correcciones ópticas conscientes, introducidas por los constructores griegos.

Desde su nacimiento, la nueva mezquita dispuso de cuatro torres en sus esquinas, enrasadas con las fachadas, cuyas plantas respondieron a cuadrados de 4,50 m. (8,5 codos) de lado y que alcanzaron una altura de 25,50 m. (50 codos), dotando a la construcción del símbolo de "fortaleza del Islam" que estuvo presente en la Casa del Profeta. La construcción lució mosaicos de gran calidad, propios de Damasco, que han desaparecido prácticamente por completo. Fue redecorada durante los períodos mameluco y  otomano.

6.- LA GRAN MEZQUITA DE DAMASCO.

Planta de la Mezquita de Damasco. Primitivos emplazamientos.Cuando los árabes conquistaron Damasco el año 635 pusieron sus ojos en el temeno o recinto sagrado del templo romano de Júpiter, levantado el siglo I. Hasta esta fecha debió existir un edificio religioso dedicado al dios sirio-soroastrida de la tormenta, Hadad. Ya bien avanzado el siglo IV, Teodosio aprovechando la parte occidental del períbolo del viejo templo, desmontó parte de la cella y abriendo grandes huecos mediante arcos, construyó la iglesia de San Juan de Damasco, una basílica de tres naves dedicada a San Juan Evangelista. El año 644 al-Muawiya, tras convencer a los cristianos y levantar un muro que dividía al recinto en dos partes, debió construir sobre el muro sur del temeno un mihrab o nicho de señalamiento de la dirección de oración y, poco a poco, consolidó una mezquita en la parte oriental del citado lugar.

El referido temeno disponía 360 m. en su lado mayor y 310 m. en el menor. El períbolo se definía como un rectángulo próximo a los 160x100 m²., al cual se accedía por dos puertas monumentales emplazadas, a modo de propíleos y enfrentadas entre sí, sobre los lados Este y Oeste del referido rectángulo. El califa omeya Abd Al-Malid tratando de quedarse con la totalidad del recinto debió ejercer fuertes presiones sobre la comunidad cristiana, pero respetando los pactos y tratados existente con los cristianos no fue capaz de conseguirlo. Fue su hijo al-Walïd I, quien el año 705 haciendo caso omiso de pactos y protestas, decidió tasar y comprar, a los cristianos, la parte que estos ocupaban.

Salvo parte del muro sur, las cuatro torres y las citadas puertas monumentales, se demolió el resto de las edificaciones que se habían levantado en el recinto. Todos los materiales procedentes de esta demolición fueron aprovechados para la nueva construcción, en particular las columnas y los capiteles.Planta de la Gran Mezquita de Damasco. Al-Walid, año 706.

La Gran Mezquita de Damasco fue sin duda la construcción más notable del período omeya y puede tenerse como la primera gran obra del Islam.

Al-Walid reconstruyó el muro sur y respetando la distancia entre sus torres levantó tres arquerías paralelas a dicho muro, separadas unos 12 m. una de otra. Para lograr la unidad del conjunto levantó, con similar morfología e idéntica altura, un pórtico en los otros tres lados del recinto romano, mediante una arquería de igual distancia entre soportes.

La mezquita de Damasco se constituye por un gran rectángulo de una hectárea y media de superficie (157x97 m²). cerrado por un muro apilastrado de 1,50 m. de espesor, sobre cuyo lado sur se define la sala cubierta o de oración con una profundidad 38,50 m. y 136 m. de longitud en su muro de fondo o de la qibla. El gran patio o área descubierta conforma un rectángulo de 122x50 m². lo que equivale a una superficie de 6.100 m². circundada por una arquería que define un pórtico de 6,60 m. de fondo. En los lados menores del gran rectángulo se reconstruyeron locales que se alinean con las torres de esquinas, según la propia cimentación romana, como sendas bandas laterales de 8,50 m. de anchura, cerradas por muros de algo más de 1,50 m. de espesor. Estos locales se interrumpen  para dejar paso a los mencionados propíleos de construcción romana y que toman los nombres de "Puerta de Jairún" la del costado oriental y "Puerta de Al-Barid" la del lado occidental.Interior de la Gran Mezquita de Damasco. Foto actual.

Al-Walid, cerrando previamente la entrada norte que disponía el temeno romano, desplazó hacia occidente el mihrab que había definido a la mezquita de los compañeros del Profeta, hasta situarlo en el centro de la quibla por él proyectada. La triple arquería que conformó la sala de oración discurriendo paralelamente al muro de la qibla y generando las tres naves longitudinales, paralelas al lado mayor del patio, se vieron interrumpidas por una nave central, perpendicular al muro de la qibla, de mayor altura que las longitudinales y en la que se definió e introdujo por primera vez, la "macsura", sobre la que se levantó la cúpula.

Esta nueva forma de elevar la nave central perpendicular al muro de la qibla se convertiría en un modelo frecuente y así lo veremos en la mezquita al-Aqsa de Jerusalén, en la de Alepo y en la aljama de Cairuán. Aunque en la aljama de Damasco parece bien documentado que en principio no se construyó la cúpula, no debió ser mucho más tarde cuando, sobre la macsura, en la intersección de la nave axial con la nave central de las tres longitudinales que componen la sala de oración, se alzara una "qubba" cúpulaLa cúpula primera de la gran Mezquita de Damasco, seguramente construida a imagen de la Cúpula de la Roca, se elevaba ya sobre un tambor octogonal, descargado en sus ochavas por medio de trompas de clara influencia persa-sasánida., seguramente de madera. Esta debió ser de doble casco, igual a la que se estaba montando en La Cúpula de la Roca, construida según la técnica de la carpintería propia de la construcción de barcos, y que se arruinó en el incendio que el año 1069 sufrió esta Gran Mezquita. Más tarde fue reconstruida en piedra e igualmente debió quedar muy dañada en los cinco incendios y diferentes terremotos que ha soportado el monumento. La cúpula actual que elevó ligeramente el tambor inicial fue construida con motivo de la rehabilitación llevada a cabo por los selyúcidas al final del siglo pasadoArquerías de la Mezquita de Damasco..

La Gran Mezquita de Damasco. Fases de la construcción.Para cubrir la amplia superficie de la sala de oración no podía pensarse en una altura de arquería inferior a los 15 m., sin que ello viniera a empobrecer el espacio y a generar una sensación de agobio por la proximidad del techo. Por otro lado se disponía de una gran cantidad de columnas romanas, de las que las mayores no superaban, incluyendo sus capiteles, la altura de seis metros. Con estas premisas se decidió, a imagen de los grandes acueductos romanos, que todas las arquerías de la mezquita habían de ser de doble piso, de manera que la arquería superior duplicara en número de vanos o arcos, a los que se disponían en la arquería baja. Por otro lado la diversidad de alturas de dichas columnas obligaba a recurrir al uso de pedestales que prolongaran a las mismas por su base y a capiteles dobles que permitieran lo mismo por su cabecera. Por la misma razón de homogeneizar alturas, se decidió emplear el arco ligeramente apuntado. De esta forma las dos arquerías interiores de la sala de oración se resuelven totalmente mediante columnas helenísticas, de mármol, dispuestas a 5,20 como distancia interejes. Así, estas arquerías se conforman por altos pedestales (70 cm. de altura) fustes de 5,10 m. de longitud y 85 cm. de diámetro, capitel coríntio de origen romano y capitel piramidal invertido, de forma que la clave de los arcos de esta primera arcada se elevan hasta los 9,70 m. sobre el nivel del pavimento. El arranque de las cortas columnas que resuelven la arcada superior, se eleva sobre el suelo 10,20 m. y el plano que definen las caras inferiores de las vigas del techo alcanza la cota de 14,85 m. sobre dicha rasante del pavimento.

