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Departamento de Construcción Arquitectónica  |  Escuela de Arquitectura
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Inicio Colecciones  C179 Caravansares y Jans. La Construcción al servicio del Comercio y de la Movilidad
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C17 Rama Arquitectura Islámica
C171 Rama El islam
C172 Rama Características de la arquitectura islámica
C173 Rama El hábitat del pueblo musulmán
C174 Rama La construcción doméstica. La casa árabe.
C175 Rama La arquitectura religiosa
C176 Rama La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario
C177 Rama La Mezquita Iraní o Madrasa y La Mezquita Otomana de espacio centralizado
C178 Rama El palacio
C179 Rama Caravansares y Jans.
C1710 Rama Estudio de algunos elementos constructivos
C1711 Rama Aspectos singulares de la decoración
C1712 Rama El entorno social y gremial

 

El capítulo de Caravansares y Jans. La construcción al servicio del comercio y de la movilidad se desglosa en los apartados: CARAVANSARES Y JANS. LA CONSTRUCCIÓN AL SERVICIO DEL COMERCIO Y DE LA MOVILIDAD.

CARAVANSARES Y JANS. LA CONSTRUCCIÓN AL SERVICIO DEL  COMERCIO Y  DE  LA  MOVILIDAD.

Desde los tiempos más remotos, el pueblo árabe se significó por su carácter nómada o por el poco desarrollo de su sedentarismo. El vasto y árido territorio en parte marginado por las civilizaciones griega, persa y romana, había forjado la enorme capacidad del árabe para recorrer grandes distancias. El país estaba tejido de una amplia red de rutas comerciales por las que circulaba una infinidad de caravanas de comerciantesEl propio Mahoma había sido un incansable viajero y procedía de una notable familia de comerciante. Fue en esos viajes donde, conociendo la religión cristiana y zoroastrida, forjó su vocación y percibió la necesidad de una religión divina para su pueblo.. Estas familias de comerciantes disponían de un mayor rango social que los que se dedicaban a la agricultura, al pastoreo e incluso mayor consideración que los más virtuosos artesanos que, al fin y al cabo, trabajaban para ellos. El comercio a gran distancia era una empresa frecuente y el florecimiento o importancia de una ciudad estuvo en razón directa a sus relaciones comerciales.


La tradición nómada del árabe y de sus mercaderes se había extendido a estudiantes y peregrinos, e incluso a los artesanos, que siempre estuvieron dispuestos a llevar su oficio allá a donde fuera reclamado. La facilidad de afrontar, sin demasiados preparativos, grandes viajes, puede justificar la rápida propagación del Islam.  Las escasas poblaciones, distantes unas de otras varias jornadas de caravana, junto a la inhospitalidad del clima y del territorio, así como la abundante piratería del desierto, requería una densa red de puntos de avituallamiento, "caravansares", que ofreciera descanso, seguridad y provisiones a dichos viajeros. El "hans" es el nombre que tomaron estos edificios, con posterioridad al siglo XIV, en el período y territorio turco, aunque así se denominó también a los caravansares situados en el interior de las ciudades o próximos a ella, que solían ser de menores dimensiones y dotados de espacio central cubierto con bóveda.

La red de caravansares o la dirección que las caravanas debían seguir para llegar a estos puntos, se auxiliaba de hitos o referencias, los cuales tomaron formas de torres aisladas. Obviamente los vados y puentes eran las mejores y forzadas referencias de estos caminos. Así ocurría en la ruta de Isfahan a Jwayu y Jaumpur, cuyos puentes con paseos y tiendas en edificios de dos plantas se constituyeron, además, en concurridos mercados.

A medio camino entre dos grandes poblaciones y emplazados en puntos favorecidos por la naturaleza, se instalaron en lugares frescos y con agua, de las rutas que llevaban desde Alejandría y El Cairo a Damasco, o las que unían a esta última ciudad con Alepo, Raqqah, Bagdad, Samarra, Isfahan y Nayin, o con cualquier otra ruta. De esta manera los caravansares fueron dotándose, desde el siglo XIII al XV, de instalaciones cada vez más complejas, incluyendo en su programa sofisticados baños, que superaron en categoría a algunas instalaciones urbanas.