Detalle de la armadura de cubierta de la Gran Mezquita de Damasco.Similares alturas encuentran los distintos niveles de la arquería que constituye el frente de la sala de oración cuando se asoma al patio, que en este caso se resuelve sobre recios soportes labrados en una perfecta sillería pétrea. En las arquerías que se emplazan en los laterales del patio, se alternan, serios pilares cuadrados de piedra caliza muy ligera, con dos columnas entre soportes. Estos soportes  diponen de gruesas impostas marcando la línea de arranque de los arcos, acorde con el cimacio que lucen las columnas por encima de los capiteles, los cuales pueden tenerse como clásicos. Las columnas, de basas doble o triple tóricas sobre cortos basamentos cuadrados y moldurados, fueron traídas de otros edificios de diversas procedencias y, como ya hemos señalado, necesitaron de los dobles capiteles o incorporación de cimacio troncocónico invertido para lograr la altura definida por el arranque de los arcos.

Todos los arcos son ligeramente apuntados o peraltados sobre los pilares a fin de obtener la perfecta proporción, entre la parte baja y la alta de la arquería, que puede verse en la fachada de entrada a la sala de oración. En todos los casos, por cada arco del cuerpo inferior se abren, en el cuerpo alto, dos arcos menores. Estos huecos resueltos con arcos de medio punto que hoy se muestran recercados por una sillería pétrea y férreamente cerrados, estuvieron revestidos y adornados, como toda la fachada, por mosaicos de origen bizantino. 

Toda la construcción se realizó en piedra caliza y fue fácil reclutar una ingente mano de obra cualificada dado el gran desarrollo que en Siria había alcanzado esta forma de construir en las etapas preislámicas. Las celosías pétreas caladas de claro trazado greco-romano que cierran las ventanas altas de los locales de los lados menores del patio prueban que griegos y bizantinos trabajaron, en gran número, en esta construcción y que los maestros canteros, constructores y arquitectos eran hombres de larga tradición constructiva.

En las cuatro esquinas del temeno existían cuatro torres que fueron aprovechadas  como alminar para llamar a la oración y que fueron creciendo en altura al crecer la dimensión de la ciudad. En estas torres de la Gran Mezquita de Damasco que en sus sucesivas ampliaciones se dotaron de protección frente el sol y la lluvia, encontramos, por primera vez, la verdadera función del alminar y la introducción de este, como elemento de la mezquita. En el siglo XII se construyó un nuevo alminar sobre el punto medio del pórtico opuesto a la sala de oración.

La cubierta de la Gran Mezquita de Damasco, quizás como consecuencia de las reconstrucciones a que se ha visto obligada por el duro castigo impuesto por los grandes incendios a los que hemos hecho referencias, ha cambiado varias veces de aspecto. Su material de cubrición que inicialmente debió ser de tablas calafateadas, luego de tejas de tradición helenística, tomó, más tarde, un carácter más doméstico al revestirse con la teja curva árabe, que tampoco ha conservado. No obstante, nunca cambió su singular imagen de cubierta de grandes faldones de fuertes pendientes que vertían a amplios acueductos que conducían sus aguas hacia los faldones de las construcciones laterales. Sus armazones de cubierta, colocados sobre las claves de los arcos de la arquería superior, quedan separados por una distancia que no superan los 1,80 m. y están conformados por vigas pareadas de 12 m. de longitud, cuyo conjunto, proporciona un tirante de un ancho próximo a los 70 cm., y delicados pares que se empinan, formando en sus arranques, vertientes de 45 grados, es decir, con una pendiente del 100%.

Las grandes vigas son favorecidas en su trabajo a flexión por zapatas conformadas por largos tableros colocados a modo de ménsulas que vuelan un cuarto de la luz de la viga. Estas zapatas decoradas descargan en cortas ménsulas pétreas que alivian en las claves de los ya citados arcos de la arquería superior. Los pares se arriostran horizontalmente por medio de carreras colocadas tan próximas unas de otras que constituyen un denso as de palos horizontales y paralelos que, sobradamente, reciben a la tablazón continua que sirve de soporte al material de cubrición. 

La gran Mezquita de Damasco se decoró manteniendo el reto de bizancio, solicitando de los gobernantes del vecino país la presencia de los mejores artistas. La parte baja de toda la arquería del patio estaba forrada de mármol, y las zonas altas quedaron recubiertas de mosaicos de vidrio dorado, de clara ejecutoria bizantina y acaparando la mayor superficie de mosaicos que jamas se haya realizado.

Para el musulmán la mezquita no es la casa de Dios, sólo es el lugar de abstracción y de oración, sin ninguna representación material de la divinidad y carente de toda iconografía. La prohibición del Corán de toda representación antropomórfica tratando de evitar el fetichísmo y el politeísmo ha definido al arte islámico como abstracto no figurativo. Así, los mosaicos reproducían ciudades idílicas y paisajes fantásticos, basado en la geografía del entorno, los cuales se constituyeron en un magnífico canto a la naturaleza. Los repetidos incendios, arruinaron aquella enorme superficie de decoración musivaria.Apunte de la Mezquita de Córdoba por cuyos tejados emerge la catedral del siglo XVI.

7.- LA GRAN ALJAMA DE CÓRDOBA Y EL NACIMIENTO DE UN ARTE HISPANO-MUSULMÁN.

El año 675 los árabes fundaron Cairuán y muy pronto se levantó en aquel asentamiento de carácter militar, una aljama que daría lugar a su actual mezquita, y aunque aquella primera construcción norteafricana precedió a la mezquita de Córdoba, su aspecto definitivo tendría que esperar hasta bien entrado el siglo IX, sufriendo entre tanto, como veremos más tarde, varias reconstrucciones, en tanto que la Gran Mezquita de Córdoba fijó sus bases fundamentales desde sus primitivos cimientos, hacia el año 780, llegando su inicial trazado a condicionar su sobrio aspecto y sus sucesivas ampliaciones. Por ello, si hay que encontrar un arquetipo válido para la gran mezquita cordobesa este habrá que buscarlo en la Mezquita de Aqsa, construida por al-Walid hacia el año 715 en Jerusalén.

LPlantas de las distintas ampliaciones de la Gran Mezquita de Córdoba.a Mezquita de Córdoba, por su planta, por la fábrica y aparejo de sus muros e incluso por el tratamiento y decoración exterior de los mismos, como puede verse en la Puerta de San Esteban, se relaciona claramente con el arte sirio del período omeya más desarrollado, en el que ya se había recogido toda la tradición mesopotámica. Sin embargo en la reconstrucción aglabí de Cairuán, del año 865, que es del tiempo que entendemos que debe y tiene sentido considerarse esta construcción, se muestra claramente las influencias de la construcción bizantina, lo cual es lógico por cronología y por localización geográfica. No obstante, podemos admitir y coincidir con Don Manuel Gómez-Moreno en que en las ampliaciones de Abderramán II y Al-Hakam II, cuando ya se había construido la Mezquita de Fez, puede encontrarse influencias almorávides, no demasiado notorias, de Ifriqiya. Asimismo es igualmente evidente que el arco trebolado y trilobulado, de origen persa, nos llega directamente desde Bagdad.

Para el Islam abásida, su establecimiento en la Península Ibérica colmaba ampliamente su expansión imperial de Occidente. El sometimiento de las tierras norteafricanas arrebatadas a los beréberes cristianos hacia el año 702, requirió un rápido proceso de arabización, de manera que fue precisamente, un oficial beréber quien, el año 710, atravesó por primera vez el Estrecho de Gibraltar y realizó incursiones en la España visigoda. Tras la derrota, en la Laguna de la Janda en Cádiz, y la desaparición del rey visigodo D. Rodrigo, los árabes avanzaron hacia Ecija y Córdoba. Tras dos meses de asedio, la que había de ser la capital del califato andalusí quedaba sometida y, en muy poco tiempo, fue considerada como la perla de Occidente. Poco más tarde, Tariq llevó sus tropas hasta Granada, Málaga, Toledo y Guadalajara, llegando hasta tierras gallegas. Musà se adueñó con facilidad de Medina-Sidonia, Alcalá de los Gazules, Carmona y, tras un duro asedio, entró victorioso en Sevilla. Desde aquí, consiguió conquistar, el año 741, la ya importante ciudad de Mérida.

Cuando Moguit se apoderó de la ciudad de Córdoba, decidió emplazar su mezquita, como era práctica habitual en el pueblo árabe, en un lugar de tradición sagrada. En el sitio de la actual mezquita se encontraba la Iglesia Mayor de San Vicente, un pequeño templo de planta basilical de tres naves cuyo ancho total no debía superar los 12 metros. Después de un forzado pacto con la comunidad cristiano-visigoda, la iglesia quedó dividida, sin ninguna obra de remodelación previa, en templo para ambos cultos. Poco más tarde quedó confiscada por los nuevos moradores, junto con otras iglesias cristianas.

Como ya adelantamos al comienzo de este trabajo, el año 750 toda la familia del último omeya de Damasco había sido pasada a cuchillo por los seguidores de Abu al-Abbás, quien se constituyó en el primer califa de la dinastía de los abásidas, fijando la sede del nuevo califato en Bagdad.

El año 755, cuando apenas tenía veinte años, desembarcaba en Almuñecar el único superviviente de la familia omeya, Abd al-Rahaman ben Muawiya, que tras abandonar su refugio de Alepo donde había encontrado cobijo en el seno de una familia próxima a la vieja dinastía, y permanecer un corto tiempo en el Norte de Africa, fue aceptado en Córdoba como Abderramán I "el extranjero", y nombrado gran emir omeya, dependiente de Bagdad.Planta actual de la Mezquita de Córdoba.

Con la llegada de sirios, judíos y bizantinos, facilitada quizá por Malik ibn Anas que acercó el territorio de la España musulmana a Oriente, mostrándolo como el baluarte más ortodoxo de la interpretación coránica en Occidente, Córdoba se convirtió en el generoso crisol de lo oriental y lo occidental y acabó siendo respetada y loada, por musulmanes, judios  y cristianos como verdadera potencia política y cultural. Todas las crónicas coinciden en afirmar que se dio un perfecto acuerdo entre el pueblo, de evidente mestizaje, y sus gobernantes  árabes, de   forma   que   en  "al-Andalus" se fue creando una conciencia no sólo de gobierno sino de profunda intelectualidad. No obstante, es obvio que el Emirato debió mantener una política que oscilaba entre el enfrentamiento abierto y la coexistencia impuesta con los reinos cristianos que no cesaban en su comprometido empeño de la Reconquista.

La construcción de la Gran Mezquita de Córdoba se inició en tiempo del Emirato de Abderramán I, quien responsabilizó de la misma al visir Abdala ben Jaled, que debió comenzar las obras el año 780, invirtiendo en ella unos seis años.

Se alzó un sobrio muro de algo más de un metro de espesor y no mucha altura, levantado en una sillería pétrea y sin más resaltos que unos serios contrafuertes, propios de la construcción mesopotámica, que más que refuerzos parecían pequeñas torres, distanciadas entre sí unos 20 metros. Acorde con la construcción musulmana, el muro se mostraba exteriormente serio, casi lacónico, coronado con un andén de almenas dentadas, triangulares, cuyo escalonamiento recuerda a los merlones dentados de las construcciones medo-persas, de manera que el conjunto tomó el aspecto de una fortaleza siria, cuyo exterior no manifestaba la gran obra que iba a construirse en su recinto. Esta cerca definía un cuadrado de 76,70x72,75 m². el cual quedó dividido en dos partes iguales. La parte norte quedó descubierta creando un gran patio "sahn" y la otra mitad, apoyada en el muro sur que le servía de qibla, se cubría constituyendo la gran sala hipóstila de oración.Vista de la sucesión de las arquerías dobles en el interior de la Mezquita de Córdoba.

Los muros se levantaron mediante una ordenada sillería  en la que las dimensiones medias de sus sillares pueden tenerse como de 1,10x0,48 m². en su tabla, y 0,53 m. de altura de hilada. Estos sillares labrados y bien aristados en una piedra local, una caliza floja de marcado tono pajizo amarillento, quedaron aparejados de manera que asentados por su tabla y tomados con mortero de cal, presentaban alternativamente, en cada hilada, un largo mayor y otro menor; a la manera que en el aparejo de la fábrica de ladrillo denominamos como de "a soga y tizón" proporcionando un espesor de muro de 1,14m.; es decir, dos codos.

Esta manera de aparejar los muros pétreos en su fábrica, había sido frecuente en la arquitectura visigoda, de clara herencia romana, y por ello puede tenerse como una forma hispanorromana, del mismo modo que otros han podido calificarla de siriorromana.

La cimentación de estos muros se levantó dotándola de gran firmeza, de manera que sobre una amplia capa de piedra argamasada se ejecutó la cimentación propiamente dicha. Esta se constituyó mediante sillares colocados a hueso, similares a los que se usaron para levantar los muros. Para la construcción de esta primera mezquita se aprovechó todo el material procedente del derribo de la iglesia de San Vicente, así como otros materiales traídos de otras construcciones preislámicas, y es más que probable que la gran ciudad romana de Itálica fuera una de las canteras más inmediatas de la Mezquita de Córdoba, ya que muchos de los capiteles romanos que podemos ver en esta gran mezquita se tienen como procedente de dicho lugar.

De todas formas el aparejo más singular y que más ha caracterizado a nuestra aljama cordobesa es el aceptado para la ejecución de sus abundantes arcos, probablemente tomado de las pilas del acueducto emeritense de Los Milagros, en los que se alternan dovelas calizas con otras de iguales proporciones conformadas por hiladas de ladrillos rojos, presentados a sardinel.

La parte cubierta se dividió en once naves separadas por diez arquearías orientadas perpendicularmente al muro sur o de la qibla, conteniendo, cada una de ellas, doce vanos o intercolumnios. Estas arquerías dobles en alturas, mantenían una disposición totalmente simétrica de forma que la nave central era ligeramente mayor que sus vecinas y se emplazaba sobre el eje de oración de la sala. Por la cabecera con que estas once naves se asomaban al patio, quedaron unidas transversalmente mediante arcos de medio punto, de forma que se compuso una fachada definida por once vanos que marcaba la separación entre el patio y la sala de oración.

Sin duda los dos aspectos más propios, singulares y notorios de esta construcción son, por un lado, el nacimiento y desarrollo de una forma nueva y genial de construir bóvedas "las bóvedas de nervaduras entrecruzadas y tabicadas de ladrillo" que tendría una enorme transcendencia dentro y fuera del mundo musulmán y que, por ello, más tarde nos ocuparemos de su estudio, y por otro lado, la particular forma de sus arquerías de arcos lobulados de entibo, sobretodo cuando, en la ampliación de Al-Hakam II, se tornan en arcos entrecruzados dotados de gran elegancia y singular ejecución, como podemos ver en las zonas del "lucernario" y del mihrab. Por dichas razones, nos extenderemos, también más adelante, en el estudio de esta forma estructural, original de nuestra mezquita.

Como ya hemos señalado en el oratorio levantado por Abderramán I, la nave central era mayor, tomando 7,85 m. como distancia entre las arquerías que la definía, a uno y otro lado de dicho eje de simetría. A los costados de esta, se dispusieron cuatro naves de 6,86 m. de ancho y finalmente, una nave de 5,85 m. cerraban, a cada lado, los extremos de esta sala hipóstila.

Asumido, desde la gran Mezquita de Damasco, que la altura del techo de la sala de oración superaba ampliamente las alturas que podían esperarse de las columnas preislámicas, así como que la alternativa valida para ello y para establecer la evacuación del agua de lluvia de esas grandes superficies cubiertas, era la propuesta de los acueductos romanos, Córdoba debió encontrar la respuesta al problema en el cercano y ya nombrado acueducto de Mérida. Este era verdaderamente bello y buena parte de su elegancia radicaba en el aparejo de sus esbeltos soportes, que como hemos dicho, alternaba sillares pétreos con franjas de similar altura compuestas por varias hiladas de ladrillo. Los arcos intermedios, que descargan en las caras laterales de los soportes, asumían la misión de acortar la luz de pandeo de las esbeltas y, quizás inestables, pilas. Detalle de la arquería en una de las naves de la Mezquita de Córdoba.

Es posible que en estos arcos, los árabes no vieran más que la posibilidad de eliminar el tirante y quizá la de acodalar la arquería, pues entre la parte baja y la alta de ellas había que admitir, idefectiblemente, una articulación. En la mezquita cordobesa los arcos bajos son de herradura, se aprietan en las caras laterales de los pilares altos y descargan sobre los cimacios de las columnas, de manera que el radio interior del arco codal es menor que el del arco superior, dejando paso de esta manera, al pilar que se alza en prolongación con la columna correspondiente. Estos pilares altos son rectangulares, tomando la mayor dimensión de su sección rectangular en la dirección perpendicular al plano de la arquería, sirviéndose para ello del saledizo que crean los modillones de rollos.