El programa que funcionalmente se encaminaba a dar aposento y proporcionar descanso al viajero, así como protección al ganado y abrigo a las bestias de transporte, se constituía por un amplio patio dotado de grandes pilones para el abrevadero, cocinas, letrinas e incluso baños, y salones en los que, divididos por cortinas se improvisaba el harén. En estas salas diáfanas o comunicadas inicialmente, surgían fiestas y bailes, se procuraba el descanso y se llevaban a cabo grandes transacciones. En el patio y en zonas cubiertas, generalmente esquinas o extremos de cada ala, se alojaban los caballos, los camellos y el rebaño, vigilados y protegidos del pillastre. También debía disponer de lugares donde el transeúnte pudiera exponer sus mercancias en venta, e incluso un lugar para la oración.

La función de albergue, que siempre era por pocos días y a veces horas, no sólo correspondió al caravansar y al hans, sino que también estaban obligados a esta misión, por disposición social, los colegios y madrasas, así como los ribat y conventos. Muchas fortalezas fronterizas de carácter militar, al extenderse el territorio y quedar en el interior, compartíeron la función de albergue o pasaron a ser caravansares. De esta manera la multifuncionalidad de los edificios musulmanes que ya hemos señalado repetidamente y que les lleva a esa cierta impropiedad en su denominación, vuelve a estar aquí presente, pues muchos de estos caravansares han sido tenidos por palacios o madrasas. En Anatolia, las rutas comerciales discurrieron por las calzadas romanas y los lugares de avituallamiento y parada se localizaron en los mismos puntos en los que se emplazaron aquellos campamentos.

El trazado de su planta, que puede tener su origen en el campamento romano, respondió a la doble simetría de un cuadrado que localizaba cuatro iwanes, dos en cada uno de sus ejes. Estos iwanes comunicaban la zona cubierta con el gran patio central y, solo uno conformaba la puerta de entrada al edificio. Estas portadas se elevaban hasta alcanzar una gran presencia e incluso desproporcionada suntuosidad, como ocurre en el "Caravansar de Alà' al-Din" emplazado en las proximidades de la vieja Konya.

La planta disponía de un gran patio central en torno al cual se desarrollaba la construcción, que ocupaba los lados del cuadrado y definía el recinto. En este perímetro se desarrollaba una doble o triple crujía resuelta con bóveda de cañón, en la que se disponía una amplia calle cubierta, sin interrupción, por la que el tránsito de la caballería no interfería sobre las área de descanso de los viajeros.

El aspecto del edificio era el de una fortificación, aunque sus portadas, que en algunos casos superaron, en manifestación artística, a la de los palacios y madrasas, trataban de mostrar la posición social de sus mecenas. Uno y otro aspecto podemos verlo en el "Caravansar de Tas Kurgàn", construido en Afganistán y cuyas murallas levantadas en adobe se coronan con almenas caladas por saeteras. La espléndida portada del "Caravansar de Alà al-Dìn", cerca de Konya, levantada en piedra caliza, muestra, en sus sillares, un preciso trabajo decorativo de ruedas y un altísimo arco de cortina que sirve de embocadura a un impresionante nicho de suaves mocárabes.

En Asia Menor y Siria, ya en tiempo selyúcida o ayubí, se construyeron estos edificios en sillería pétrea, mediante cañones abovedados que aún podemos ver en "Aksaray". Construcciones con bóvedas de esta misma traza, se repitieron en las distintas rutas que partían de Damasco. En Irán tomaron dimensiones enorme y, lógicamente, se construyeron en ladrillo con una obra de espléndida ejecución y majestuosidad. Así el actual Hotel Sah Abbas de Isfahan se construyó como caravansar-madrasa. En egipto, coincidiendo con la etapa memeluca, final del siglo XV, se alzaron en una sillería de escogida caliza local, un gran número de caravansares.

Actualizado 27/02/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|