En la coronación de los pilares descargan los arcos que sostienen la banda de muro donde se reciben las vigas del techo. Una moldura lisa localizada sobre la línea de imposta de estos arcos superiores, permite que aún pueda ampliarse más la profundidad de sus intradoses. La gran amplitud de intradós de estos arcos de medio punto queda justificada por el hecho de tener que albergar, en su interior, el canal de evacuación del agua de la cubierta, que marcha en la misma dirección que el plano de la arquería. Por otro lado, este ancho del muro de coronación, de algo más de un metro, reduce, en esta magnitud, la luz de flexión de la viga de madera, lo que en cierto modo contribuye a la eliminación de la zapata que en Damasco veíamos bajo la viga.

Como arco de entibo hemos de definir, exclusivamente, a aquellos que no cierran vanos, sino que se voltean entre pilares o muros, para afianzar su equilibrio. Particularmente lo podemos ver en los arcos lobulados que se anteponen al mihrab y que con directriz de arcos circulares abarcan dos intercolumnios, cuando tienen la ocasión de hacerlo.

A la altura de los estribos de los arcos de herradura que hemos definidos como de contrarresto, la sección responde a una planta en cruz, lo cual se logra por el avance de la rosca del arco y la sección rectangular del pilar con que se prolonga la columna, sirviéndose de los citados modillones de rollos. En el caso de la sala de Abderramán I estas ménsulas se componen de cuatro risos que parecen cabalgar uno sobre otro, en tanto que en la ampliación de Al-Hakam II se tornaron de cinco, más finos y delicados.

Conceptualmente puede tenerse como un gran acierto mecánico el hecho de que el arco inferior sea de herradura, lo que amplia su capacidad de acodalamiento y que, el superior sea de medio punto sin señalar apenas su imposta, lo que hace que su descarga se perciba más claramente.

En la nave de Abderramán I donde el intercolumnio es de 3,00 m., la altura media de las columnas, incluyendo su basa ática, su capitel coríntio y su cimacio piramidal invertido, es de 4,60 m., de manera que la luz de paso de los arcos de herradura es de 5,60 m. en tanto que la altura libre en la cara inferior de los tableros del techo era de 9,80 m. respecto al pavimento original.

Arquería de las naves de la Mezquita de Córdoba. Dimensiones medias.En los costados de la macsura, ya en la ampliación de Al-Hakam, en el espacio que se antepone al mihrab, la cota superior de los cimacios, de los que arrancan los arcos lobulados y entrecruzados, es de 3,70 m., situándose la luz de paso o cota del intradós, en el punto de intersección de dicho cruce, a la altura de 5,20 m. sobre la rasante del pavimento. En este área, la cota superior de la cornisa sobre la cual nace el tambor de la bóveda se sitúa a la altura 10,30 m. de dicha rasante. En el frente de la macsura donde la arquería transversal se subdivide en tres vanos de 2,60 m, de intercolumnio, la cota superior de los cimacios es de 3,65 m. y la luz de paso bajo los arcos entrecruzados es 5,65 metros. En todas las situaciones, y esto puede tenerse como otra particularidad de la construcción cordobesa, el lóbulo inferior se macizaba, como si el machón o pilarete próximo penetrara en el arco lobulado. Incluso en las pequeñas ventanillas de los cimborrios.

El descarado aspecto bizantino que impone el colorido rojo del ladrillo pintado, en contraste con el blanco estucado de la dovela pétrea, junto al perfecto orden que presenta la disposición de las arquerías, donde la repetición y alineación de los soportes multiplica y amplifica la densidad de columnas, ha proporcionado a esta mezquita esa gran personalidad que ha hecho que, poéticamente, se le haya definido muchas veces como un oasis de palmeras. Lo cierto es que los referidos elementos con sus arcos de entibo de herradura han logrado que la gran aljama cordobesa se tenga como una de las mezquitas más árabe de todas las salas hipóstila de oración de la arquitectura musulmana de Occidente.

En la sala de oración de Abderramán I se emplazaron 143 columnas, todas aprovechadas y traídas de otros edificios, compuestas en general, por basas áticas muy desiguales y asentadas en distintos niveles de arranque, de suerte que la nivelación de pavimentos posteriores ha dejado a muchas de dichas basas, más o menos ocultas, propiciando que en las sucesivas ampliaciones, las columnas prescindiesen de este elemento de arranque. Los fustes son, en general, de procedencia romana, de mármol, entre los que se intercalan otros de granito, generalmente lisos, aunque unos pocos muestran estrias verticales e incluso en espiral. Los capiteles son coríntios, de mármol blanco, y se alternan romanos con visigodos, estos últimos en pequeño número. Los cimacios son troncopiramidales invertidos e igualmente toman distintos espesores.

Los fustes de la nave central muestran enorme uniformidad y son todos de pudinga rosa, como procedentes de un solo edificio. La labra de los capiteles, como ya hemos señalado, es muy diversa y los encontramos desde romanos de perfecta ejecución clásica hasta los más toscos de hojas lisas de ejecución visigoda, pero todos de mármol blanco. Estos últimos aunque se encuentran dispersos, los podemos ver en la parte más oriental de la segunda y tercera crujía y, también en la penúltima crujía de esta primera construcción. Dentro de esta enorme diversidad, aún encontraremos algunos de aire muy oriental y egipcio. Los cimacios que toman la forma cuadrada, o la de cruz, son generalmente lisos, aunque los encontramos decorados con roleos vegetales de traza visigoda e incluso anticlásicos, con zigzag o meandros, labrados en sus cantos.

Las almenas que coronaron los muros, que no eran elementos frecuentes en Occidente, son todas pétreas, de gran uniformidad y relativamente pequeñas. Estas son de forma triangular dentadas con cortes inclinados y remarcan su claro origen persa al decorarse con escudos o flores circulares en la parte alta de su frente.No obstante, se diferencian de las almenas medas y sasánidas en que aquellas eran de escalones verticales. Las almenas cordobesas fueron modelos de las marroquíes, de algunas egipcias y, sin grandes modificaciones, pasaron al arte nazarí granadino y a toda la construcción mudejar.

La portada de San Esteban abierta en el centro del muro Occidental del primitivo oratorio de Abdelrramán I en el año 785, contiene las más antiguas decoraciones de la arquitectura hispano-musulmana y sirvió de modelo a las restantes entradas de las distintas ampliaciones de la mezquita, incluso a la Puerta del Perdón levantada en 1377. Algunos historiadores sostienen que la primitiva mezquita de abderramán I era de nueve naves y que Abderramán II la amplio a once, añadArquería que precede al mihrab en la Mezquita de Córdoba. Dimensiones medias.iendo una por la parte Oriental y otra por la Occidental, lo cual equivaldría a decir que la Puerta de San Esteban se levantaría un siglo más tarde, en el año 855. Gómez-Moreno y Torres Balbás sostienen que esto no fue así y que dicho muro es original de la primitiva mezquita.

La puerta es adintelada con dovelas convergentes, quedando descargado el dintel por un arco de herradura ciego y saliente respecto al plano del mismo. El arco se constituye por dovelas radiales convergentes en el semirradio que sobrepasa o línea de imposta y se alternan las dovelas pétreas de caliza con otras formadas por cuatro hiladas de ladrillos rojos acostados, en tanto que los salmeres se mantienen pétreos y enjarjados como en toda la fachada. La arquivolta de nacela decorada que recorre el trasdós del arco se prolonga luego verticalmente para componer el alfil. Una faja horizontal saliente separa el dintel del tímpano, alojando una inscripción que muestra el año 885, fecha que hoy se tiene como la de un retoque de Muhammad I, como veremos más adelante. El tímpano que estuvo pintado con alguna decoración, se muestra hoy, en parte, desnudo. Queda muy poco de la rica decoración de roleos vegetales que disponía la parte alta del dintel y pronto sólo quedarán los buenos dibujos del arquitecto cordobés Rafael de la Hoz Arderius para su restauración. Sobre el alfil hubo tres pequeños arquillos de herradura ciegos con moldura de nacela. En la coronación del muro un guardapolvo volado sobre modillones de lóbulos construido en obras posteriores, debió querer abrigar o proteger a la portada. Esta parte del muro ha sido recalzada pero la humedad del suelo y la acción capilar del propio material esta destruyendo toda la parte baja de esta fachada, sin que se haga un adecuado saneamiento del problema.

Abderramán II, que siendo hombre de grandes victorias militares era persona de gran sensibilidad y que cultivaba personalmente la poesía, después de realizar grandes obras por todo "al-Andalus" como la Alcazaba de Mérida, decidió el año 833 ampliar la aljama cordobesa aumentando su profundidad en unos 26 metros. Debió plantearse la ampliación imponiendo el mayor respeto a la obra existente, de manera que sus constructores no hicieron más que prolongar las arquearías en ocho vanos, repitiendo el mismo modelo estructural con sus mismos intercolumnios y dimensiones.

Alminar de Abderramán III según Hernández Giménez y alminar almohade de la Mezquita Mayor de Sevilla (Giralda).Los muros continuaron repitiendo el mismo aparejo, con la salvedad de que los tizones se hicieron más estrechos, pasando de 48 a 36 cm., lo cual hacía al sillar más manejable y lo acercaba más a la obra siria. No sería difícil referenciar edificios de Palmira en los que encontramos dicho aparejo que, dando aspecto de gran resistencia, sólo los sillares de tizón completan el ancho del muro, en tanto que los sillares de soga se enrasan al exterior dejando un núcleo vacío o relleno de argamasa.

El muro de la qibla de Abderramán I se perforó dejando paso a las naves y, manteniendo sus machones como pilares rectangulares, cuyo lado mayor coincidía con el espesor del viejo muro.

Las columnas de esta ampliación carecen de basa, en tanto que los capiteles siguieron siendo reusados y por ello se alternan romanos, visigodos, e incluso bizantinos. Los cimacios son marcadamente lisos. De esta ampliación es la Puerta de los Deanes, a imagen de la Puerta de San Esteban y, ambas, sirvieron de modelo a todas las puertas que se abrieron en las siguientes ampliaciones.

También reconstruyó Abderramán II los pórticos de las mujeres "Azaquifas" que en los costados del patio había construido Hixem I para que estas pudieran participar de la oración. Estos pórticos serían muy transformados por las siguientes ampliaciones, siendo los actuales pórticos consecuencia de las reconstrucciones llevadas a cabo ya en el siglo XV.

Abderramán II, que debió ver claramente la dimensión que había de tomar la capital, inicia en esta reconstrucción que duró casi quince años, una nueva dimensión y sentido de la ornamentación de la mezquita. Esta propuesta fue claramente percibida y potenciada por sus sucesores en las ampliaciones del monumento. Sin duda lo más significativo de esta manifestación ornamentar fueron las cuatro preciadas columnas de mármol verde intenso, dotadas de basas áticas y de esbeltos capiteles corintios con piedras blancas incrustadas, que fueron colocados delante del nuevo mihrab, habiéndose labrado expresamente para ser colocadas en dicho lugarDe estas cuatro columnas de serpentina, sólo dos de ellas quedan colcoadas en el monumento, en la ampliación de Al-Hakan II, las otras dos se encuentran, una en el Museo Arqueológico de Córdoba y la otra en el de Madrid. Estas fueron bien apreciadas y tenidas como verdaderas joyas por los artífices de las posteriores ampliaciones, que las conservaron y trasladaron para que siguieran prestando su función primitiva.

Sobre esta primera ampliación, Abd Alláh construyó el primer "sabat" o pasaje protegido que comunicaba la mezquita directamente con la Alcazaba. El año 855 Muhammad I reconstruyó la puerta de San Esteban, sellando con dicho año su actuación en la misma, lo cual ha generado la polémica datación que ya hemos comentado.

Abderramán III al-Nasir, tras conquistar buena parte del Magret se hizo nombrar príncipe de los creyentes, es decir, "gran califa", creando así el Califato de Córdoba, independiente de Bagdad. Es el período más brillante de al-Andalus y el momento de mayor actividad constructiva de todo la etapa hispano-musulmana. Aunque no son significativas sus obras en la Gran Mezquita de Córdoba, durante su reinado logró para esta ciudad su mayor proyección. Fue un gran mecenas de la construcción y edificó el Dar al-Imara de Córdoba o palacio de Medinat al-Zahra, la Casa de la Moneda de Córdoba y el viejo Alcázar de Sevilla.

El año 954 después de recalzar y reforzar, mediante contrafuertes, el muro de la fachada del patio de la Gran Mezquita, que había girado hacia el exterior con clara manifestación de vuelco como consecuencia lógica del empuje del último arco de una arquería finita y sin contrafuerte final, y de ampliar el patio de la misma, construyó el nuevo alminar, que con casi 48 m. de altura se convirtió en la torre más alta de Occidente y en el modelo de los alminares de esta parte del mundo musulmán.

El nuevo alminar de la mezquita cordobesa es de planta cuadrada, de 8,50 m. de lado y dispuso de dos cuerpos. El primero se coronó de almenas a la cota de 32 m. y sobre él se alzaba el cuerpo de linterna que superaba ligeramente la cota de los 43 m. respecto al pavimento del patio. Por encima se remontaba el yamur de 5,30 m. de altura, con cuatro bolas decrecientes. El primer alminar lo había levantado Hixem y el actual es consecuencia de la actuación del arquitecto cordobés Hernán Ruiz que, ya en pleno siglo XVI, remodeló el de Abderramán III.

La denominada segunda y más interesante ampliación de la Mezquita de Córdoba, fue la llevada a cabo el año 961 por Al-Hakam II. Esta se tiene como la más importante no sólo por su extensión sino por la nueva proyección que tomó el edificio, acorde con las propias bases del Califato que para entonces ya se habían consolidado. En lo estructural y en cierto modo en lo formal, esta segunda ampliación, como lo había sido la primera, fue tremendamente respetuosa con la construcción existente. Consistió fundamentalmente en el traslado del muro de la qibla 46 m. más hacia el Sur, ampliando en esta medida la profundidad de la sala cubierta de la mezquita. Para ello, se prolongaron las arquerías en otros doce vanos, incrementándose la superficie del oratorio en 2.780 metros cuadrados.

Bóveda de nervaduras tabicadas en el "Lucernario" (Capilla de Villaviciosa).El muro conservó su aparejo tradicionalmente heredado, aunque los sillares tomaron en esta ocasión dimensiones sensiblemente mayores, de forma que la soga alcanzaba con frecuencia 1,60 m. de longitud, empleándose para el asiento de los sillares el mismo mortero de cal. En esta ampliación, las columnas se labraron expresamente para esta construcción, aunque en esta ocasión, fueron el mármol negro veteado de blanco y el mármol rosa, los materiales más frecuentes para sus fustes. No obstante, sus capiteles continuaron siendo de mármol blanco y los modillones lucían ahora cinco delicados rollos. Estas columnas se mantuvieron con ausencia de basas. El muro de la quibla de Abderramán II fue transformado en una arquería transversal, para dar paso a las once naves de la sala de oración.

La mezquita era treméndamente oscura, sólo por debajo de las puertas y por las celosías que acompañaban a la Puerta de San Esteban penetraba la tenue luz, por lo que Al-Hakam II que era un hombre especialmente interesado en todas las artes, se propuso mostrar a la mezquita con la categoría de obra plástica y minuciosa que era o en la que se venía transformando. Por ello rápidamente debió entender que debía procurar mayor luminosidad a su interior. Proporcionó al monumento un techo plano decorado por medio de tableros de cuidadísima labra y construyó el gran lucernario que marcaba el inicio de su ampliación. Esta gran linterna se emplazó en la actualmente conocida Capilla de Villaviciosa.

Con Al-Hakam II, la corriente Abasí que había tomado cuerpo en Cairuán, se hace presente en Córdoba y es posible que el frente del nuevo Mihrab de Córdoba responda a una copia de la puerta de la biblioteca de la Mezquita de la capital africana, aunque también es posible  que la influencia sea recíproca o inversa pues, Gómez-Moreno, asegura que la referida puerta es de finales del siglo XIII o del inicio del XIV y de clara influencia cordobesa.

El "lucenario espléndido" como así se llamó a aquel lugar, se cubrió con el elemento más propio y característico de toda la arquitectura hispano-musulmana, "la bóveda de nervaduras cruzadas". Se trata de una forma genial que después de cuanto se ha rastreado por Mesopotamia, Armenia, Kurdistán e Isfahán buscándoles primigenias, creemos que podemos convenir en que se trata de una forma novedosa, propia de la inventiva edilicia de la Córdoba califal, en la que los arcos tabicados de medio punto, se cruzan sobre el espacio abovedado sin ocupar su centro. También se ha querido emparentar esta forma con las del arte gótico ojival desarrollado en Francia. En relación con esto último la Dra. Elisabeth Ahlenstiel-Engel afirma lo siguiente:

"En las bóvedas nervadas de la Mezquita de Córdoba, las complicaciones, la variedad y al mismo tiempo la claridad de las combinaciones de los nervios son tan admirables que a su lado el gótico ojival francés del siglo XII es algo infantil".   Bóveda de nervaduras tabicadas en la Macsura de la Mezquita de Córdoba.Bóveda de nervaduras tabicadas en los espacios colaterales al mihrab, en la Mezquita de Córdoba.

Este mismo sistema constructivo sirvió para levantar con igual brillantez las tres bóvedas de nervaduras que sobre el sabat cubren la macsura delante del mihrab y sus dos espacios colaterales.

En el gran lucernario el problema se afronta mediante arcos paralelos, en ambas direcciones, a los lados del rectángulo, en cuya intersección vienen a coincidir las claves de los arcos esquineros que unen los puntos medios de los lados. En esta bóveda el tambor o corto cimborrio se conforma dentro de la propia bóveda. En este trazado y siendo el espacio inicial del tambor un rectángulo, sensiblemente cuadrado, resultan en los rincones cuatro pequeños espacios cuadrados que vienen a ser cubierto por otras tantas bóvedas de nervaduras que dibujan estrellas de seis puntas, octógonos o hexágonos. El cuadrado central se ochava mediante cuatro pechinillas casi planas, para definir un pequeño octógono que se cubre con una cupulilla gallonada.

En la bóveda que se adelanta al mihrab, sobre su planta ligeramente cuadrada se aplica el tema más musulmán de toda la geometría árabe. Así el tambor se ochava por el trazado de los "dos cuadrados girados 45 grados" o en los que cada cuadrado gira 22,5 grados respecto a los ejes del cuadrado mayor, en el cual se inscriben. La bóveda se eleva sobre un tambor octogonal de trompas abiertas por arcos pentalobulados. Los arcos tabicados o nervaduras saltan dos de cada vértice del octógono abriéndose y dirigiéndose con 90 grados a otros vértices dejando su contiguo libre, o lo que es igual, conformando los dos cuadrados girados y definiendo, con sus intersecciones un nuevo octógono. Sobre este último, y tras una repisa en nacela, se alza una bóveda gallonada y mixtilínea. Como todo sabemos, el conjunto resulta de enorme belleza y plasticidad.  

En las dos bóvedas colaterales a la que se adelanta al mihrab, en el sabat, el espacio cuadrado pasa a conformar un tambor octogonal mediante trompas de venera de embocadura de arcos de herraduras. Sobre dicho octógono la bóveda de nervaduras se conforma mediante arcos que partiendo, dos de cada vértice, que saltan a otros vértices del octógono abriéndose 45 grados,  dejando, a izquierda y derecha, los dos vértices contiguos libres. En la parte central una estrella de ocho, creada por la intersección de dos cuadrados girados 45 grados viene a definir un octógono que se cubre con cupulilla esquifada o de rincón de claustro.

En todas estas bóvedas, las puntas de estrellas y otros triángulos que se producen fuera de las trompas y de la gallonada central, ciegan sus huecos o plementos, mediante porciones esféricas y cilíndricas, tabicadas de ladrillo, de manera que en los bordes en que se abren ventanillas, sobre los tambores, se tornan en lunetos.Arquería de entrada al mihrab de la Mezquita de Córdoba.Puerta de San Esteban. Entrada occidental a la mezquita de Abderramán I.

En la ampliación de Al-Hakam II se patentiza la más original creación de los alarifes califales, no sólo por las interesantísimas formas y novedades que introdujeron en el monumento en el que todos los elementos arquitectónicos que se emplearon fueron realizados y labrados expresamente para el mismo, con la excepción de las cuatro columnas a las que ya hemos hecho referencia y que proceden del arco de acceso al demolido mihrab de Abderramán II, sino por las respuestas dadas a los problemas constructivos que se plantearon y que en la propia resolución, magistral y admirable, hay que admitir su originalidad. Por ello, después de tanta investigación realizada por arabistas de reconocido prestigio, sobre las bóvedas califales cordobesas que hemos descrito anteriormente, llevadas y revalidadas en el Patio de Bandera de Sevilla, en la Mezquita de Bad al-Mardum de Toledo y en la aljama de Tremecén en el Norte de Africa, es hora que empecemos a tenerlas como propias de la arquitectura hispano-musulmana y de conceder el mérito a aquellos magistrales alarifes y maestros canteros, cristianos o no cristianos, judíos, sirios o españoles, pero cordobesesEstas bóvedas, para mí, orginales y propias de la construcción califal cordobesa, fueron seriamente estudiadas por Leonardo Da Vinci, que las tuvo como origen de las bóvedas francesas de nervaduras..

Es obvio que el arco lobulado es una forma oriental, pues ya lo estudiamos con detalle en Ctesifonte, pero la forma de su utilización y su ejecución en los arcos entrecruzados de entibo en las antesalas del mihrab de nuestra mezquita cordobesa ha de tenerse entre los muchos elementos genuinos de esta ampliación, en la que, además, se introduce el chapado de mármol y el comienzo de los mosaicos en su decoración.Mezquita de Bab al-Mardum (iglesia del Cristo de la Luz), Toledo. Período Taifas.

La última ampliación o ampliación de Almanzor iniciada hacia el año 987 tuvo una duración de algo menos de tres años, y aunque se tiene como de poco interés, observada desde el punto de vista compositivo, no puede negarse que en su consideración como la gran aljama de Occidente ha intervenido la amplitud de su sala de oración que mediante esta intervención se incrementó en más de 6.000 m². Almanzor confió la dirección de las obras a Abd Allah b. Sa'id quien debió disponer de una, aunque humilde, amplia mano de obra. En este caso todas las columnas y demás elementos constructivos fueron labrados para esta ampliación y se puede asegurar que es la parte de la mezquita mejor documentada. Los trabajos de Manuel Ocaña Jiménez, recientemente publicados en "Cuadernos de la Alhambra" sobre la mano de obra que había intervenido en estas ampliaciones, nos ha permitido conocer las marcas o signos religiosos que a modo de firma grababan, sobre los elementos constructivos citados, los canteros que trabajaron en la Gran Mezquita de Córdoba.

Las falsas bóvedas de crucería, de cañizo y yeso, que aún mantienen parte de las naves, fueron construidas cuando en el año 1713, siendo ya la mezquita consagrada como iglesia católica y estando los tableros del techo y las vigas de madera de alerce muy arruinadas por las filtraciones del agua de lluvia, se cambiaron las cubiertas aterrazadas por los armazones de pendiente que hoy dispone el monumento. Muchas de esta falsas bóvedas de aristas han sido desmontadas con el fin de devolverle su aspecto mas original, en tanto que otras se mantienen con ese aire renacentista a la moda propia del momento en que fueron introducidas.

.8.- LAS MEZQUITAS ALJAMAS DE CAIRUAN, MARRAQUECH Y TREMECEN.Planta de la Mezquita de Cairuán.

Sobre la vieja construcción fundacional de Sidi-Oqba erigida el año 675 y que había sido varias veces reconstruida, Ziyadat Allah levantó, ya en tiempo aglabí, el año 823 la actual aljama de Cairuán. Más tarde, hacia el año 860 fue ampliada quedando dotada de una planta que puede admitirse como novedosa, en ese momento, en el Norte de Africa y que muestra ciertas analogías con la Mezquita de Córdoba.

Sin querer restar interés a su fundamental influencia abásida y mucho menos a la bizantina, lejos de adoptar pilares para su planta, como era la práctica usual y propia de Mesopotamia, Egipto y Oriente, acepta la columna como soporte de sus arquerías, y lo hace tomándola de otros edificios preislámicos. Un muro de ladrillo, cargado de abundantes contrafuertes de clara influencia mesopotámica, encierra un rectángulo, cuyas dimensiones medias son 127x79 m².. Este rectángulo toma un notorio descuadre, causado probablemente por errores de replenteo.

Las arquerías se separan, una de otra, una distancia que apenas alcanza 4,5 m. e igual dimensión median entre las columnas de los nueve vanos que disponen cada una de ellas. La mezquita se conformó por 17 naves perpendiculares al muro de la qibla, de forma que la central es de mayor anchura que las otras. Estructuralmente la mezquita responde a la  tipología denominada "en T" con sus naves central y del transepto ligeramente más altas, marcando la elevación de las mismas por encima de su cubierta plana.Interior de la Mezquita de Cairuán.

Las columnas se prolongan por encima de sus capiteles mediante un cimacio cúbico, casi un pilarete corto, el cual se amplia aún más creando una imposta sobre la que se elevan los arcos peraltados de herradura. Estos se muestran apenas traspasado o casi de medio punto y, su tratamiento liso pintado de blanco refleja la austeridad de aquél momento abásida. Por encima de la columna se establecen los tirantes en ambas direcciones, generando una cierta contradicción entre la altura de la mezquita y la de este plano horizontal y virtual definido por tirantes de madera, que aunque le ha dado manifiesta singularidad, le desposee de la monumentalidad de la mezquita de Córdoba y de la de Damasco.

Las arquerías se interrumpen antes de llegar al muro de la qibla para dar paso a la citada nave transversal, emplazada delante del mihrab. Sobre la cubierta plana y por encima de la elevación que marca la posición de las naves central y del transepto, se elevan dos cúpulas, una delante del mihrab y la otra sobre la entrada a la sala de oración, sobre la nave central. Ambas cúpulas arrancan sobre un corto tambor circular perforado por ventanillas, el cual se remonta sobre trompas de veneras. 

El elemento que más relaciona o acerca esta mezquita a la cordobesa es la entrada a la macsura, conformada por un arco de herradura muy traspasado, dentro del cual se aloja un dintel en la misma forma que puede verse en la Puerta de San Esteban, en la primitiva sala de oración de Abderramán I en Córdoba. En la parte más alta de esta fachada interior de la macsura se dibujan almenas dentadas de clara factura cordobesa. Los capiteles imponen a la mezquita una clara influenAlminar de la Mezquita Kutubiyya de Marraquech. Final s. XII.cia bizantina, lo cual es lógico dada su histórica vecindad.

El alminar, como en Córdoba, se separa de la sala de oración, localizándose al otro lado del patio, sin separarse de la cerca. Esta potente torre de llamada a la oración, de planta cuadrada y primer cuerpo con paredes en talud, que recuerda al faro de Alejandría, fue construida totalmente en ladrillo, bajo las técnicas de Samarra. Sobre este fuerte prisma, ligeramente troncopiramidal, se elevan dos cuerpos escalonados, adornados con arcos de herradura. Estos arcos son ciegos en el primer cuerpo en tanto que en el superior se adornan con columnas en sus telares, recordándonos nuevamente  su vinculación con Samarra. El cuerpo superior se remata con una bóveda gallonada y un yamur de cuatro bolas. Con todo, el aspecto decorativo vuelve a ser muy bizantino. 

La mezquita de Marraquech fue construida por el califa Almohade Abd al-Mu`min al finalizar la primera mitad del siglo XII y bajo el modelo que hemos definido como de tipo en "T" que, en este caso, se hace más notorio por haberse cubierto toda la nave central mediante una sucesión de seis bóvedas y la parte central de la nave del transepto por cinco bóvedas. Estas últimas son de mocárabes y se disponen simétricamente respecto de la nave axial.

Próximo al muro norte, el cual se opone al del mihrab, se emplaza el patio rectangular que resulta algo pequeño respecto al oratorio. Propia de la construcción almohade, la mezquita que se alza sobre soportes, es sobria en su interior y doméstica en sus fachadas. Quizás lo más característico de la conocida Kutubiyya, que es así como se le conoce a esta mezquita que fue gemela de otra levantada al mismo tiempo en Marraquech, es su precioso alminar que supera los 60 metros de altura. Esta torre tBóveda tabicada de la Mezquita de Tremecén.erminada al final del siglo XII por Ya'qub al-Mansur se construyó totalmente en ladrillo, y se tiene como hermana de la de Hassan en Rabat, construida en la misma fecha, y de la Giralda, al menos, hasta que esta última fuera remodelada por Hernán Ruiz.

El califa almorávide Yusaff Ibn Tásufin que había fundado la ciudad de Tremecén en 1082, inicio la construcción de su aljama la cual fue terminada por Alí el año 1136. La aljama de Tremecén es la mezquita de mayor influjo del arte califal cordobés. Sus elementos aunque recargados de delicada decoración no pretenden ocultar su relación con los de la mezquita andalusí. Las arquerías que conforman las naves mediante arcos de herradura, se enriquecen por sus bellos arcos lobulados transversales.

Lo más singular de esta mezquita son sus dos magníficas bóvedas resueltas al modo cordobés, es decir con nervaduras de ladrillos, de arcos entrecruzadas. En este caso el cuadrado del espacio inferior, del cual arranca la bóveda, se ochava por medio de una trompa trilobulada, de manera que resulta un octógono no regular en el que el lado diagonal es igual a la mitad de la longitud del lado que permanece sobre el cuadrado citado. Los arcos que cruzan el espacio, parten dos de cada vértice del octógono y dos de los puntos medios de sus lados mayores. Estas parejas de arcos se abren dibujando un arco de 30 grados y uniendo otros vértices, dejando libre a su izquierda y derecha, sus cuatro vértices contiguos. De este modo se genera una estrella de 12 puntas originando en su espacio central un polígono de doce lados, consecuencia de girar tres cuadrados de 60 grados. En el modelo cordobés estas bóvedas resuelven su plementería mediante estuco calado, por lo que han de disponer por encima de ellas, otras bóvedas como cubiertas, con huecos de iluminación.

9.- LA  GRAN MEZQUITA DE SAMARRA Y LA MEZQUITA DE IBN TULUN, MUESTRAS DE LA CONSTRUCCIÓN ABASÍ

Tras la aniquilación de los omeyas por Abu al-Abbas, en la fecha ya citada, y al asentarse la capital abasí en Bagdad o "Ciudad de la Paz" fundada por al-Mansur según el trazado de las ciudades partas, la construcción musulmana adquiere un estrecho contacto con las tradiciones mesopotámica y aunque el ladrillo no se apartó nunca de la construcción árabe, la pieza cerámica toma en este período un mayor protagonísmo. La columna, sin abandonarse definitivamente, pasa a verse como un elemento propio de la decoración del edificio, confiándose la función estructural al muro  contrafuerteado y al pilar de ladrillo que, en ocasiones, tomará a la columna para embellecerse, colocándola en las esquinas del soporte rectangular. Esta, así arrimada a modo de remate de esquina del pilar, puede ser incluso, aparejada y construida con el mismo material cerámico, como ocurre en la enorme Mezquita de Abu-Dolaf, en la misma Samarra. Planta de la Gran Mezquita de Samarra y su alminar.

Aunque la capital del nuevo califato se fijó en Bagdad, la construcción del soberbio Dar al-Imara de Samarra hizo que esta ciudad se convirtiera en la residencia califal del comienzo del período abasí y en el foco más importante de la actividad constructiva del momento. En Samarra, donde más tarde florecería una espléndida industria de la cerámica vidriada, la construcción puede decirse que fue puramente mesopotámica; un ejército de albañiles trabajaba en el Palacio y en la Gran Mezquita. No obstante, con el traslado nuevamente de la capital del califato a Damasco, la ciudad cayó en total abandono, de manera que del Palacio de Samarra sólo quedan restos de sus muros, mostrándonos un magnífico estuco con decoración vegetal, de una calidad propia de la herencia parta. Como veremos a continuación, entre aquellas ruinas abandonadas en medio del campo, destaca el soberbio alminar así como los muros y soportes de la Gran Mezquita. De todas formas, de las mezquitas  de  este  período, la mejor conservada es la Ibn Tulún en el Cairo, en la que su alminar no puede ni ser más mesopotámico ni más fiel a la propuesta de Samarra.

Vista general de la Mezquita de SamarraEl enorme alminar circular levantado por al-Mutawakkil en Samarra hacia el año 847, en este período abasí, se constituyó por una construcción de ladrillo, inspirada en las torres de fuego sasánidas (mazdeistas) y quizás en los templos observatorios, ziggurat, de la vieja Mesopotamia. Una rampa en hélice cónica que arrancando desde el lado sur de una plataforma cuadrada de unos 29 m. de lado, se desarrolla exteriormente girando cinco vueltas en sentido contrario al recorrido del sol, alcanzando una altura de 50 m. respecto a la citada plataforma. Este enorme tronco de cono se culmina mediante una pequeña construcción abovedada, también circular. La amplia plataforma cuadrada es fábrica de ladrillo, maciza y está dotada de nichos decorativos de poca profundidad, quedando emplazada o separada 28 m. al norte de la mezquita. Los ladrillos que se muestran al exterior son de buena cochura, aunque es posible que en el interior del alminar existan amplias zonas de fábrica de adobe e incluso un núcleo de argamasa de mortero de cal.

El recinto de la mezquita está definido por un muro grueso y poderoso, que encierra un amplio rectángulo de 240x165 m².. El muro de 2,5 m. de espesor, levantado con adobe que encierra un núcleo de argamasa en su interior, queda reforzado por serias pilastras semicirculares, distanciadas 15 m., una de otra, las cuales se adelantan al muro dotándolo de una gran sobriedad. En algunas zonas de la coronación de estas torres aún se conservan partes de un friso de clara influencia persa, decorado con cuadrados rehundidos que contienen platillos cóncavos. Estos contrafuertes redondeados arrancan de basamentos cuadrados.

Un gran número de puertas se abrían en los distintos lados del recinto, salvo en el costado o muro Sur que se constituía en qibla. Algunas de estas puertas adinteladas, resueltas con vigas de madera, aún muestran sus bien labrados arcos de descarga. Coincidiendo con el final de cada nave, sobre el muro perimetral, se abría una ventana lobulada, conformada por cinco arquillos angrelados. En el centro de estos nichos, se alojaba una ventana rectangular, cerrada por vidrios moldeados, y recercada con columnillas, siendo este estrecho rectángulo el verdadero hueco de iluminación.

Dentro del recinto, nueve pórticos paralelos al muro Sur o de la qibla de 25 vanos cada uno, definían la sala de oración. Tres pórticos de igual número de vanos se disponían sobre el testero Norte o del alminar y, en cada uno de los lados mayores o laterales, cuatro pórticos presentaban 23 vanos en su frente a la zona descubierta. De esta forma quedaba un enorme patio, en la parte central, de 159x105 m²., rodeado por pórticos. Aún así, la zona cubierta de la mezquita era marcadamente mayor que la soleada.

Los soportes eran de forma octogonal, macizos, de ladrillo de buena cochura y calidad y se alzaban sobre un fuerte basamento cuadrado, todos de idénticas dimensiones y próximas a 1,50 m. de lado. La altura de estos soportes superaban los 12 metros, quedando coronados por una imposta también cuadrada y se adornaban con cuatro columnas de mármol alojadas en los chaflanes del octógono. Estas columnas alcanzaban la citada altura por superposición de tres cuerpos de fustes, en cada esquina, sin coronarse con ningún tipo de remate o capitel y abrigadas sólo por el ábaco del pilar. Los citados basamentos cuadrados fueron estucados con yeso y pintados imitando mármol.  Aunque la mezquita debió ser parca en ornamentación, el mihrab quedó recubierto de mosaicos dorados, propios de una industria local y prometedora.

La gran cantidad de soportes del interior de la mezquita definen una perfecta retícula de 6,30 metros de lados, medida a ejes de soportes en ambas direcciones, de manera esta densidad de pilares, junto al contrafuerteado de los muros perimetrales marcan la opulencia y, a la vez, la sobriedad del período abasí.

Por la dimensión de dichas luces, muy similares a las de las grandes apadanas persepolitanas, así como por la de los lados de los soportes, que reducían el vano a tan sólo 4,80 m. y de la moldura salediza de coronación de los mismos, facilitando el apoyo de las vigas, y porque no quedan restos de arranque de arcos, la cubierta debió ser plana, cerámica y construida sobre una estructura de gruesas vigas leñosas, con techo también de madera. Toda la edificación debió quedar revestida por mortero de cal, e igualmente debió estarlo el alminar.Planta de la Mezquita de Ibn Tulún en al-Qata´i, en el Cairo.

La construcción del período abásida quedó magníficamente representada en Egipto por el período tuluní. El califa al-Mamun envió a Ahmad ibn Tulun a Egipto, nombrándolo lugarteniente del virrey de aquel país. Pronto Ahmad que era descendiente de una familia humilde pero de excelente educación y, probablemente, hombre de grandes aspiraciones, consiguió el cargo de gobernador de Egipto y Siria y, poco más tarde, fundó la dinastía que llevo su nombre. El año 876 inició la construcción de una gran aljama en el seno de al-Qata'i, una ciudadela separada en la parte norte de El Cairo  que había sido fundada por el propio Ibn Tulún. Esta gran mezquita fue construida según la tradición de Samarra, totalmente en ladrillo rojo bien cocido y revestida de estuco. La sala de oración es un rectángulo de 122x34 m². constituido por cinco naves paralelas al muro del mihrab, definidas por otras tantas arquerías, sobre fuertes pilares rectangulares, de 17 vanos. A la sala de oración se adelanta un patio cuadrado de 92 m. de lado, en el que un gran quiosco, también cuadrado, ocupa su centro. El patio se rodea en sus tres costados restantes por dobles arquerías de 13 vanos resueltas sobre soportes de idéntica categoría a los de la sala de oración. De esta forma la mezquita define un rectángulo, sensiblemente cuadrado, de 140x124 m². Aún se rodea la mezquita, por los tres referidos costados, mediante un jardín funerario "ziyada" amurallado, de forma que el conjunto viene a definir un cuadrado final, casi perfecto, de unos 162 m. de lado. Los muros exteriores se coronan con una singular crestería de almenas curvilíneas de algo más de un metro de altura.

Como eMezquita de Ibn Tulún en El Cairo. Arquería de entrada a la Sala de Oración.n el Dar al-Imara de Samarra, en los ángulos de los pilares se colocaron falsas columnas adosadas, aparejadas en ladrillo, perfectamente estucadas como todo el interior de la mezquita y coronadas por capiteles muy tímidos y recogidos. En este frente de la fachada al patio, las columnas son de mármol con delicados capiteles, disponen de basas sobre basamento de ladrillo y se adosan al pilar por su cara anterior. La arquería se resuelve con arcos mitrales, curvos de claves apuntadas, que al dotarse de álfices sobre pares de columnas imponen una gran belleza y serenidad a la fachada. En las galerías que rodean al patio, se abre un estrecho hueco resuelto con un pequeño arco circular localizado sobre el eje del pilar. 

El alminar pétreo, estucado y cilíndrico, con escalera exterior, que podemos ver hoy, desplazado del eje de simetría, es una reconstrucción total del año 1926, llevada a cabo por Lagín. El primitivo, que durante algún tiempo se ha tenido por que debió ser de ladrillo y que hoy se puede afirmar que también era de piedra, se emplazaba ocupando el eje de simetría de la mezquita.

En el interior todos los arcos se engalanan con amplias molduras de estuco cincelado, a modo de arquivoltas planas y robustas. Las columnas de mármol con capiteles bizantinos, con que se decora el mihrab central, son del tiempo de la primitiva construcción, en tanto que los paneles del fondo y las inscripciones en mosaico, así como el mimbar y la cúpula de madera, son de la restauración de Lagín llevada a cabo en este siglo.

Actualizado 26/03/08

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